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Abra Pampa reclama justicia tras 20 años de abandono y secuelas irreversibles por el plomo

En Abra Pampa, el viento de la Puna no solo traslada tierra y frío; desde hace más de cuatro décadas distribuye en el aire, el suelo y las viviendas un enemigo invisible y perpetuo: el plomo. Los habitantes de la zona esperan los resarcimientos que no se cumplen a pesar de las demandas judiciales iniciadas hace 20 años. Y sin respuesta en el plano sanitario, generaciones enteras permanecen expuestas a las secuelas del saturnismo.

A 25 años del cese de actividades de la planta fundidora Metal Huasi y transcurridas dos décadas desde el inicio de los reclamos judiciales, pobladores de Abra Pampa nucleados en la causa judicial se trasladaron a San Salvador de Jujuy para solicitar una audiencia con el presidente de la Corte Suprema de Justicia provincial, Federico Otaola.

«Pedimos que haya una definición con respecto a la contaminación por plomo que dejó la fundidora Metal Huasi. Son más de dos décadas sin saber del trámite ni del expediente», enfatizó en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), Santiago Figueroa, poblador de la localidad.

La historia del pasivo ambiental de Abra Pampa se remonta a mediados del siglo XX. La fundidora Metal Huasi operó en pleno casco urbano, en el actual barrio 12 de Octubre, procesando minerales pesados como plomo, zinc y plata provenientes de minas regionales como El Aguilar y Pan de Azúcar. Entre 1985 y 1986, la planta cerró sus puertas y dejó al descubierto más de 60.000 toneladas de escombros, escorias tóxicas y residuos minerales sin tratamiento alguno.

Ese abandono dio inicio a una de las catástrofes socioambientales más graves del Norte argentino, tal como la describió Figueroa. «Los vientos esparcieron en el aire, en el suelo, en las viviendas de los pobladores
ocasionando graves problemas de salud, lo que se conoce técnicamente como el saturnismo», completó.

Un camino judicial sin salida

En 2005 se iniciaron las primeras demandas por daños y perjuicios contra la Municipalidad de Abra Pampa y el Estado provincial exigiendo justicia y un resarcimiento económico. La causa principal, registrada bajo el Expediente Nº B-148045/2005 («Maizares, Pascuala Eustaquia y otros c/ Municipalidad de Abra Pampa»), transitó un largo derrotero procesal en la Sala I de la Cámara en lo Civil y Comercial, con demoras estructurales y múltiples acumulaciones de expedientes.

Recién en mayo de 2019, la Sala I de la Cámara, integrada por los jueces Eba Rita Cabezas, Esteban Javier Arias Cau y Lis Marcela Valdecantos Bernal, dictó una sentencia histórica en la que hizo lugar a las demandas de los pobladores. El fallo acreditó la responsabilidad por omisión del municipio en el ejercicio de su poder de policía, control y salubridad pública. Los magistrados determinaron que la comuna incumplió su deber de garantizar la seguridad psicofísica de sus habitantes al no haber desplegado acciones preventivas ni fiscalizado adecuadamente los pasivos ambientales dejados por Metal Huasi.

Sin embargo, tras la elevación de los recursos y las actuaciones a la máxima instancia judicial de la provincia, el expediente quedó radicado para su resolución final bajo la órbita de la Suprema Corte de Justicia, presidida hoy por el doctor Federico Francisco Otaola. La gente de Abra Pampa, en tanto, sigue esperando. «No hay noticias del trámite, del juicio ni del expediente», sentenció Figueroa, y agregó: «Es un abandono total por parte del Estado».

En el escrito que presentaron este martes ante la Corte, los vecinos recordaron que el expediente se encuentra en condiciones de ser resuelto desde hace tiempo y señalaron que existen antecedentes favorables dictados por el mismo cuerpo en causas idénticas de la misma localidad, por lo que reclaman igualdad de trato y seguridad jurídica.

«No es un capricho, ni estamos pidiendo privilegios; solo pedimos que se haga justicia y que estos casos no se vuelvan a repetir en ninguna parte de la provincia, porque es un atentado al medio ambiente y a los pobladores», expresó Figueroa.

Saturnismo: un villano que se ensaña con los niños

El abandono no tiene que ver solo con la inacción del sistema judicial, sino y sobre todo por la falta de respuesta sanitaria. «No se dio asistencia médica profesional, porque el envenenamiento por minerales pesados requiere de tratamientos largos y nada de eso pasó en la ciudad de Abra Pampa», reveló Figueroa.

Si bien se hizo una remediación ambiental en años anteriores, las consecuencias sobre los habitantes. La paradoja es que las secuelas de la contaminación aparecen en niños que nacieron al menos dos décadas después de que la fundidora abandonó Abra Pampa.

La exposición prolongada a este metal pesado causa saturnismo, una intoxicación crónica por minerales pesados. Tal como señalan los informes toxicológicos del Centro de Asesoramiento Toxicológico Analítico (Cenatoxa) de la Universidad de Buenos Aires y las pericias judiciales del fuero civil jujeño, el plomo carece de valor biológico en el cuerpo humano. Una vez inhalado o ingerido, se aloja en los tejidos blandos y se deposita predominantemente en la matriz ósea, donde su vida media puede extenderse entre 10 y 40 años.

La franja más afectada por esta condición fue la población infantil. Es que durante la etapa de crecimiento, el organismo asimila el plomo confundiéndolo con calcio, debido a la similitud de sus propiedades fisicoquímicas. Esta sustitución altera severamente el desarrollo óseo y neurológico.

Figueroa relató el calvario cotidiano que se repite en cientos de familias abrapampeñas, donde los análisis de laboratorio reflejan los niveles del metal pesado en sangre: «Yo, por ejemplo, tengo un niño que nació con un retraso mental por la intoxicación del plomo y tiene 47 microgramos por decilitro. Yo particularmente tengo 22 microgramos y así se va repitiendo en cada ciudadano».

Entre los impactos irreversibles constatados por los especialistas se destacan las alteraciones neurocognitivas, que implican una disminución del cociente intelectual, déficit de atención, problemas de aprendizaje, hiperactividad y trastornos severos del comportamiento; daños hematológicos, que derivan en anemias crónicas resistentes a tratamientos convencionales, y afectación renal y neurológica en adultos con cuadros de hipertensión arterial, disfunción renal progresiva y neuropatías periféricas, entre otros.

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