Este sábado se conmemora el 76 aniversario de la sanción de la gratuidad universitaria en Argentina, un logro obtenido en 1949 cuando, a través de un decreto del entonces presidente Juan Domingo Perón, se comprometió al Estado nacional a dotar a las universidades de los recursos necesarios para alcanzar este propósito.
Como resultado de esta sanción, la matrícula estudiantil aumentó exponencialmente, pasando de 66.212 estudiantes en 1949 a 135.891 en 1954.
Sin embargo, el camino recorrido no fue sencillo y tuvieron que pasar 45 años para que finalmente la gratuidad tuviera rango constitucional.
Si bien el decreto de gratuidad se confirma en 1949, las luchas por esta democratización llevaban décadas. Como antecedente más relevante, se puede citar a la Reforma Universitaria de 1918.
Esta gesta estudiantil, que tuvo su epicentro en la Universidad Nacional de Córdoba, estuvo caracterizada por el anhelo de la reforma social y un espíritu democratizador.
En 1949, todas las universidades argentinas (Buenos Aires, Córdoba, Cuyo, La Plata, Tucumán y Del Litoral) eran públicas y aranceladas. Retomando las ideas de los reformistas, el Primer Plan Quinquenal Justicialista (1947-1951) planteó que el Estado instauraría la gratuidad de la universidad para los estudiantes de bajos ingresos.
El primer paso de este proyecto había sido la creación de la Universidad Obrera Nacional en 1948, luego convertida en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). La intención era servir como instituto superior de formación técnica y formar profesionalmente a la clase trabajadora y favorecer su movilidad social.
Un año después, a través del Decreto Presidencial N°29337, se estableció la gratuidad de todas las universidades públicas del país y el compromiso gubernamental para su financiamiento.
El carácter gratuito de la universidad argentina conforma uno de los pilares fundamentales del sistema de educación superior del país, condición que se integra con la autonomía, las funciones de enseñanza, investigación y extensión y su implicancia para el desarrollo humano, democrático, productivo y tecnológico de la Nación. Resultado de dichas tradiciones, la universidad argentina es democrática en su organización, popular en su composición estudiantil y está socialmente comprometida con su medio.
Finalmente, la gratuidad de la universidad en la República Argentina se alcanzó con el Decreto Presidencial N°29337 el 22 de noviembre de 1949.
Apoyos a la gratuidad universitaria
La gran mayoría de los científicos y profesionales de prestigio apoyaron públicamente la gratuidad universitaria.
“La gratuidad universitaria es una medida justa y necesaria. Permite que los mejores talentos, vengan de donde vengan, lleguen a la ciencia”. Bernardo Houssay.
“Gracias a la gratuidad muchos de mis colaboradores son hijos de obreros. Antes eso era impensable”. Luis Leloir.
“La gratuidad permitió que ingresaran alumnos brillantes que antes no podían pagar. El nivel científico no bajó, subió”. Eduardo Braun Menéndez.
“La matrícula pasó de 8.000 a 25.000 alumnos en Medicina entre 1949 y 1955. Nunca tuvimos tantos médicos saliendo del pueblo”. Mario Bermann, decano de la Facultad de Medicina (1949-1955)
“En mi laboratorio hay ahora técnicos e investigadores que son primera generación universitaria gracias a la ley de 1949”. Venancio Deulofeu.
También, gran parte de los artistas reivindicaron la decisión como una conquista personal y colectiva.
“Gracias a la gratuidad, mi hijo puede ir a la facultad sin que yo tenga que dejar de comer”. Luis Sandrini.
“Yo no pude estudiar porque era pobre. Ahora cualquier piba del arrabal puede ser doctora sin que le pidan un peso”. Tita Merello.
“Yo empecé limpiando casas. Ahora veo pibes de la villa estudiando ingeniería. Eso no lo borra ningún golpe”. Olinda Bozán.
“En el 49 yo estaba empezando, pero sé que muchos compañeros mandaron a sus hijos a la universidad gracias a esa ley”. Mirtha Legrand.
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