«Tenemos que sintetizar las experiencias y lograr nuevas teorías», propuso el licenciado en Economía Benito Carlos Aramayo en la presentación de su segundo libro, un trabajo que precisamente recorre la historia -propia y del país- para ofrecer un abordaje de los tiempos actuales.
«Usted es un hombre de armas llevar», le dijo un periodista a Benito Carlos Aramayo. «No se equivoque, soy de comunismo llevar», fue la respuesta. De ese diálogo surgió el título del libro que presentó el jueves pasado en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu, donde Aramayo, profesor emérito de esa facultad, reflexionó sobre la actualidad política y social del país desde su propia experiencia militante en el Partido Comunista Revolucionario, al que renunció tras 50 años de pertenencia.
El panel estuvo integrado por el rector de la UNJU, Mario Bonillo; el vicedecano de HUmanidades, Ignacio Bejarano; el también docente de Economía Guillermo Sapag, y el histórico sindicalista Víctor Aramayo, hermano del autor. Además, participaron Carlos Rivero y Reynaldo Castro, responsables de la editorial 500 Armas, que publicó el libro.
«De comunismo llevar» es el segundo título de Aramayo. El primero fue «Jujuy en el Bicentenario», una radiografía de la provincia en términos productivos, económicos y políticos y de lucha popular durante la década neoliberal. En este nuevo trabajo, propone una reconstrucción profunda de los orígenes de una familia, desde los tiempos coloniales hasta las luchas actuales, muchas de ellas protagonizadas desde el sindicalismo combativo.
El público que asistió a la presentación estuvo compuesto por estudiantes, militantes, docentes, dirigentes gremiales, excompañeros de luchas y familiares del autor.
En el acto, Aramayo planteó que «la primera pregunta es quién es Milei, porque estamos en un momento muy complejo, muy difícil, y se trata de caracterizar bien desde el punto de vista político y científico, teórico, a quien hoy es la máxima autoridad de la República Argentina».
«Milei es el odio», aseveró, y analizó que ese odio «tiene que ver con su propia formación teórica y con su propia formación ideológica».
Por otro lado, invitó a reflexionar sobre los votantes del presidente Milei, quienes a su entender tienen también una carga de odio, pero que relacionó con «la bronca, la ira y el enojo con los responsables políticos del retroceso social que ha vivido la Argentina, y el aumento del sufrimiento».
Al hacer un abordaje sobre el sesgo ideológico de Milei, Aramayo habló de «la teoría objetiva del valor» como el origen y raíz del odio a los trabajadores que expresa el presidente, sobre la base de la escuela austríaca, que plantea que el valor de los bienes y servicios no reside en el trabajo invertido sino en la subjetividad del individuo como consumidor.
En su recorrido, Aramayo brindó una verdadera clase de historia económica en la que argumentó frente a los lugares comunes del discurso libertario. En particular, el que plantea que «el socialismo es un sistema empobrecedor». En este sentido, el economista afirmó: «No lo dice por ignorante, lo dice tapado por la maleza de su ideología que le impide reconocer que mientras hubo socialismo en la Unión Soviética y en China, que son las dos grandes revoluciones del siglo XX, se resolvieron en pocos años las necesidades sociales de alimentación, vestido, techo, trabajo, la posesión de la tierra por los campesinos pobres y medios, el desarrollo científico y la modernización de países que antes de la revolución eran muy atrasados».
Sobre la situación en Argentina, Aramayo señaló la necesidad de analizar la década de 1940, sobre todo luego del fin de Guerra y la derrota del nazismo a nivel mundial. «No hay que temer hacer el análisis concreto de la formación y el tipo de decisiones que tomó el coronel Perón cuando, como parte del Grupo de Oficiales Unidos, después de la derrota del ejército nazi en Stalingrado, vieron venir el fin del nazi-fascismo y el prestigio de los comunistas y de los que habían hecho el gasto principal para derrotar a los nazis», repasó.
«Esto se venía en la Argentina, entonces había que prepararse para esa eventualidad. Este es otro tema que hay que estudiar atentamente para ver cómo fue el proceso entre el año 43 y el 45», indicó.
En esta línea, remarcó que «hoy en la Argentina tenemos mucho menos trabajadores asalariados, porque venimos de tumbo en tumbo. Estamos cada vez con una torta más chica y con una población más grande. ¿Cómo vamos a hacer para volver a tener la fuerza necesaria para encarar la crisis que vivimos y la que va a venir, mucho más profunda, en los próximos años?»
Sobre esta cuestión, reclamó la necesidad de autocrítica por parte de los dirigentes peronistas «en sus distintos matices». E interpeló: «Agravada la crisis, profundizada la pobreza y la marginalidad, ¿cuál va a ser la respuesta organizada de los trabajadores? ¿Hasta dónde vamos a llegar con este argumento de que la inflación es lo que está definiendo las conductas políticas electorales? Puede ser que siga así, pero ¿cuánto tiempo más? ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta tener la fuerza suficiente para reorganizar la contraofensiva? Está en discusión».
Para el final de su reflexión, Aramayo dijo que su libro está destinado particularmente a la juventud: «Son los jóvenes los que tendrán que volver a tener entusiasmo por la rebeldía y pensar que vale la pena vivir en función de la solidaridad. Solidaridad con los que más sufren, con los que son más explotados y con quienes viven en condiciones cada vez peores».
«Son los jóvenes los que tienen que rescatar la esperanza y las emociones revolucionarias nuevas que van a venir, porque inexorablemente la lucha de clases existirá mientras exista el modo de producción capitalista», afirmó, y propuso mirar la historia «a largo plazo».
En este sentido, recordó eventos como la Revolución Francesa, la Revolución bolchevique, los grandes cambios en China en la década de 1970, «todos hitos que inicial la ofensiva de la derecha a escala mundial», caracterizó. «Es más -continuó-, el fenómeno del peronismo en la Argentina fue posible porque estaban la ofensiva la clase obrera, los pueblos dependientes y las colonias».
«No se puede desconocer esa historia. Y por lo tanto, lo que viene por delante es también un proceso largo que tenemos que discutir, analizar. Tenemos que buscar sintetizar las experiencias y lograr nuevas teorías -cerró-. Con eso se va a organizar a la juventud y a los que todavía tienen ganas, fuerzas, y están dispuestos a no seguir en las condiciones en que estamos viviendo».

