Guerrero: un pueblo y un Centro Clandestino de Detención

Por H.I.J.O.S Jujuy

El jueves 4 de abril se concretó en el Tribunal Oral Federal de San Salvador de Jujuy, la audiencia N° 29 del 6to Juicio por crímenes de Lesa Humanidad en la provincia. Brindaron sus testimonios: Claudia Marcela Goyochea secuestrada cuando se encontraba cursando la carrera de abogacía en la provincia de Tucumán y Margarita Ester Yañez, quien presenció la detención de Carlos Alberto Díaz (desaparecido). En tanto que desde el programa Memoria, Verdad y Justicia comunicaron, a través de la secretaria del tribunal, que la testigo Teresa Leyton manifestó no encontrarse en condiciones de concurrir.

Por otra parte, la defensa del imputado José Américo Lezcano solicitó ante el Tribunal que se autorice a su defendido quitarse por el lapso de unas horas la pulsera electrónica, mediante la cual se monitorea su prisión domiciliaria, con el fin de realizarse estudios de tomografía computada, argumentando que médicamente se desaconseja el uso del mencionado sistema de rastreo a la hora de ingresar al tomógrafo. Ante tal petición el Tribunal se comprometió a tratar la solicitud.

Claudia Marcela Goyochea, miembro del área de Derechos Humanos del ATD declaró haber nacido en Guerrero en el año 1975, cuando la localidad era habitada solamente por cinco familias y donde posteriormente operó un Centro de Detenciones Clandestinas donde se secuestró y torturó a cientos de personas durante el proceso militar. “Nunca me imaginé que en ese lugar habían pasado tantas cosas malas. Nosotros éramos niños y entrabamos a jugar en el Centro Clandestino cuando ya había sido abandonado”, mencionó.

La testigo, además recordó haber visto en el lugar “camillas de odontólogo, camillas de parto y baños revestidos de azulejos con agujeritos” e incluso destacó la existencia de un sótano que interconectaba los edificios principales del predio con el puente de Guerrero pero que actualmente se encuentra inaccesible.

Años más tarde, Claudia se dedicó a rescatar las memorias y relatos de vecinos y familiares en torno a lo acontecido durante el tiempo en que el CCD de Guerrero estuvo en funcionamiento, gracias a lo cual logró recabar información. Sin embargo, admitió con pesar que “el día de hoy la gente de Guerrero no sabe todo lo que pasó ahí, porque se hizo lo posible por tapar todo lo ocurrido y olvidarlo por completo”. Finalizó.

Osvaldo Nicolás Jayat, fue detenido el 17 de julio de 1976, por un lapso de tres horas aproximadamente. Era estudiante de abogacía y vivía junto a Hugo Narváez, Rubén Molina, José Cabrera, Juan Carlos Espinoza y Juan Jarma, todos egresados de la Escuela Normal Superior de la ciudad de Libertador. Compartían alojamiento en un departamento del quinto piso, ubicado en inmediaciones de la plaza central, en la ciudad de San Miguel de Tucumán.

En dicha fecha el testigo contó que era el cumpleaños de Hugo Narváez, y fueron a una confitería llamada “El Buen Gusto”, luego de realizar un brindis, él y Víctor Lemme regresaron a estudiar al departamento, el resto de sus compañeros se dirigieron a la Peña El Alto de la Lechuza.

Durante la madrugada, Osvaldo y Lemme escucharon ruidos extraños del ascensor y roturas de vidrios: “comenzaron a golpear la puerta, ¡abran, abran!”. Una patota armada y encapuchada vestida de civil, irrumpió violentamente y los arrojaron al piso, los maniataron y tabicaron. Revolvieron todo el departamento, les preguntaron por las armas y libros. Al cabo de una hora fueron subidos y llevados en un auto Ford Falcón: “Llegamos a un camino de tierra y primero lo hacen bajar a Víctor Lemme” contó.

“A mí me llevaron unos cuantos km más y me dicen ¡bajate!, si escuchas un tiro es porque matamos a tu amigo, si te salvas, nunca más aparezcas por acá” y lo dejaron en un cañaveral en plena oscuridad.

Pasado un tiempo, se encontró en aquella ciudad con Víctor Lemme: “nos abrazamos y nos pusimos a llorar”. Supo, por medio de familiares de sus compañeros, que todos habían sido secuestrados esa noche en el operativo de la peña Alto La Lechuza y aún permanecen en calidad de víctimas de desaparición forzada.

Margarita Ester Yáñez, vivió en el campamento Belencito, un pequeño lote cercano a la localidad de Calilegua donde fue testigo de la detención, agosto de 1974, de Carlos Alberto Díaz. “Estábamos los dos charlando en una esquina cuando vimos una camioneta parada cerca nuestro y me preguntó si sabía de quién era, yo le dije que no y a los cinco minutos se acerca un policía y le dice que lo acompañe porque querían hablar con él”, relató la testigo.

Margarita sostuvo que después de su detención, Díaz fue llevado al destacamento local de la policía, donde se le permitió visitarlo sin ningún tipo de restricciones “Después se lo llevaron al penal de Gorriti, ahí pude visitarlo, pero solo en dos ocasiones”, subrayó.

Durante su testimonio, recordó que el apellido del policía que se llevó a Carlos era el de Verón, vecino del campamento Belencito, quien durante los años 80 y con el regreso de la democracia se vio involucrado en una causa que la madre de Carlos Alberto Díaz y Guillermo Genaro Díaz abrió en contra de los captores de sus hijos, por lo que Verón le solicitó a Yáñez que testifique a su favor, ante este pedido ella respondió que solo iba a decir la verdad y sostuvo  “que iba a declarar todo lo que había visto esa noche”.

Carlos Alberto Díaz trabajaba en los talleres de la empresa Ledesma donde mantuvo una activa participación gremial y conoció al dirigente azucarero Melitón Vázquez, actualmente permanece en calidad de desaparecido desde febrero de 1978.

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