Por Javier Bach Bilbao – Militante Peronista. Ochenta y un año después de las patas en la fuente, el gorilismo ya no necesita uniformes ni bombas. Su vieja herramienta, la proscripción, volvió con toga y expediente.
El sábado se cumplieron 81 años de aquel 17 de octubre de 1945 en que miles de trabajadores reclamaron la libertad de Perón y se refrescaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo.
Raúl Scalabrini Ortiz, que estuvo entre esa multitud, vio en ella “el subsuelo de la patria sublevado”. En 1947, el diputado radical Ernesto Sammartino vio otra cosa: “el aluvión zoológico”. El desprecio no era solo político: era social.
Escribo como militante peronista: no todo antiperonista es gorila. El gorila es la variante visceral del antiperonismo: no discute un programa, desprecia a un pueblo.

Un chiste que terminó en bombas
La palabra nació en 1955, en La Revista Dislocada, con un personaje que ante cada ruido de la selva repetía: “deben ser los gorilas, deben ser”.
Los golpistas la adoptaron con orgullo. Pero el gorilismo nunca fue un chiste. El 15 de abril de 1953, bombas en la Plaza de Mayo dejaron seis muertos.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina y la Aeronáutica bombardearon esa misma plaza: 308 muertos identificados.
Después vinieron la autodenominada “Revolución Libertadora”, el Decreto-Ley 4161, que prohibió hasta nombrar a Perón, y dieciocho años de proscripción.
La tradición liberal sostiene que su antiperonismo defendía la prensa libre y la división de poderes. Merece discutirse. Pero no hay república con el pueblo proscripto.

La proscripción con toga
Esa receta volvió. Cristina Fernández de Kirchner fue condenada en la causa Vialidad a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, en un juicio que fue derecho penal de autor: se la juzgó por quién era antes que por lo que hizo.
Sin prueba directa, la condena se sostuvo en meras pruebas indiciarias. El 10 de junio de 2025, la Corte Suprema la dejó firme al rechazar la queja por requisitos formales: un aspecto procesal le alcanzó para cerrar la puerta. Hecha la ley, hecha la trampa. En 1956 prohibieron nombrar a Perón; hoy le prohíben a Cristina ser candidata.

Fuerte con los débiles
Javier Milei no es un gorila de manual: no le molesta un apellido, y hasta le dedicó a Carlos Menem un busto en la Casa Rosada. Lo suyo es el desprecio por todo lo popular y por la clase trabajadora.
En Davos, en enero de 2024, sostuvo que la justicia social es “intrínsecamente injusta”. Puso techo a las paritarias, los salarios registrados perdieron 8,2% de poder adquisitivo desde noviembre de 2023, aun con el índice oficial.
Y desaparecieron más de 350.000 empleos asalariados registrados, entre el sector privado, el Estado y las casas particulares. Su apotegma parece ser fuerte con los débiles y débil con los fuertes, mientras lo bancan desde Washington.

El faltazo radical
Ese programa necesita socios, y en Jujuy los encontró con boina blanca. El jueves 15 de octubre, la oposición convocó a una sesión especial en Diputados para derogar el DNU 70/2023, prorrogar la emergencia en discapacidad y aliviar el endeudamiento de las familias. Hubo 121 diputados sentados; hacían falta 129.
Entre las bancas vacías estaban las de los radicales jujeños María Inés Zigarán y Jorge Rizzotti, que responden al gobernador Carlos Sadir.
Zigarán, incluso, había firmado el pedido de sesión. Rizzotti se recibió en la Universidad Nacional de Jujuy; Zigarán, en la Universidad Nacional de Córdoba.
Los dos le deben su título a la universidad pública, la misma que ese jueves marchaba para que no la asfixien. El radicalismo ya no insulta al aluvión: le da la espalda. Faltar también es una forma de votar.

La contradicción principal
Me permito una autocrítica. “Gorila” se volvió demasiadas veces un atajo para no discutir. Millones de argentinos que votaron a Milei no son gorilas: son trabajadores, muchos hijos y nietos de peronistas, que dejaron de sentirse representados por nosotros.
En Jujuy lo sabemos: en octubre de 2025, por primera vez desde 1983, el peronismo no ganó ninguna banca de diputado nacional.
Distinguir la contradicción principal de la secundaria es el parteaguas de toda militancia. Insultar al vecino que votó distinto es la secundaria. La principal sigue siendo la de 1946, Braden o Perón: Patria o colonia.
Que la Lealtad no se nos agote en contar gorilas: el mejor homenaje a los que metieron las patas en la fuente es volver a ser la mayoría que ellos fueron, con programa, organización y puertas abiertas para los que se fueron. También en Jujuy, con un peronismo que espera normalizarse. El gorilismo siempre apostó a nuestra división. ¿Le vamos a seguir dando el gusto?

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