50 años, la misma receta y el hambre como herramienta

Por el Submarino Jujuy. Cincuenta años después, el espejo de la historia nos devuelve una imagen distorsionada pero familiar. El plan económico de Martínez de Hoz, aquel que buscaba disciplinar a la clase trabajadora mediante el endeudamiento y la destrucción del mercado interno, parece haber encontrado un «remake» moderno en la Casa Rosada.

En Jujuy, la memoria tiene nombres propios y cicatrices que todavía arden. Desde los apagones de Ledesma hasta los centros clandestinos en Guerrero, la dictadura no vino solo por las ideas; vino por la matriz productiva. Vinieron a quebrar el lomo del laburante para que el capital financiero hiciera su fiesta.

La memoria no llena la olla, pero explica por qué está vacía

Mañana, cuando la columna avance desde el Parque de la Memoria hacia la Plaza Belgrano, los reclamos van a estar mezclados. Se va a gritar por los 30.000, pero también por el 4% de aumento que es un insulto a los estatales, por la nafta a dos lucas que nos deja a todos a gamba y por el litio que se llevan afuera mientras acá queda el desierto.

El negacionismo oficial que baja desde Buenos Aires no es un error de comunicación; es una estrategia. Si logran borrar la historia de por qué nos saquearon antes, les será más fácil terminar el saqueo ahora.

A 50 años, la consigna es clara: Memoria, Verdad y Justicia. Pero Justicia hoy también significa un plato de comida en la mesa y un sueldo que no sea de miseria. El Norte Grande se planta en Jujuy, y la memoria se defiende con la panza llena y la cabeza alta. Nunca más es Nunca Más.

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