A poco más de una semana de la sorpresiva operación militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las calles de Venezuela atraviesan una tensa calma marcada por movilizaciones diarias. Bajo la consigna de «lealtad absoluta», se mantiene la protesta permanente.
Desde que el pasado 3 de enero la denominada «Operación Resolución Absoluta» trasladara a Maduro y Flores a Nueva York, el país ha entrado en una fase política inédita. Mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumía la presidencia encargada para garantizar la continuidad administrativa, las bases del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) iniciaron un despliegue nacional que ya cumple ocho días consecutivos.

Las movilizaciones no solo se han concentrado en la capital, Caracas, sino que se han replicado en estados como Zulia, Carabobo y Lara. En torno al reclamo central de liberación y regreso de Maduro y Flores, se expresó además el repudio al «secuestro imperialista» y la violación a la soberanía nacional.
También exigen una prueba de vida e información directa sobre el estado de salud y las condiciones de reclusión de la pareja en Estados Unidos.
En este último sentido, el hijo de Maduro difundió este sábado un mensaje enviado por su padre desde prisión. “Los abogados nos han dicho que está fuerte. Dijo que no estemos tristes, que ‘nosotros estamos bien, somos unos luchadores’”, señaló Nicolás Maduro Guerra, conocido como “Nicolasito”, en un video difundido por un dirigente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Nicolás Maduro Guerra. Foto: Reuters
Cohesión popular-militar
La postura expresada durante estos ocho días de protestas se ha sostenido sobre un pilar fundamental: la alianza estratégica entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y las organizaciones populares.
Este concepto, heredado del chavismo original, ha sido reforzado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, para proyectar una imagen de estabilidad interna a pesar de la ausencia de Maduro.
En estos días, se mostró el despliegue de las Milicias Bolivarianas en los principales focos de concentración, integradas con los movimientos sociales. Según voceros gubernamentales, esta «pared humana» no solo busca proteger los puntos neurálgicos del Estado, sino demostrar que el poder popular tiene capacidad de defensa propia.
Por otro lado, la cúpula militar difundió mensajes de lealtad al gobierno. A través de cadenas nacionales y redes sociales, los altos mandos militares han ratificado su desconocimiento a la operación estadounidense, calificándola de «acto de piratería internacional».
La retórica de la FANB insiste en que la captura del comandante en jefe no implica una ruptura en la cadena de mando, sino una «cohesión automática» ante la agresión externa.

El control territorial y social es otro de los elementos clave del rol de la FANB en este proceso de final incierto. Más allá de las marchas, la unidad cívico-militar se traduce en el control de la distribución de suministros y la vigilancia en las comunidades.
Para el gobierno, este despliegue es la prueba de que el Estado comunal sigue operativo y que la estructura institucional no ha colapsado tras la extracción de su principal figura política.
«No es solo una fuerza armada, es un pueblo en armas que espera el regreso de su líder», declaró recientemente el diputado Diosdado Cabello durante un acto en el estado Monagas, reafirmando que la movilización no cesará hasta que se concrete la liberación de la pareja presidencial.
Reclamos internacionales
La movilización no se ha limitado a las fronteras venezolanas. Durante esta primera semana de enero, se registraron concentraciones en diversas capitales del mundo bajo la consigna «Hands off Venezuela» (Fuera manos de Venezuela).
En ciudades como Ciudad de México, Buenos Aires, Madrid y Roma, además de varios puntos del territorio de Brasil, organizaciones sociales y partidos de izquierda se manifestaron frente a las sedes diplomáticas estadounidenses para denunciar la ilegalidad de la captura.
Incluso en el propio Estados Unidos, manifestantes se congregaron en Times Square (Nueva York) y frente al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde permanecen recluidos Maduro y Flores, exigiendo el respeto a la soberanía del país caribeño y el fin de la intervención militar.
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