A 50 años del Golpe: Memoria completa y presente urgente 

Por Javier Bach Bilbao*. El próximo 24 de marzo se cumple medio siglo del golpe cívico-militar que instauró el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. A la fecha, el debate sobre sus consecuencias sigue más vigente que nunca.

El 24 de marzo de 1976 marcó un antes y un después en la historia argentina. La dictadura cívico-militar conocida como Proceso de Reorganización Nacional no solo desató una feroz represión sobre la oposición política y social, con miles de detenidos-desaparecidos como resultado, sino que impuso un modelo económico cuyas consecuencias aún resuenan en el presente: el desmantelamiento de la industria nacional, la apertura indiscriminada a las importaciones y el sostenimiento artificial de un dólar barato que instaló en amplios sectores de la sociedad la cultura del «deme dos» y los viajes al exterior.

En el marco de la conmemoración del cincuentenario, numerosas crónicas evocan aquella fecha aciaga. Sin embargo, para hacer memoria con rigor y honestidad, es preciso no omitir que el régimen contó con un amplio respaldo popular durante sus primeros años.

Las organizaciones de Derechos Humanos –Madres de Plaza de Mayo, Comisión Permanente de Derechos Humanos– y decenas de organismos internacionales, llevan décadas documentando y denunciando las desapariciones forzadas. Su trabajo es y seguirá siendo insustituible.

30 de marzo de 1982: la resistencia sale a la calle

Un punto de inflexión decisivo ocurrió el 30 de marzo de 1982, cuando la Confederación General del Trabajo, conducida por Saúl Ubaldini, convocó a una marcha hacia la Plaza de Mayo bajo la consigna «Paz, Pan y Trabajo».

La movilización exigía el fin de la dictadura, mejoras salariales y laborales, un cambio en el modelo económico, la libertad de los detenidos políticos y el levantamiento de la intervención a los sindicatos.

La represión del régimen fue brutal, pero no logró apagar la llama de la resistencia popular.

Pocos días después, el 2 de abril, la Junta Militar ocupó las Islas Malvinas. La derrota del 14 de junio aceleró el colapso del régimen: tras una nueva represión en Plaza de Mayo contra quienes protestaban por el desenlace de la guerra, la Junta designó a Reynaldo Benito Bignone para conducir la transición democrática.

El retorno de la democracia

En las elecciones del 30 de octubre de 1983, la Unión Cívica Radical, liderada por Raúl Ricardo Alfonsín, se impuso en las urnas, dando inicio al primer gobierno democrático en décadas.

En ese clima de renovación, las paredes de las ciudades argentinas reflejaban el espíritu de las juventudes políticas: la Juventud Peronista pintaba «Somos la rabia», mientras los Jóvenes Radicales respondían con «Somos la vida, somos la paz».

Historia que se repite

Los antecedentes históricos son elocuentes: cerrar empresas, abrir fronteras a las importaciones y fomentar el consumo externo son políticas que ya demostraron su capacidad de devastar el tejido productivo y social del país.

Por ello, la convocatoria del próximo 24 de marzo cobra una dimensión que trasciende la conmemoración.

Esta marcha debe ser lo suficientemente masiva para expresar el rechazo al autoritarismo y a los planes que empobrecen a las mayorías populares, y para reclamar la recuperación de la dignidad del trabajo y de sus organizaciones. En la unidad está la respuesta.

La memoria no es solo el recuerdo del pasado: es la herramienta más poderosa para resistir en el presente.

* Militante peronista

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