«Mi hija solo quiere justicia para irse en paz». Ese es el pedido de Claudia Tolaba, la madre de Julieta Santos, una joven de 22 años que fue víctima de abuso sexual durante su infancia y adolescencia y que aún espera justicia, mientras su salud se deteriora por una enfermedad congénita de corazón.
La historia de Julieta Santos es una carrera contra el tiempo y contra un sistema judicial que le da la espalda. Julieta padece una cardiopatía congénita terminal y un límite de vida fijado por los médicos. Desde los 4 años y durante casi una década fue víctima de abusos y violaciones por parte de su tío, Sergio Luccioni. Hoy, tras nueve años de lucha, el juicio está suspendido.
Claudia Tolaba relató en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5) cómo se originó esta tragedia: «Yo me fui a trabajar a Chubut y mi hija quedó en cuidado de mi familia, de mi madre. Y el esposo de mi hija mayor la abusó, la violó», relató.
La mujer debía viajar constantemente a Chubut para trabajar y costear las múltiples operaciones a corazón abierto que la niña necesitaba. En ese contexto, la justicia le otorgó la tenencia a la abuela materna, quien terminó dejando a la menor bajo el cuidado de la hermana de Claudia y el esposo.
«Mi hermana manipuló a mi madre para quitarme la tenencia mientras yo trabajaba para que mi hija viviera», explicó Claudia . Durante años, Julieta fue sometida a abusos que recién pudo poner en palabras tiempo después con ayuda profesional.
Los hechos ocurrieron en la casa donde vivían, en el barrio San Pedrito de San Salvador de Jujuy entre 2007 y 2017. El expediente, iniciado en 2019, está caratulado como «abuso sexual gravemente ultrajante».
Las trabas de la justicia
A pesar de la gravedad de los hechos, el proceso judicial ha sido un camino de obstáculos. El imputado estuvo detenido solo cuatro meses. Y su defensora, Sara Cabezas, ha utilizado diversos recursos para dilatar el proceso, según denuncia Cecilia.
Uno de esos recursos fue el intento de aplicación de la Ley Piazza de manera inversa. «Llamé al propio Piazza y me dijo que su ley es a favor de las víctimas, no para anular juicios de abusadores», señaló Claudia .
La denominada ley Piazza (Ley 26.705), sancionada en 2011, modificó el Código Penal para suspender los plazos de prescripción en delitos de abuso sexual infantil. Antes, el tiempo para denunciar un abuso empezaba a correr desde el momento en que se cometía el delito. Si la víctima hablaba muchos años después (ya de adulta), era común que la causa se cerrara porque el delito había prescripto. Con la ley Piazza, el plazo de prescripción se suspende mientras la víctima sea menor de edad y el conteo recién comienza cuando la víctima alcanza la mayoría de edad.
El juicio, que finalmente inició en octubre de este año tras una suspensión en junio, volvió a frenarse. Esta vez, la decisión del presidente del tribunal, Luis Ernesto Kamada, de no reemplazar a un juez enfermo, postergaría las audiencias hasta febrero de 2026.
«El doctor Kamada no escucha a la fiscal ni considera que mi hija es cardiópata. Los médicos del hospital Austral dijeron que tiene un límite de vida. Ella se puede ir durmiendo cualquier noche», expresó Claudia con desesperación.
Una espera atroz
Para Julieta, cada día cuenta. «Vive conmigo, tiene su vida, trata de estudiar, de salir adelante, de ir todos los días al psicólogo», describió su madre.
El estado de salud de la joven es crítico. Su principal deseo es ver sentenciado al hombre que abusó de ella, antes de que su corazón no resista más. «Mi hija me dice ‘no sé si llego, lo único que pido es escuchar el veredicto y me voy en paz, me voy tranquila'», contó Claudia.
Actualmente, el imputado Sergio Ernesto Luccioni se encuentra en libertad. «Estuvo preso 4 meses nada más cuando yo lo denuncié. Pero su esposa hizo todo para que él vaya a prisión domiciliaria y luego lo dejaron libre. Yo lo crucé en la calle y él me amenazó, fui a denunciarlo a la policía y esa denuncia nunca llegó a fiscalía», reveló Claudia.
Julieta está representada por la abogada Natacha Freijó. Esta semana, Claudia Tolaba se acercó a Mónica Cunchila, referente de Padres y Madres del Dolor, porque decidió hacer pública su historia.
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