Al closet y al calabozo no volvemos nunca más… organización y resistencia en las calles

Por Guepardxs Los docentes e investigadores del Grupo Universitario de Estudios Para la Acción y Reflexión en Disidencias Sexuales (Guepardxs) de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy manifestamos nuestro enérgico repudio ante los dichos del presidente Javier Milei en el Foro Económico Mundial de Davos.

La gravedad de estas declaraciones, no son indicativas de un pensamiento individual, sino un proyecto de revanchismo cisheteropatriarcal que se ensaña con los procesos políticos que vienen llevando adelante las disidencias sexogenéricas y los feminismos, particularmente en el sur global.

El presidente ha calificado de “ideología de género” a una perspectiva teórica y política que permitió desnaturalizar y cuestionar la heterosexualidad como un régimen político que produce diferencias y desigualdades.

Sostenemos que la única ideología que históricamente se ha impuesto en nuestras vidas ha sido (y es) la diferencia “natural” de los sexos producto de un discurso machista, misógino, cisheteronormativo, patologizante y criminalizante.

Esta ideología del odio y la violencia hacia personas que no se ajustan a las normas sociales de la heteronormatividad ha legitimado la exclusión y la persecución de las comunidades sexodisidentes a lo largo de nuestra historia.

Les decimos que frente a sus afirmaciones sobre la existencia de dos géneros (hombre y mujer) hay un pluralismo sexual que existe y resiste.  El proyecto político sostenido en los feminismos y las disidencias sexuales es un proyecto de diálogo y construcción de alternativas de vida orientados a una sociedad cada vez más justa.

Este tipo de discursos de odio forman parte de un retorno a los tiempos infames del estado de no derecho para nuestros colectivos caracterizado por las políticas de violencia y muerte.

Frente a esa forma de gobernanza decimos que al closet y al calabozo no volvemos nunca más. No queremos que el odio sea un recurso para la gobernabilidad neoliberal. Sostenemos la importancia política de nombrar las violencias del patriarcado tal y como las experimentamos las mujeres y las disidencias sexuales y, en consecuencia, reconocerlas y actuar para su erradicación.

Nombrar esas violencias como feminicidio no es un “privilegio” sino el producto de las luchas de las mujeres por despatriarcalizar las instituciones del Estado. Las narrativas que el presidente Milei construye sobre los colectivos de la disidencia sexual no tienen sustento científico, son peligrosas e infundadas porque generan un desconocimiento de los variados modos de habitar las posiciones de género y sexualidad.

Repudiamos ese llamado derechista a la criminalización de las identidades de género y contraponemos a ese revanchismo, el proyecto político de los feminismos y del pluralismo sexual que han empezado a tomar forma en estas regiones del planeta.

Como investigadoras que hacemos docencia universitaria y nos asumimos públicamente como “traidoras del patriarcado”, tal como lo decía Lohana Berkins, instamos a repolitizar la noción de libertad.

No existe libertad con opresión, no existe libertad con intimidación estatal, no existe libertad con amenazas y violencias y, sobre todo, no existe libertad con la derecha y el conservadurismo sexual en el Estado.

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