Cientificidio: Todo marcha acorde al plan

Por Gabriel Rocca*. Hace apenas unos días, en su habitual visita de fin de semana a una de las señales oficialistas más importantes del país, el presidente Javier Milei, refiriéndose a los supuestos éxitos conseguidos en los últimos meses por su gobierno, aseguró: “Logramos hacer cosas que ni los militares lograron hacer (sic)”. La frase, más allá de dejar en claro una vez más la reivindicación que hace el primer mandatario de la última dictadura cívico militar, esconde un cierto dejo de verdad que resulta necesario poner de manifiesto.

En efecto, de acuerdo con el último informe del Grupo EPC (Economía, política y ciencia) con datos de la ejecución presupuestaria a mayo del 2026, la Función Ciencia y Tecnología (FCyT) se ubicará hacia fin de año en torno al 0,148% del PBI, lo que marca un desfinanciamiento récord que supera el mínimo histórico de la serie que se registra desde 1972.

Esa cifra indica, además, un descenso por tercer año consecutivo de los recursos para el sector. Mientras que en 2024 la FCyT alcanzaba el 0,212% del PBI, en 2025 cayó al 0,170% y con el desplome de este año los fondos perforaron los pisos históricos anteriores de 1976 (año de inicio de la última dictadura cívico militar) momento en que registraba el 0,194% del PBI, y de 2002 (en medio una de las crisis más grandes de la historia nacional), cuando tocó el 0,177%.

“La situación es realmente crítica porque hay una política activa de destrucción de nuestras capacidades científico tecnológicas. Estamos teniendo niveles de inversión propios de países muy, pero muy pobres. Comparalo con el 3 al 5% de países como Alemania, Japón, Israel, Estados Unidos. Brasil está en el 0,6 o 0,7% del PBI, es decir que, hoy por hoy, nos cuadruplica. Es insólito”, se indigna Jorge Geffner, director del Instituto de Investigaciones Biomedicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, UBA – CONICET) y referente de RAICYT (Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología de Argentina).

“Es una catástrofe para el país, no hay otras palabras para definirlo. Simplemente se está desarmando un sistema científico, se está destrozando absolutamente todo. Y lo más grave es que las capacidades que se pueden destruir muy rápido, reconstruirlas lleva décadas. Es una situación calamitosa”, describe con preocupación Valeria Levi, investigadora de CONICET y vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El trabajo del EPC también analiza lo que está ocurriendo en la actualidad. En esa línea, la ejecución de la FCyT a mayo del 2026 muestra un retroceso real del 8,2% respecto del mismo período del 2025. Proyectada hacia fin de año y teniendo en cuenta las actualizaciones presupuestarias y la evolución de la inflación, los expertos consideran que el financiamiento del sector caerá un 10,6% interanual. Esta retracción se suma al descenso del 30,2% de 2024 y del 16,4% en 2025, lo que implica un derrumbe del 47.9% respecto del 2023 y de 55,7 puntos si la comparación se hace contra 2015. De esta manera, la FCyT totalizaría ocho bajas en los últimos once años.

La reducción de la FCyT supone un deterioro masivo de la inversión pública, que es, por lejos, la principal fuente de financiamiento de la ciencia en nuestro país. Si se observa este declive por su incidencia respecto del PBI, los datos señalan que luego de representar el 0,300% en 2023, a casi tres años de gestión libertaria, descenderá hasta el 0,148%, lo que representa una caída trienal del 50,6%. Este desplome supera por mucho el daño que la gestión macrista provocó en el sistema cuando en los cuatro años que van del 2016 al 2019 los recursos para el sector pasaron del 0,329% al 0,228% del PBI, lo que significó una disminución del 35,3%.

“Lo que está sucediendo es más ridículo aún por el contexto mundial en el que se desarrolla -reflexiona Levi-. Hoy en el mundo, los países ponen el acento en las carreras tecnológicas, en la formación de recursos humanos que te permitan producir bienes con alto valor agregado. Y nuestro gobierno está haciendo lo opuesto y no por una cuestión económica sino puramente ideológica. Milei en campaña dijo: ‘El Estado no se tiene que encargar de la ciencia, la tienen que hacer los privados”. Y eso es lo que está haciendo”.

El documento del EPC se enfoca luego en la situación del conjunto de organismos del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. En el mismo se manifiesta que, de mantenerse la dinámicoa de ejecución presupuestaria a mayo 2026, las instituciones más voluminosas del sector (CONICET, INTA, CNEA, INTI, entre otras) perderían entre 35 y 48 puntos reales en tres años, con casos extremos como la Secretaría de Innovación, Ciencias y Tecnología y la Agencia I+D+i, que rondarían declinaciones de entre 79 y 87 puntos reales desde 2023.

“La situación es crítica. Vos fijate: INTI, INTA, CNEA, Servicio Meteorológico Nacional, CONICET, en todos lados se dio un ajuste impresionante. En el INTI con retiros voluntarios, despidos, incluso con la gendarmería dentro de las instalaciones. Lo mismo ocurre con la CNEA. Y mirá lo que ocurre en CONICET, es un estrangulamiento que contempla todas las posibles aristas. Desfinanciamiento de proyectos, salarios paupérrimos, imposibilidad de comprar equipos nuevos y no hay recursos ni para repararlos”, se lamenta Geffner.

Por su parte, Levi suma: “Me da mucha pena cuando hablo con un director de instituto y lo escucho quejarse porque está viendo cómo llega a fin de mes para pagar los servicios de limpieza. Y eso pasa todo el tiempo y a lo largo de todo el país. Toda la comunidad científica y tecnológica está dedicada a sobrevivir”.

En el caso específico del CONICET, su presupuesto continuará en caída libre. Se proyecta que para 2026, el organismo perderá, por lo menos, un 7,9% real que se agrega a las caídas del 17,7% en 2024 y del 14,2% en 2025. De esta manera, el declive alcanza a un 35% en tres años y se desploma un 37,1% desde su pico en 2015.

Respecto del INTA, segundo organismo del SNCTI en volumen presupuestario, se observaron descensos reales de inversión del 20,0% y del 24,8% real en 2024 y 2025. Para el 2026 se anticipa una reducción adicional del 11,1%, totalizando una caída del 46,5% en tres años en términos reales. El presupuesto del organismo cae un 64,1% desde su máximo de 2013.

A su vez, el INTI, tras declinar un 10,8% en 2024 y desplomarse un 32,1% en 2025, en 2026 retrocederá un 24,8% adicional para completar un descenso acumulado del 54,5% desde 2023 y de un 64,4% contra su pico en 2016.

Un párrafo aparte merece la situación de la CNEA, organismo nodal del sector nuclear argentino, que mostró caídas reales de inversión del 26,8% en 2024 y del 19,9% en 2025. Para este año se prevé un nuevo descenso del 14,4%, lo que implica una reducción del 49,8% en tres años. De esta manera, sus recursos se desploman un 56,0% real desde su máximo en 2022.

Esta semana la situación de la Comisión se agravó cuando las autoridades decidieron despedir al 20 por ciento del personal contratado, lo que suma más de 60 personas. Las desvinculaciones afectaron a profesionales, investigadores, técnicos y personal especializado que sostienen áreas críticas del desarrollo nuclear argentino. Además, la noticia se dio a conocer en el marco de un fuerte operativo de gendarmería que ocupó de manera intimidatoria con cascos, escudos y palos la sede del organismo sobre Avenida del Libertador.

Finalmente, tanto el ex MINCyT (degradado ahora a una secretaría) como la Agencia I+D+i ( el fondo sectorial de inversión más importante del sistema) han sufrido una ajuste tan brutal, que los ha dejado al borde de su desaparición. En el primer caso, el derrumbe fue del 83,3% entre 2023 y 2026, mientras que en el segundo el desplome alcanzó el 86,5% para el mismo trienio.

“La principal fuente de financiamiento que tenía el sistema científico era la Agencia. Esa Agencia hoy, de hecho, ha dejado de existir. Hasta hace dos años y medio, en función de los proyectos que habían sido acreditados y financiados, la Agencia tenía más de mil investigadores haciendo su tesis doctoral, que es el primer paso en la carrera. Hoy en día, deben quedar 300 o 320 becarios a lo sumo. Es decir, que desmantelaron lo que era un semillero de nuevos investigadores”, asegura Geffner.

Para completar el escenario catastrófico que vive el sistema científico, el análisis del EPC aborda también la situación de los salarios. En ese sentido, los ingresos de todo el SNCTI cayeron en mayo un 0,6% en términos reales, al combinar un alza nominal del 1,5% contra el IPC del 2,1%. De hecho, a lo largo de todos los meses de este 2026 las remuneraciones y estipendios se ubicaron por debajo de la variación de precios, acumulando un descenso del 3,8% entre enero y mayo.

Si se toma como base el mes de noviembre de 2023 los salarios de los investigadores y las becas caen, punta a punta, en estos dos años y seis meses de la gestión libertaria un 40,8% real. De hecho, el retraso creciente de los ingresos del personal del CONICET alcanza tal grado de deterioro que para volver a tener el mismo poder adquisitivo que tenían en noviembre 2023 deberían tener un incremento nominal del 69,0%.

El informe también señala que la disparidad entre la evolución de los sueldos y becas del principal organismo del SNCTI y el IPC INDEC ha abarcado a todo el período considerado. La brecha entre ambas series lleva 24 meses consecutivos agrandándose y todo indica que continuará haciéndolo.

“Me preocupa enormemente la situación de los más jóvenes. Los becarios de la Agencia que quedan, personas con un título de grado que está iniciando sus estudios doctorales están cobrando 700 mil pesos y hace dos años que tienen congelado su salario. Es un insulto personal”, se enoja Levi.

“La pérdida de jóvenes es muy grave. Son jóvenes que vos formaste en la universidad, la inmensa mayoría en la universidad pública. Y luego los seguiste formando en investigación en el CONICET durante cinco o seis años más y no tienen dónde seguir. No tienen dónde seguir porque no pueden entrar a carrera de investigador. Entonces, mucha gente y particularmente la gente con más polenta es la que dice, ‘acá que no se puede’, y busca en el exterior una salida porque quiere seguir investigando”, relata Geffner con amargura.

Frente a este escenario, la comunidad científica se volvió a manifestar esta semana frente al Polo Científico Tecnológico. Allí, investigadores, becarios y personal de apoyo se expresaron en rechazo de los despidos y reclamaron una urgente recomposición salarial y presupuestaria para el sector.

A su vez, desde el Congreso, la diputada de Unión por la Patria y expresidenta de la CNEA, Adriana Serquis presentó un Proyecto de Ley para la “Sostenibilidad y Protección del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación“, que propone una recomposición presupuestaria y salarial para las instituciones científicas y tecnológicas del país, plantea la formalización de las designaciones adeudadas y dispone el freno a los despidos en el sector. La iniciativa cuenta con el respaldo de 32 legisladores de distintas bancadas, aunque se prevé un trámite legislativo complejo en el marco de un Poder Legislativo dominado por el oficialismo y sus aliados.

“La situación es insostenible. Lamentablemente el gobierno está teniendo éxito en su política de destrucción del sistema científico tecnológico nacional. Espero que esto cambie, que la presión colectiva pueda generar un punto de inflexión porque, hoy por hoy, estamos en la lona”, describe Geffner. Y Levi advierte: “Creo que hay muchos sectores políticos, económicos y sociales que no se dan cuenta de que realmente estamos en un punto de quiebre y que si la situación no se revierte ya no va a haber más ciencia en Argentina”.

* En Nexciencia 

Ver también

El «Hondurasgate» se expande: de América Latina a una presunta red global de injerencia electoral

El «Hondurasgate» se expande: de América Latina a una presunta red global de injerencia electoral. Por Ali Peralta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.