Por Gaby Tijman. El hilo y la aguja como instrumentos de memoria. La tarea colectiva como acto de resistencia. Los nombres de los 145 desaparecidos de Jujuy bordados no una sino dos veces. Como un grito repetido que los vuelve presentes, ahora y siempre.
«Hemos armado un hermoso colectivo, comandado por Iris Ortiz, que fue un poco el motor, empujándonos en todo. Me hace acordar a mi vieja cuando empujaba a los familiares para llevar adelante todos los equipos de trabajo», describe a El Submarino Estela Fidalgo, hermana de Marcilia Graciela Fidalgo, que fue secuestrada por la dictadura y permanece desaparecida.
Estela se refiere a Iris Ortiz de Mecchia, quien destaca que los nombres de los desaparecidos de Jujuy, sus edades y el lugar donde fueron secuestrados fueron trazados sobre los paños «con amor y respeto».

El colectivo Bordando Memoria está integrado por medio centenar de personas, en su mayoría mujeres. En la tarea participaron además parejas, amistades, vecinos y vecinas que aportaron algún que otro almuerzo acelerado, pusieron música o simplemente estuvieron para lo que hiciera falta.
Fueron dos las banderas que se armaron con los nombres de los 145 desaparecidos de Jujuy. La primera viajó a Buenos Aires, donde se va a sumar al enorme paño que acompañará la movilización del martes. La segunda será protagonista de la vigilia de la noche del 23 en la plaza Belgrano y de la marcha que saldrá al día siguiente del Parque de la Memoria y llegará hasta el centro de la ciudad.
El reclamo unificado es «Que digan dónde están». Los nombres de los desaparecidos trazados en puntadas están acompañados de un paño mayor que muestra la consigna «30.000 veces organización y lucha», que encabeza la conmemoración en Jujuy de los 50 años del Golpe de Estado.
Hilos como abrazos
En cada rectángulo de tela, además del nombre y la edad de la persona evocada, hay flores, pañuelos blancos, aves, consignas, datos como el lugar donde se cometió el secuestro, y símbolos que reflejan la actividad del homenajeado.
Iris Ortiz cuenta que al principio estaba la lista de los 145 nombres, pero que al momento de empezar a bordar surgieron las preguntas: «¿Quiénes eran, qué hacían? Entonces era ponerse a buscar y comprometerse con contar algo más en el paño que estábamos bordando».
«Dicen que cuando nombrás a los que no están, los traés al presente -reflexiona Estela Fidalgo-. Si los nombramos, los dibujamos, los escribimos, los bordamos, entonces no desaparecieron. Están aquí con nosotros. Bordar sus nombres formó parte de ese abrazo que queremos volver a darles».

Aún impactan los cientos de fotografías que se ven en cada marcha por Memoria Verdad y Justicia. Cientos de rostros en blanco y negro, en su mayoría jóvenes; vidas suspendidas por la crueldad sistemática de la dictadura cívico militar eclesiástica que partió en dos la historia. A esas imágenes se suman ahora los paños con sus nombres bordados en colores fuertes, en una diversidad vibrante de trazos y diseños. Tan vibrante como fueron sus vidas de militancia y compromiso.
Iris Ortiz pone el acento en que «nuestros compañeros y compañeras desaparecidas son un ejemplo de compromiso, de lucha, de amor, de dedicación por una patria distinta, una sociedad nueva, un hombre nuevo». Y agrega: «Tantos sueños que tuvieron, y muchos que quedaron truncos».
El acto colectivo no se limitó al bordado. Hubo que cortar, coser, ordenar, pespuntear, organizar, distribuir tareas y recursos. Un trabajo solidario enfocado en el detalle y en el todo.
«Bordar parece algo individual, cada uno con su tela, con su aguja, pero cuando se vuelve colectivo, adquiere otra fuerza», comenta Luciano Martín Marcos, quien junto a Ismael Salas armó un grupo de bordado en Perico que se reunió a hacer sus paños en el teatro y en la plaza locales para después llevarlos a San Salvador para que se unieran al resto.
Para Luciano, «fue muy movilizante bordar los nombres y las edades, una forma de hacer memoria desde las manos, de sostener esas historias y de darles presencia». Y suma: «Siento que eso es lo más potente del grupo: cómo algo tan simple como bordar puede transformarse en un acto colectivo, en una forma de encuentro, de memoria y reflexión».
Memoria es lo que aparece una y otra vez en las expresiones de bordadores y bordadoras. Memoria «desde las manos», como dice Luciano, pero también «una memoria emocional», como describe Mara Liz Martínez, referente de la Biblioteca Popular de Campo Verde.

Los paños se presentaron en sociedad en la conferencia de prensa que dieron los organismos para informar sobre las actividades en torno al 24M y volvieron a mostrarse parcialmente en el pañuelazo que organizó Apuap en la puerta del Hospital Pablo Soria.
Ya ensamblados, después de la marcha del martes, seguirán su camino; incluso cuando concluyan todas las actividades en torno a este aniversario. Es que en cada uno de los encuentros de bordado colectivo se fue trazando además un lazo renovado.
Como sentencia Estela Fidalgo: «Esperemos reunirnos en otro momento, no solo para bordar la memoria, sino para entrelazar nuestras propias historias. Hemos hablado de quienes eran nuestros compañeros, pero por ahí no hemos hablado de nuestras propias vidas».
Y agrega: «Eso también hace al hecho de formar un grupo, armar este abrazo entre tantas personas bordando, así como los dedos del puño, amontonaditos, como cuando juntás los cinco dedos en la mano. Así nos hemos ido juntando y ha sido maravilloso».

Para Estela, la continuidad de estos lazos es también un modo de desafío: «No nos van a disolver, no nos van a separar».
«Tranquiliza -afirma Iris Ortiz-. Acá hay algo que está, que hierve todavía en nuestra sangre y que nos sensibiliza para salir a seguir peleando».
Mara Liz Martínez está segura de que todos los participantes del bordado colectivo salieron fortalecidos «con la memoria fresca y el corazón abierto, dispuestos a seguir luchando en estos tiempos complicados».
Y advierte: «Esto es un recordatorio de lo que son capaces pero también de lo que somos capaces nosotros».
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