Liliana Herrero y Pedro Rossi. Foto: María José Malvares.

Liliana Herrero en Tilcara: “El horizonte cultural actual es absolutamente devastador”

“Los argentinos estamos en el peor lugar al que pudimos haber ido a parar. Y cuando uno siente que se derrumba, entonces aparecen estas cosas”, reflexiona Liliana Herrero cuando explica cómo decidió venir a Jujuy, a Tilcara, solo con su guitarrista, Pedro Rossi. Llegó invitada por su amigo Radek Sánchez, del Instituto Interdisciplinario Tilcara, y por Blas Moreau, del Capec, en cuya sala Barbarita Cruz tuvo que agregar una función para este sábado, después de superar la convocatoria del viernes. En San Salvador de Jujuy, se dio el tiempo para ir a la casa de Milagro Sala, a quien había visitado hace casi dos años en el penal de Alto Comedero.

Aquí Liliana Herrero se encontró con más amigos y amigas, porque, dice, “Jujuy amontona amistades que al mismo tiempo están señaladas con hilos que conducen a lo que yo hago también donde vivo. Es una situación muy particular. Muy bella, por otro lado”.

A través de esos hilos es que en este viaje también sumó nuevos afectos y comprobó algo que la emociona: “Que el azar ligue y haga una especie de entrelazamiento de almas, de preocupaciones, de anhelos y desvelos”.

“Siempre que vengo alguien más se agrega a este caleidoscopio y esta extrañeza que son las amistades. No sé por qué, lo digo y me emociono”, sintetiza.

“Volver, sea a Jujuy o a Entre Ríos, terminar una gira y regresar, significa renovar la esperanza, renovarme a mí misma, renovar los oídos y renovar la voz. Con eso se renueva la vida. Significa decir: Yo sigo; ojo, muchachos, que yo sigo”, desafía.

Y vaya que sigue. A los 70 años, Herrero acaba de lanzar su nuevo disco, Canción sobre canción, que armó íntegramente con temas de su viejo y entrañable amigo, Fito Páez. Se pasó meses escuchando toda la obra del rosarino, hasta que armó la lista de canciones. Después vino un año y medio de trabajo con su banda -“porque como ya saben, yo no hago covers”, aclara-, hasta parir el trabajo que está lanzando por estos días.

Pedro Rossi explica el clima de ese trabajo: “Liliana siempre sabe todo, solo que ella no lo sabe. El quiebre se dio cuando encontramos el punto intermedio, donde seguía siendo nuestro lenguaje, que no es puramente folclórico, y logramos hacer tierra firme ahí. Eso en la jerga musical es encontrar un sonido. Y cuando encontrás un sonido, ya está. El resto se arma. Tomó forma. Habíamos encontrado el anclaje, en qué territorio ubicar esa música”.

“No es un disco homenaje ni un disco tributo, como dicen”, aclara Liliana Herrero con firmeza. Va repasando cada uno de los once temas que lo componen y describiendo su minucioso trabajo. “Los intervine mucho, armónicamente, melódicamente. Fito me podría haber mandado a la mierda”, se divierte.

En cambio, Páez le hizo llegar sus sensaciones apenas terminó de escuchar el resultado. Herrero revela algunos de esos mensajes, con esa extraña forma suya, orgullosa y humilde al mismo tiempo. “Todas estas, tus ideas sobre las palabras, son emociones que me quiebran. Me emocionan sin sentido, que es lo más lindo del mundo cuando nos pensamos en un vínculo, no sé si eterno pero muy parecido, amiga mía. Gracias por todos estos años de amor. Las ideas musicales están en el mismo camino. Es todo laboratorio, dedicación y amor. Gracias”, lee Liliana.

“Esto es lo que piensa Fito de ese disco, y yo estoy absolutamente agradecida”, termina, emocionada, y de inmediato aclara: “Podría no haberle gustado nada y yo igual lo hubiera editado, ¿no? Pero era muy poderoso”.

Algunas de esas canciones están incluidas en la lista de la presentación en Tilcara, pero también otras, de esas que hace mucho que no interpreta. La selección también estuvo determinada por el hecho de que solo viajaron ella y su guitarrista Rossi. “Este horizonte cultural en el que estamos trabajando ahora los músicos, los actores, los pintores, es absolutamente devastador”, describe Herrero, y explica que esa es también la razón por la que salen en dúo o trío, “porque en tiempos tan difíciles no podemos salir siempre siete, y siempre tenemos la capacidad de reducir lo que hicimos a una guitarra y dos voces”.

Pedro la interrumpe: “Porque vos tenés esa voluntad, también. Es algo que hemos charlado en la banda, qué hacemos en este contexto y cómo lo adaptamos, para salir igual y como sea. Hemos cambiado condiciones, hemos ido todos en los autos, en condiciones que por ahí no eran las más cómodas, pero siempre con la intención de venir”.

El guitarrista integra la banda de Herrero desde hace nueve años. También se emociona, una vez más, por los encuentros y reencuentros que aparecen en cada viaje. “Para mí en lo personal es una experiencia que siempre trae gente nueva, se conocen amigos, hay reencuentros. Estos viajes siempre vienen cargados de muchas emociones”.

“No solo en la música o en el escenario -continúa el músico-. Hablábamos de eso con Liliana, que es una suerte que siga ocurriendo esto de mantener la energía y la intensidad viva en el escenario, que nos siga dando ganas de seguir tocando, de seguir probando. Con Liliana es muy difícil que la música se torne rutinaria. Los viajes tampoco”.

Para Pedro, entonces, este viaje también implica renovar la esperanza, la música, es seguir creciendo, aprendiendo. “Yo voy a estar eternamente agradecido a Liliana esta experiencia de compartir con ella y con toda la gente con la que nos hemos encontrado en todos estos años de gente, como decíamos anoche”.

Liliana lo interrumpe para aclarar, como si fuera necesario: “En todos estos años de gente, una expresión preciosa de Luis Alberto Spinetta”.

Cuerpo a cuerpo

Así como dialogan en el escenario -“porque la música es una conversación, no es la cantante acompañada por los músicos ni los músicos son acompañadores”, explica Herrero-, también lo hacen durante la entrevista. Y el resto escucha:

-Este hombre, Pedro Rossi, al que le decimos milenial y que pertenece a otra generación, y que se crió con el neoliberalismo, hace un disco magnífico, precioso, solo guitarra, sobre la obra del Chivo Valladares-, destaca Herrero.

-Yo conocía al Chivo como quien conoce el cancionero popular, pero con Liliana llego a una manera de comprender la música -aclara Pedro-. Hay algo de una transmisión generacional, cuerpo a cuerpo, que sigue siendo vital.

-Cuerpo a cuerpo, eso. Que no lo sustituye el telefonito, ni Wikipedia ni nada de eso-, refuerza ella.

-No, porque lo que llega a través de todo eso son datos -responde él-, pero los datos no transmiten una cuestión humana. Hay una transmisión que sigue siendo cuerpo a cuerpo. Y en la cultura y en la política, es crucial. Sigue siendo cuerpo a cuerpo.

-Eso nos diferencia de los CEOs. Porque, ¿qué tienen ellos, qué libro, qué texto, qué música, qué memoria? Eso es fundamental. Y eso nos diferencia. Nos aleja de la facticidad rápida, de la practicidad, de la comprensión rápida de las cosas. Porque las cosas son complejas, no son fáciles. Hay que zafar de la lengua de la televisión, de los medios, que te deja encarcelado en que las cosas son inevitablemente así. Muchas veces las músicas y los festivales y los lugares para tocar se organizan sobre la base de repetir lo que la gente ya sabe. Y yo, Pedro y todos los compañeros de la banda pensamos que siempre tenemos que estar sostenidos en el deseo de presentar una novedad, de demostrar que es posible esta otra cosa. Ese es un gesto artístico pero fundamentalmente político, en un sentido amplísimo del término. Eso es en lo que estamos parados. El arte es una comunidad, libre y emancipada. Eso tiene que ser.

-¿Y qué sentido especial tiene ese gesto artístico en estos tiempos? -le pregunta la entrevistadora.

-Para mí son pequeñas revoluciones.

Bravura

A mediados de 2017, Liliana Herrero visitó a Milagro Sala en el penal de Alto Comedero, con otras mujeres artistas como Teresa Parodi, Cristina Banegas, Luisa Kuliok y Dolores Solá, entre otra gente. En este viaje también visitó a la dirigente social, ahora cumpliendo prisión domiciliaria en su casa del barrio de Cuyaya.

La idea de aquel primer viaje surgió en el seno de un grupo denominado Territorio y Tiempo que Herrero integra con algunos otros artistas, que no llegan a diez. “No recuerdo quién tiró la idea, y decidimos venir a cantarle”, rememora.

“Ella nos liquidó de entrada, porque nos cantó una vieja canción del peronismo, una canción hermosa. Yo le dije ‘¿cómo sabés esa canción?, y ella me dijo ‘porque soy peronista”, cuenta, y se ríe.

Continúa el relato: “A partir de ahí, ella empezó a hablar, a contarnos su historia. Y después empezamos a cantar. Juan (Falú) le cantó una milonga preciosa, yo le canté una zamba, todas le cantamos. Y fue muy lindo. Ella estaba con su familia, y se acercaron las otras compañeras de la Tupac que estaban presas. Para mí fue conmovedor. Conmovedor”.

“Yo sentí que ella encarnaba lazos difíciles de juntar, de su propia vida, de una marginalidad escandalosa, la política, la historia y la lucha -define-. Eso es para mí Milagro. Y la bravura, también. La bravura”.

En esta oportunidad, la visita tuvo un clima de animado reencuentro, fuera de la opresión del sistema carcelario.

Como una muestra más de ese “entrelazamiento de almas” que Liliana Herrero describe, Milagro Sala también está presente en el disco Canción sobre canción. Es en el tema DLG. Así lo cuenta la artista: “DLG es importante, porque quiere decir ‘el día de los grones’. Una vez habíamos ido de vacaciones a Villa Gessel con Fito, y salimos a caminar y me dice ‘contame todo’. Y yo le conté todo. Mi generación, digamos así. Entonces él lo transformó e hizo eso”.

“’Apocalipsis de abajo’, dice esa frase -continúa-. La obviedad máxima era que yo lo hiciera una vidala. Pero yo, que sé cantar vidalas, lo tenía que sacar de ahí. Por eso el arte es sacar las cosas de un lugar y ponerlas en otro. Si la política entendiera ese gesto, seríamos más felices”.

En la búsqueda de ese lugar al que quería llevar esa canción, Herrero encontró un audio de una marcha, “sin bombos para que no marcara ningún tiempo, solo ruidos de voces en la calle”, y al final puso un fragmento de Milagro Sala contando cómo hizo el barrio, “que para mí es una comunidad organizada”, afirma.

“El disco cierra con eso, con la voz de Milagro, que es lo que yo quería”, celebra.

Cuál habrá sido el comentario de Fito al escucharlo, se pregunta y pregunta una. Herrero lee en su teléfono: “DLG, inimaginable, la mejor versión, las palabras que son. Acabo de descubrir a Milagro al final”.

Entrevista: Gaby Tijman y Ari Tabera

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