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Cómo enfrenta Jujuy la inminente tercera ola de la pandemia de coronavirus

A las puertas de la tercera ola de la pandemia de coronavirus, que estará marcada por la peligrosa variante delta, la provincia de Jujuy no se encuentra en las mejores condiciones para hacerle frente. Con un alto porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva, hay miles de dosis de vacunas que esperan en las heladeras porque mucha gente perdió la confianza a causa de las campañas antivacunas. Además, el personal de salud -que es escaso- se encuentra desgastado y exhausto, padeciendo además una situación laboral y salarial desmoralizante.

Este panorama trazó el médico Sergio Barrera Ruiz, secretario adjunto de la Asociación Médica de la República Argentina (AMRA) Seccional Jujuy, en diálogo con el programa Día 6 (FM Conectar 91.5). 

-¿En qué punto de la pandemia nos encontramos en Jujuy? 

-Se ha amesetado la curva de contagios pero sigue siendo alta. Estamos con un promedio de 226 casos por día, cuando las dos semanas previas el promedio era de 300. Eso quiere decir que la suspensión de las clases por las vacaciones de invierno ha bajado el número de contagios en un 33 por ciento. Eso es muy importante.

-¿Y el nivel de vacunación? 

Jujuy ha sido una de las provincias más beneficiadas por parte de Nación, porque recibió muchísima cantidad de vacunas. Hoy tenemos aplicadas 504 mil dosis aplicadas, 110 mil con dos dosis. Esto a pesar de que jamás llegó el millón de dosis de vacunas Sinopharm que había anunciado hace dos meses el gobernador en los medios nacionales.

-Hay mucha expectativa por la llegada de la variante delta, que ya entró a varias provincias, incluida Salta. 

-Ya es un hecho. En las próximas semanas llegará a Jujuy. Es preocupante porque todavía tenemos una altísima tasa de ocupación de camas de terapia intensiva. En el sector privado alcanza al 90 por ciento y en el público está por arriba del 80 por ciento.

-¿Por qué, si se han aplicado tantas vacunas?

-En primer lugar, la edad promedio ha bajado a 45 a 60 años, cuando antes era de 70 o más. Un paciente más joven tiene más resto para sobrevivir, entonces ocupa la cama más tiempo. Antes el promedio de ocupación era de 15 días y ahora está por encima de los 45 días. Un paciente joven de 35 años, seguramente va a ocupar una cama entre 2 y 3 meses; uno de 50 años estará un mes y medio, y los mayores de 60 ocupan mucho menos. Por eso todavía tenemos una tasa muy alta de ocupación. Cuando entremos en la tercera ola, cuando llegue la variante delta, la preocupación va a ser mayúscula porque vamos a entrar en un terreno peligroso. Así que es importante hacer todo lo posible para colocar la segunda dosis. Ya el martes empezamos a vacunar a los niños de 12 a 17 años con comorbilidades y desde la semana pasada se puede vacunar cualquier persona mayor de 18 sin más requisito que presentar el DNI.

-Hay dosis disponibles pero la gente no va a vacunarse. ¿Por qué cree que pasa esto? ¿Hay errores en la comunicación?

-Es así. Tenemos vacunatorios con hasta 1000 dosis de Sinopharm. Muchos decidieron no vacunarse por esta campaña antivacuna que hubo a principio de año, diciendo que eran un veneno, que solo la Pfizer era buena. Eso hizo mella. Mucha gente se niega  temiendo que la vacuna podría causarle algún daño, cuando está científicamente comprobado que no es así.

-La semana pasada salieron a vacunar a la calle. Estuvieron en la peatonal Belgrano. ¿Eso es efectivo? 

-Sí, hay que buscar otras estrategias y herramientas. Hay vacunatorios móviles en los barrios, en Terminal de Ómnibus. Hay que hacer todo lo posible para aplicar las dosis que todavía tenemos en la heladera, porque es un crimen. Esa campaña que se hizo en los primeros meses del año hizo estragos, porque hay gente esperando la Pfizer y desperdiciando estas otras vacunas que son de muy buena calidad. Sobre todo porque la tercera ola llega en cualquier momento.

Sergio Barrera Ruiz

-¿Qué características tiene la variante delta, que preocupa tanto? 

-Lo primero que hay que decir es que no es una variante más letal que las otras, tiene la misma letalidad. Pero es mucho más contagiosa, tanto como el sarampión o la varicela en su momento. La variante delta coloniza las vías aéreas altas, o sea las fauces, las narinas, en forma 10 veces superior a las otras variantes. Esa es su peligrosidad. Ya no hace falta que uno grite; con el solo hecho de respirar, ya está exhalando cantidades tremendas de virus. Por eso es importante, como se decidió en otros países, usar barbijos quirúrgicos.

-¿Esos son los que filtran el virus y lo neutralizan?

-Exacto. Están los que usamos las personas que estamos en contacto directo con gente infectada de covid, los N95, que filtran más allá del 95 por ciento de la carga viral. Después está el quirúrgico, que filtra el 90 por ciento. Y el tapaboca común, en realidad, es más que nada simbólico, porque filtra apenas un 40 o 50 por ciento. Por eso sería importante como parte de la campaña, además de rastrillar y vacunar, que está perfecto, implementar el uso de barbijos quirúrgicos por lo menos en lugares públicos cerrados,  como los ámbitos laborales, los bancos y lugares así.

-¿El Atom Protect del Conicet está en esa categoría? 

-Esos son excelentes. Se ha demostrado que tienen mayor poder de filtración que un quirúrgico, levemente inferior al N95.

-¿Cómo se encuentra el sistema de salud, después de un año y medio de pandemia? 

-El equipo de salud está desgastado, exhausto y muchas veces desmoralizado porque siguen falleciendo colegas por la pandemia. La parte psicológica del personal de salud no está siendo tenida en cuenta. Y tampoco se está teniendo en cuenta el incremento salarial del sector, que ha sido del 10 por ciento a principio de año, después un 3 por ciento y un 7 por ciento, escalonado, con una inflación calculada del 46 por ciento para el año. Eso también ha afectado mucho, porque encima de estar sin vacaciones, todo el tiempo estresado, se suma la mala remuneración. Sobre el sistema, en la provincia están irregularmente distribuidos los centros de internación y el número de camas no se ha aumentado desde el año pasado. Tenemos además hospitales en construcción, como el Oscar Orías, que lamentablemente la pasó muy mal y encima sufrió un tornado, se cayeron los techos, y se está trabajando en recuperar un hospital completo. Hay centros donde se están ampliando las camas, como en el hospital de referencia provincial, que tenía una sala que era para recuperación covid y ahora se habilitó como sala de terapia intensiva para pacientes covid. Nos estamos preparando, pero me parece que tendríamos que haber puesto un poquito más de énfasis pensando en que son pacientes más jóvenes.

-El año pasado hubo que salir a buscar personal especializado para atender las camas de terapia intensiva. ¿Cómo está ese aspecto en la actualidad? 

-Jujuy es una de las provincias que más sufre la escasez de intensivistas. Tenemos 44 profesionales especializados, y para el sector estatal son menos de 35. Es un número muy escaso. Desde el Consejo Médico se lanzó una capacitación que han tomado muchísimos médicos, pero ya como medida extrema porque no tenemos ingreso de nuevos colegas.

-¿Por qué?

-Lo que ocurre es que un jujeño que se recibe en Buenos Aires o Córdoba prefiere quedarse a ejercer donde se recibió, donde es mejor remunerado. Entonces hay muy poca matriculación de médicos en los últimos dos años, no se aumentó el número de médicos. En su momento pareció que la solución era traer médicos venezolanos, pero cumplieron sus 12 meses de trabajo y se fueron. Hemos tenido un éxodo masivo de médicos, lo cual nos encuentra en una situación en desventaja respecto del año anterior.

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