La búsqueda de un segundo embarazo perdió fuerza en los centros de fertilidad de Argentina, exponiendo un cambio profundo en los proyectos familiares. En la última década, las consultas vinculadas a la posibilidad de tener otro hijo cayeron más de un 50%, de acuerdo con registros de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) y la Asociación Civil Concebir.
El dato refleja una transformación que combina factores sociales, económicos, laborales y biológicos. Cada vez más personas llegan a la consulta médica con la meta concreta de lograr un primer embarazo, mientras que la idea de planificar una familia más numerosa se volvió menos habitual.
La tendencia se da en un contexto de fuerte caída de la natalidad. Según datos citados por los especialistas, en 2023 se registraron 460.902 nacidos vivos en el país, una cifra casi 48% menor que la del año 2000. Esa baja convive con la postergación de la maternidad y la paternidad, el encarecimiento de la crianza, la dificultad para acceder a la vivienda y la incertidumbre económica.
Factores biológicos y económicos
Desde el punto de vista médico, advierten que la búsqueda del primer embarazo llega cada vez más tarde, muchas veces alrededor de los 38 años. Si el primer hijo se logra de manera natural, el segundo suele buscarse después de los 41 o 42 años, una edad donde disminuye drásticamente tanto la cantidad como la calidad de los óvulos, bajando la tasa de éxito de manera significativa. A este escenario se suma también la incidencia de la edad masculina en los tratamientos.
Por el lado socioeconómico y emocional, desde la Asociación Civil Concebir señalaron que los costos de crianza, la incertidumbre y el desgaste de los tratamientos hacen que la idea de tener más de un hijo quede descartada incluso antes de iniciar una nueva búsqueda, ante el peso de sentir que apenas se puede sostener el proyecto de un único hijo.
Ante este panorama, los especialistas insisten en la importancia del asesoramiento temprano. Recomiendan que la evaluación de la fertilidad se integre a los controles ginecológicos habituales y que quienes postergan la mapaternidad conozcan alternativas preventivas, como la vitrificación de óvulos o semen.

