El “chacal de Jujuy” y las preguntas que importan

Por Gabriela Tijman. Cuando se aplaque el impacto por el caso del «asesino serial» de Jujuy, podremos empezar a hacernos las preguntas importantes.

¿Cómo es posible que haya personas -familias, niños y niñas- viviendo en semejante precariedad? Vimos en todas las pantallas del país calles de tierra, basura desparramada, yuyales, mugre, casas sin techo, sin cocina, sin calle?

¿Dónde están las políticas públicas de urbanización, limpieza, barrido, recolección, alumbrado, que son responsabilidad del gobierno provincial y de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy?

El testimonio en Cámara Gesell del sobrino de Jurado fue clave para destrabar la investigación. También para conocer la historia de ese chico.

¿Cómo es posible que un adolescente de 17 años viviera en semejante situación, teniendo problemas de adicciones? ¿Qué hacía viviendo con un adulto desequilibrado y con antecedentes penales, en una casa sin condiciones mínimas? ¿No sería el estado responsable del resguardo y atención de ese casi niño?

Y salgamos de Alto Comedero.

¿Cómo es que se naturaliza que haya personas que no tienen dónde vivir, que requieren de la asistencia voluntaria y solidaria de alguna ONG, algunas de ellas con discapacidad (motora, mental) y adicciones?

¿Llevarlos a una comisaría sería una solución? ¿Sacarlas de las calles para que no se vean? (Ni siquiera eso. Todavía no llegó Jorge Macri a Jujuy, aunque quizás sea solo cuestión de tiempo).

Esas personas en extrema vulnerabilidad están claramente en riesgo de los peores destinos. Pueden morir a manos de un sádico como Jurado o quizás descompensadas en una esquina o tal vez en medio de la noche en el calabozo de alguna comisaría también precaria, llena de humedad y de uniformados insensibles.

¿Cómo se construye una sociedad mejor, más solidaria, que atienda a quienes lo necesiten, que les dé mejor vida a quienes se han quedado fuera de las oportunidades (en la casi totalidad de los casos por responsabilidad de otros)?

Terminemos con la hipocresía.

El monstruo, el asesino de los viernes, el chacal de Jujuy, es síntoma de una sociedad y -sobre todo- de un Estado abandónico, indiferente, corrupto, insensible e irresponsable.

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