A la dirigencia opositora (¿?), desde nuestra humilde bronca

Por Eduardo Blaustein periodista. Con el gobierno de Javier Milei Argentina entró de lleno en una etapa extrema de sufrimiento social, demolición final de aquello que allá lejos nos había convertido en un país de relativa justicia social, desarrollo económico y tecno-científico, movilidad ascendente, un país inquieto con universidades públicas de prestigio y una cultura vivaz. Ante un cuadro de desastre, no vemos en absoluto una dirigencia opositora que se plante con firmeza, lucidez, compromiso y nuevas ideas que impidan lo que parece un operativo furioso de autodestrucción deliberada.

No vemos en la dirigencia opositora una discusión abierta y seria sobre los peligros que nos acechan, a nuestros hijos y nietos. Al llamado peronismo, una denominación que hoy dice muy poco, le cabe una parte importante de la responsabilidad sobre lo que sucede. Lo que el periodismo automático llama “internas” –que en la sociedad exacerban una distancia comprensible– son discusiones diminutas sobre poder. ¿Poder para hacer qué?

Nos hemos cansado de emplear y cuestionar la expresión “anti política” en los últimos años, sin analizar sus razones; lo hicimos cuando ya era tarde. Nosotros, “politizados”, somos parte de los expulsados de una democracia vaciada, degradada, ya no solo por el autoritarismo y las obscenidades de un presidente dado a la escatología, sino por la chatura, el conservadurismo, la mezquindad de una parte importante de dirigencias que se dicen opositoras. Hay excepciones, por supuesto, dirigentes valiosos y memoria de mandatos positivos, comprometidos, constructivos. No alcanza.

Como nunca y con cinismo el poder económico impone de manera naturalizada una agenda de espanto con consecuencias harto conocidas: desindustrialización, desempleo, nuevos modos de pobreza que se ocultan, niveles de desprotección desesperantes, elevación de las tasas de suicidio particularmente entre los más jóvenes, pérdida de derechos, entrega de nuestras tierras y nuestro mar, minas explosivas que hacen estallar un sistema educativo ya dañado y lo mismo para el sistema científico-tecnológico que costó décadas construir, ése que nos abría futuros posibles. Todo se anunció desde cero y se ejecutó con sadismo.

enfoque rojo
¿Dónde está la oposición? ¿Qué alternativas propone? ¿Las tiene?

El gobierno está haciendo de lo que queda de nuestro país un campo de experimentación –un plan piloto– para ejecutar las peores amenazas que se ciernen sobre la humanidad y el planeta: negación del cambio climático, presencia y establecimiento de fuerzas militares extranjeras en nuestro territorio, retirada de la OMS siguiendo los pasos del presidente de los EEUU en un mundo que espera nuevas pandemias, el uso eventual de la Inteligencia Artificial como modo de vigilancia y control social, el gobierno mundial de unos pocos ultramillonarios lunáticos que ven en la democracia –que por supuesto debe repensarse– un peligro. Literalmente, han dicho: la democracia como Anticristo. En el mundo de las distopías, queremos ser pioneros.

¿La oposición qué dice? Existe una película española que se llama “Habla, mudita”.

Sufre el país, sufren millones de trabajadores y desempleados, sufren los profesionales, sufren las Pymes, los comerciantes que no venden, los jóvenes que ven en la precarización un mundo de normalidad, aunque la padezcan. Alguien pintó de nuevo aquel grafiti que decía –cerca del estallido del 2001 y antes también– “La única salida es Ezeiza”. La represión, la negación del Terrorismo de Estado, los carteles electrónicos fascistas puestos en las estaciones de tren al estilo Big Brother son marca de época. La corrupción está ahí, miserable. Lo mismo el Poder Judicial, convertido en una mafia leguleya que cogobierna con modales sinuosos para intereses privados, comenzando con los propios.

De nuevo: nos espanta no solo el modelo Milei, nos preocupa la parálisis opositora y la ausencia de proyectos de un futuro mejor. Que la oposición elija la irrelevancia o el suicidio político por cálculos de centímetros es parte de un mismo paisaje.

Sin pretender agotar los desafíos sobre los cuales debería definirse aquella política que se crea noble, queremos saber qué proponen hacer los dirigentes opositores presuntos. Qué proponen hacer con un poder judicial degradado, el sistema impositivo, la deuda externa cuestionable y criminal, la política ambiental, las tecnologías y sus abusos y efectos en la salud mental, los derechos de exportación, el manejo de los recursos públicos, la integración argentina en un mundo en el que emergen totalitarismos, BRICS y China, las políticas económicas focalizadas y las que tienen que ver con el manejo de la tierra, vivienda, transporte, infraestructura y salud, especialmente en las grandes periferias urbanas. Hablamos de propuestas concretas, no de enunciados fáciles.

Es imperioso discutir una agenda de prioridades. Cualquier gobierno mínimamente sensible debería tener ya mismo propuestas concretas y rápidamente ejecutables para anular las medidas, leyes y los efectos inhumanos de las políticas ejecutadas por el gobierno actual en materia de discapacidad, jubilación y entrega de medicamentos, la situación de los docentes y estatales, la disolución de organismos como el INTA, INTI y otros, el vaciamiento de recursos en hospitales y universidades, la explotación de recursos en Malvinas, Ley de Tierras, Ley de Inocencia Fiscal, reforma laboral, desregulaciones delirantes, largo etcétera.

En cuanto a ética política, cualquier gobierno debe comprometerse indefectiblemente con la transparencia en el manejo de los recursos públicos, asunto que dañó gravísimamente a la democracia. Se deben democratizar, acaso con nuevos y creativos modos de control social, los sistemas de designación de jueces y los de la Corte Suprema, las llamadas fuerzas de seguridad, la Oficina Anticorrupción.

Este documento pretende ser un llamado público, una señal de alerta que debería ser innecesaria.

Vemos –ya mencionamos que no faltan excepciones–en la mayor parte de la política que conocemos y padecemos una desconexión total con las personas concretas, incapacidad o simple falta de voluntad para escuchar, acercarse, preguntar, proteger, alentar, plantear prioridades relacionadas con lo que las personas reclaman en soledad. Dejen de mirarse en su cápsula con gesto fullero. Miren afuera. Contengan, escuchen. Respiren el aire de las casas de los desempleados, huelan la sopa del jubilado. No bartoleen cifras de desempleo. Formen fila en la cola de diez cuadras para conseguir trabajo. Demuestren, si pueden, si quieren, para usar un término hoy aborrecible, que NO son casta.

El eventual reemplazo de un gobierno de freaks y lúmpenes enriquecidos por políticos profesionales sin proyecto ni empatía con “todos los habitantes del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” sería muy poca cosa.

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