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Brasil: Una elección presidencial que importa más allá de las fronteras 

Millones de brasileños votan este domingo en una elección general que definirá al presidente del país en medio de una profunda polarización política entre dos bandos ya conocidos volviendo a dominar la contienda presidencial.

La carrera está encabezada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador de derecha Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro.

El voto es obligatorio para la mayoría de los adultos en el quinto país más grande del mundo y la participación suele ser de las más altas de las Américas.

La decisión que enfrentan los brasileños va mucho más allá de la política interna y podría reconfigurar la forma en que Brasil se posiciona en el escenario global. El resultado determinará si el país más grande de la región se inclina hacia un creciente bloque conservador alineado con el presidente estadounidense, Donald Trump, o si continúa con la búsqueda de Lula de una política exterior multipolar.

Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato, probablemente el último. Gobernó Brasil de 2003 a 2010 y regresó a la presidencia en 2023 tras un notable regreso político: pasó 580 días en prisión por condenas de corrupción que la Corte Suprema de Brasil anuló posteriormente en 2021, restableciendo sus derechos políticos, antes de derrotar al entonces presidente Jair Bolsonaro en la elección de 2022.

Lula está empatado técnicamente con Flávio, quien busca dar continuidad al movimiento político construido en torno a su padre. Jair Bolsonaro, actualmente bajo arresto domiciliario humanitario por motivos de salud, tiene prohibido postularse y cumple una condena de 27 años tras ser declarado culpable de intentar un golpe de Estado para revertir su derrota electoral de 2022.

Las encuestas muestran, como sucedió en las elecciones de 2022, un país aún partido. Hace cuatro años, Lula venció a Jair Bolsonaro con apenas 50,90% de los votos válidos frente a 49,10%, la elección presidencial más reñida de Brasil desde el regreso de las elecciones directas en 1989.

En una encuesta de Quaest publicada el lunes, Lula tiene 39% en la primera vuelta y Flávio, 34%. A ambos los siguen otros cuatro aspirantes presidenciales: el psiquiatra centrista y autor de bestsellers Augusto Cury está empatado con el exgobernador derechista de Goiás Ronaldo Caiado, con 4%; Renan Santos, fundador derechista del Movimento Brasil Livre, tiene 3% en la encuesta; y Romeu Zema, el exgobernador de Minas Gerais de tendencia liberal en lo económico y de derecha, tiene 1%.

Si ningún candidato obtiene más de la mitad de los votos válidos el domingo, los dos más votados avanzarán a una segunda vuelta el 25 de octubre.

El lugar de Brasil en el mundo

En la relación con el mundo, Lula defiende una política multipolar: apuesta a las relaciones de Brasil con el Sur Global, a través del bloque BRICS, que incluye a China, Rusia e India, mientras distancia al país de Estados Unidos. Esa postura se refleja en los datos oficiales de comercio de Brasil, que muestran que China es actualmente, por amplio margen, el principal destino de las exportaciones brasileñas.

La relación de Lula con Trump se ha vuelto más tensa a medida que Brasil quedó atrapado en la agenda arancelaria y en la política de Estados Unidos hacia el crimen organizado en América Latina. Esa fricción le dio a Lula una de las principales banderas de su campaña electoral : la soberanía.

El primer punto de tensión llegó en 2025, cuando Trump impuso un arancel adicional del 40% sobre productos brasileños, elevando los gravámenes al 50%, citando explícitamente lo que su administración calificó como persecución políticamente motivada contra Jair Bolsonaro.

Este año, Washington sumó un arancel del 25% por prácticas comerciales consideradas injustas y otro del 12,5% por una presunta aplicación insuficiente de las prohibiciones al trabajo forzoso. Lula rechazó las medidas, redobló el discurso de soberanía y amenazó con represalias, aunque en septiembre dijo que las dejaría en suspenso mientras continúen las negociaciones con Washington.

Analistas políticos consideran que el tema ha resonado especialmente entre votantes indecisos que se inclinan hacia la derecha y adoptan ideales nacionalistas, y favoreció al actual presidente. En este sentido, entienden que los esfuerzos de Estados Unidos por interferir en la política de Brasil, en su mayoría, han tenido el efecto contrario y han ayudado a Lula.

Lula llevó ese argumento al escenario mundial durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre. “Brasil no es el patio trasero de nadie”, dijo, mientras acusaba a “algunos políticos brasileños” de alinearse con intereses extranjeros contrarios a los del propio país, comentarios ampliamente interpretados como dirigidos a Flávio Bolsonaro.

La división también se extiende a otras relaciones: dos días después del discurso de Lula ante la ONU, diplomáticos brasileños se sumaron a representantes de varios países que abandonaron el recinto cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, comenzó su discurso, en medio de las crecientes críticas de Lula a la actuación de Israel en Gaza.

Por su parte, Flávio Bolsonaro ha adoptado un enfoque marcadamente diferente, cultivando vínculos con Netanyahu, Trump y otros líderes con quienes Lula ha tenido enfrentamientos. Cuando Flávio lanzó su campaña en julio, Netanyahu apareció en video para respaldarlo. En mayo, Bolsonaro se reunió con Trump en la Oficina Oval para hablar sobre crimen organizado, aranceles y minerales críticos y, al día siguiente, se reunió con Vance y Rubio.

El presidente argentino, Javier Milei, antiguo aliado de la familia Bolsonaro y admirador de Trump, viajó a Brasil en julio para respaldar la campaña de Flávio, calificando a Lula de “convicto” y al gobierno de “socialistas ladrones”, lo que llevó a Brasil a llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Esto ocurre mientras el mapa político de América Latina se ha desplazado hacia la derecha tras elecciones extremadamente cerradas: Abelardo de la Espriella ganó por un estrecho margen las elecciones presidenciales de Colombia en junio y Keiko Fujimori ganó la segunda vuelta de Perú semanas después por aproximadamente una décima de punto porcentual. Una victoria de Flávio Bolsonaro consolidaría este giro hacia la derecha.

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