A dos minutos para la medianoche: Ajuste vs. Devaluación

Por Marcelo Alejandro Cabero. El reloj del apocalipsis es un reloj simbólico gestionado por científicos para expresar cuán cerca está la humanidad de sufrir una catástrofe.

La expresión “dos minutos para la medianoche” se usó por primera vez en plena guerra fría cuando Estados Unidos y la Unión Soviética realizaron pruebas de bombas de hidrógeno en el año 1953.

El Gobierno de Javier Milei hoy se encuentra a “dos minutos para la medianoche”. La estrategia de mantener un superávit fiscal a cualquier costo, sumada a un dólar artificialmente barato, ha creado una bomba de tiempo que amenaza con estallar en cualquier momento.

El problema no es sólo técnico, es una decisión política: el ajuste no es para «sanear», sino que se está haciendo sobre los hombros de los trabajadores, las jubilaciones y la educación pública.

Hoy tenemos un peso absurdamente apreciado que ha vuelto inviable la producción nacional. Mientras el gobierno se jacta de sus números, las Pymes industriales bajan sus persianas y los pequeños productores que producen alimentos se desangran porque producir en Argentina es hoy un negocio perdedor y las importaciones terminaron sustituyendo a la producción local generando cientos de miles de desocupados.

Los costos suben por la inflación, pero los ingresos en dólares están congelados. Esta «estabilidad» del dólar no es un beneficio para la gente; es la alfombra roja para que los sectores del poder económico y financiero nacional e internacional (que no generan puestos de trabajo) sigan con la bicicleta financiera de siempre: aprovechando el dólar barato para fugarse los fondos que el propio Estado pide prestados.

Y aquí llegamos al centro del problema: el superávit. Hablan de un equilibrio fiscal, pero es un superávit ficticio. No se logró ajustando a “la casta” o cobrando mayores impuestos a los sectores económicos concentrados y privilegiados, sino licuando salarios, recortando la obra pública y asfixiando a las universidades, pisoteando las leyes de financiamiento.

Es un ajuste que no solo golpea a los más pobres, sino que está aniquilando la clase media, destruyendo el consumo, disparando la desocupación y aumentando la pobreza.

Entonces, ¿qué opciones tiene Milei? La realidad es que ninguna es aceptable para el pueblo. Si sigue con este ajuste fiscal ciego, el estallido social es inevitable porque la gente no puede más. Si opta por una devaluación para «dar competitividad» al agro y a la industria, lo único que hará será empobrecer aún más a los argentinos y generar una nueva ola de hambre, beneficiando únicamente a los exportadores, donde un estallido social también es inevitable.

Incluso la idea de una renegociación de deuda parece más de lo mismo: tomar más deuda para pagar intereses. Mientras que parece que la única opción que le queda para obtener los dólares que necesita es vendiendo pedazos de territorio en la Patagonia para instalar centros de datos bajo la tutela de intereses extranjeros.

Milei no busca que la gente recupere su poder de consumo ni que la industria vuelva a crecer. Su único objetivo es sostener una foto financiera para el exterior, aunque eso signifique dejar al país en ruinas y a su población en la miseria. El gobierno no está buscando una salida, está gestionando el despojo.

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