Por Francisco «Paco» Olveira. Dra. Victoria Villarruel: No debe escapársele que prácticamente todos los miércoles las y los jubilados son golpeados y vejados por las fuerzas de seguridad al mando ahora de Monteoliva, a quienes nosotros llamamos Monteortiva, ya que reprime a viejos pero nos prohíbe hablar de las Malvinas.
Últimamente este ha sido uno de nuestros cantitos preferidos:
“Monteoliva, Monteortiva, qué vergüenza que me das, reprimís a jubilados, las Malvinas entregás” (va con música, por si le interesa escucharla, le aseguro que es muy pegadiza pero no hace daño).
Lo que quizás no sepa es que empleados de su departamento de seguridad, justo el miércoles en el cual Argentina jugaba con Inglaterra, agredieron a los jubilados/as con tremenda brutalidad por el grave delito de haber ingresado por la puerta de Solís e Yrigoyen para levantar unos cartelitos, gritar algunas consignas y hacer alguna foto/video para dar visibilidad a sus reclamos (como se había hecho quince días atrás en Tribunales, donde la cordura y el profesionalismo, repito profesionalismo, prevaleció y no hubo nada que lamentar).
Pero no solo eso, también se robaron en la calle una mochila de un jubilado con su medicación, su documento, su SUBE y su anteojo y máscara antigas.
Por más gestiones que hizo la defensoría de la Ciudad y las promesas del jefe del operativo, nunca la devolvieron; quizás lo hagan si usted da la orden.
En lo personal, perdone la autoreferencialidad, recibí un fuerte golpe de puño en mi rostro, desde atrás, de forma absolutamente artera y encima afuera del Senado por parte del director de Seguridad -de planta- Abel Alejandro Ávila (como perfectamente puede observarse en el video que le adjunto).
No soy precisamente Carlos Monzón pero si esa piña la hubiera recibido un jubilado/a seguramente hoy seguiría en el hospital o ya lo hubiéramos enterrado.
Más allá de la denuncia penal correspondiente, quizás sería bueno decirle al director de Seguridad nombrado por usted, el general Claudio Gallardo, que le explique a su personal que de las fuerzas de seguridad dirigidas por Monteoliva y de la Policía de la Ciudad de Jorge Macri –“la ley y el orden”– no esperamos otra cosa.
Pero,
¿Era necesaria esa reacción de parte de trabajadores?
Encima ya veníamos de haber sido reprimidos por Gendarmería Nacional en la puerta del Congreso.
Fue triste escuchar a una jubilada decir “estoy cansada de que me peguen”. ¿Es que ellos no se van a jubilar? ¿No tienen abuelos?
La duda que nos queda es si su general es el que da esas órdenes.
Es bueno para una católica como usted recordarle lo que en la Alegría del Evangelio el Papa Francisco nos decía:
“No a la inequidad que genera violencia”.
“Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Cómo si hoy no supiéramos que las armas y la represiones violentas, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos“. N. 59
Y le cuento una más: los jubilados reprimidos son un grupo peronista de cristianos católicos autoconvocados, de nombre Los 12 Apóstoles, porque un día corriendo de “las fuerzas del orden” se refugiaron en la Catedral y en la homilía el cura hablaba de los discípulos de Jesús.
Por eso nos alientan las palabras del profeta de Galilea: “Felices ustedes, si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre (Lucas 6,22) y el mandato de la Justicia Social
* Sacerdote del grupo de Curas en opción por las y los pobres
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