La escalada bélica en el corazón de Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno tras cumplirse más de un mes de hostilidades abiertas. Con el Estrecho de Ormuz prácticamente paralizado y el mercado energético global en vilo, la confrontación directa entre la coalición liderada por Estados Unidos e Israel frente a Irán ha dejado de ser una amenaza retórica para convertirse en un conflicto de dimensiones impredecibles.
Los recientes derribos de aeronaves de última generación y los ataques sobre centros estratégicos en Teherán marcan una fase de alta intensidad que pone a prueba no solo la capacidad defensiva de la región, sino también la estabilidad del orden geopolítico mundial.
Mientras las cancillerías internacionales advierten sobre el riesgo inminente de una conflagración a escala global, el impacto humano y económico ya se siente en cada rincón del planeta.
La combinación de un bloqueo marítimo sin precedentes y una crisis sanitaria que se extiende desde Gaza hasta las fronteras libanesas ha generado un escenario de emergencia absoluta.
En este contexto, el reciente ultimátum de la Casa Blanca y la resistencia de las fuerzas iraníes configuran una semana crítica que definirá si la diplomacia aún tiene un espacio mínimo de maniobra o si el mundo se encamina hacia una fragmentación definitiva de sus alianzas tradicionales.
La confrontación militar
La guerra ha entrado en una fase de alta intensidad tras 36 días de hostilidades. Los eventos más críticos de los últimos siete días incluyen:
Pérdidas aéreas de EE.UU., tras la confirmación del derribo de un caza-bombardero F-15E estadounidense sobre territorio iraní. Mientras que un miembro de la tripulación fue rescatado en una operación de alto riesgo, el segundo piloto permanece desaparecido.
Por otro lado, Israel ha lanzado nuevas oleadas de bombardeos sobre Teherán, incluyendo ataques contra centros de investigación y la Universidad Imam Hossein, entre otras infraestructuras críticas.
Por su parte, Irán ha denunciado ante el OIEA ataques contra la central nuclear de Bushehr y bombardeos al Instituto Pasteur.
Teherán ha mantenido su contraofensiva mediante el lanzamiento de misiles balísticos (destacando el uso de misiles Fattah) hacia bases estadounidenses e instalaciones en Israel, causando daños en infraestructuras de gas y centros comerciales.
Ormuz y la crisis energética
El control del Estrecho de Ormuz se ha convertido en el eje estratégico del conflicto.
El tráfico marítimo en la zona se ha desplomado un 95%, tras lo cual el presidente Donald Trump emitió un ultimátum a Irán para reabrir el paso en 48 horas, amenazando con destruir el sistema eléctrico del país.
El impacto económico se refleja en el precio del crudo Brent, que ha escalado un 55% desde el inicio de la guerra, desatando una crisis energética global.
Por estas horas, se lleva adelante una negociación diplomática para aliviar la tensión. En particular, se reportan intentos de mediación por parte de Omán para ajustar protocolos marítimos que permitan un paso restringido de carga.
Situación regional
Líbano
La violencia se ha extendido con fuerza al Líbano, donde las autoridades reportan decenas de muertos diarios por ataques aéreos por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que mantienen una ofensiva aérea y terrestre que se intensificó desde el 2 de marzo.
Los objetivos declarados incluyen posiciones de Hezbolá, aunque los bombardeos han alcanzado zonas residenciales densamente pobladas, infraestructuras civiles y centros sanitarios.
Los ataques se concentran en el sur del Líbano (región fronteriza) y en los suburbios del sur de Beirut (el Dahiyeh). En las últimas horas, incluso se reportaron bombardeos durante el Domingo de Pascua, afectando localidades con presencia de población cristiana que se niega a abandonar sus hogares.
Si bien Estados Unidos lidera la ofensiva directa contra Irán junto a Israel (atacando objetivos en Teherán o instalaciones nucleares), en el frente específico del Líbano es la aviación israelí la que realiza la mayor parte de las incursiones diarias.
La justificación de esos ataques es el objetivo de Tel Aviv de neutralizar el lanzamiento de proyectiles de Hezbolá hacia el norte de Israel y desarticular la estructura operativa del grupo tras el inicio de la confrontación abierta con Irán a finales de febrero.
Según los últimos reportes del Ministerio de Salud libanés, las víctimas fatales ya superan las 1400 personas desde que comenzó esta fase del conflicto, con un desplazamiento forzado de más de un millón de civiles.
Gaza
En Gaza, el bloqueo y la destrucción ambiental han provocado una crisis sanitaria extrema, con alertas por la propagación de enfermedades infecciosas.
Cuatro personas murieron el domingo y varias resultaron heridas por un ataque israelí contra un grupo de civiles, indicó este domingo la defensa civil y un hospital del territorio palestino.
A diferencia de otros frentes de la Operación Furia Épica, en Gaza la actividad militar israelí es una combinación de bombardeos aéreos y operaciones terrestres de «limpieza». El foco actual está en el centro y sur de la Franja, donde se reportan demoliciones militarizadas de infraestructura civil.
Las operaciones se justifican bajo la búsqueda de células remanentes de Hamás, pero las organizaciones internacionales denuncian que los ataques están afectando sistemáticamente lo poco que queda de la red eléctrica y de saneamiento.
En esta zona, la crisis humanitaria y sanitaria recrudece minuto a minuto.
Según los últimos reportes de la ONU, aunque técnicamente se logró frenar la hambruna generalizada que hubo a finales de 2025, toda la Franja permanece en «situación de emergencia» (Fase 4). Se estima que 1,6 millones de personas enfrentan niveles críticos de falta de comida.
Por otro lado, el sistema de salud está virtualmente destruido. Hospitales clave, como Al Shifa, operan como ruinas. Existe una alerta roja por la falta de tratamiento para enfermedades crónicas y una crisis severa en la atención materna y neonatal.
Amnistía Internacional y otros organismos advierten que las mujeres y los niños son los más afectados por el bloqueo de ayuda humanitaria en los pasos fronterizos, que operan con cuentagotas debido a la prioridad militar del conflicto con Irán.
Con la atención mundial puesta en el intercambio de misiles entre EE.UU., Israel e Irán, la situación en Gaza corre el riesgo de quedar invisibilizada. Diplomáticos advierten que el gobierno israelí está aprovechando este contexto para consolidar zonas de exclusión dentro de la Franja.
Cientos de miles de gazatíes siguen atrapados en refugios improvisados sin posibilidad de retorno al norte, mientras las fronteras (especialmente el paso de Rafah) sufren cierres intermitentes que impiden evacuaciones médicas urgentes.
En suma, mientras los ojos del mundo están en el Estrecho de Ormuz, Gaza vive una «crisis de desgaste» donde la falta de suministros básicos está matando a más personas que los impactos directos de los proyectiles en esta última semana.
Contexto geopolítico y diplomático
En EE.UU., la guerra ha generado fricciones en el gabinete de Donald Trump, resultando en la destitución del jefe del Estado Mayor del Ejército. Además, el Servicio Secreto se encuentra en máxima alerta tras reportes de disparos cerca de la Casa Blanca.
Del lado de Rusia, el canciller Serguéi Lavrov ha advertido que la crisis actual podría desembocar en una «Tercera Guerra Mundial», acusando a la coalición de buscar el control de los recursos energéticos del Golfo Pérsico.
En las Naciones Unidas, el secretario general, António Guterres, ha condenado la escalada, mientras que las negociaciones para un alto el fuego se mantienen estancadas debido a la falta de acuerdos sobre el control territorial y la seguridad marítima.

