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Créditos al instante: fáciles de pedir, difíciles de pagar

Por Sergio Sabha. Parece el tema del momento, pero no es moda: cuando el ingreso no alcanza, aparece el crédito y hoy conseguirlo puede llevar apenas unos segundos. Para muchas familias argentinas, recurrir a un préstamo dejó de ser una decisión excepcional.

Las deudas se acumulan, aparecen gastos imprevisibles y, cuando el presupuesto no llega a fin de mes, el crédito surge como un parche para cubrir la diferencia. La solución está literalmente al alcance de la mano, pero cabe preguntarse si realmente resuelve el problema o si solo lo patea para adelante.

El panorama del endeudamiento familiar ayuda a dimensionar el fenómeno: según el Banco Central, más de 20 millones de personas en Argentina tienen algún tipo de crédito activo. El dato crítico es que la morosidad trepó a niveles récord, superando el 12% de préstamos en situación irregular. Este escenario no es casualidad, sino el resultado directo de un cambio radical en la forma de acceder al dinero.

Las billeteras virtuales redujeron a cero la fricción para endeudarse. Se terminó el trámite bancario tradicional, las carpetas de requisitos y las esperas. Hoy bastan un par de clics para obtener fondos inmediatos o financiar compras en «cuotas sin tarjeta». La facilidad es total, pero que sea simple no significa que sea barato.

Para entender el costo real hay que mirar dos variables clave: la Tasa Efectiva Anual (TEA) y el Costo Financiero Total (CFT), que suma comisiones y gastos administrativos. En el universo fintech, dos créditos idénticos pueden costar cifras muy distintas según el algoritmo de la plataforma. El sistema no solo evalúa el historial crediticio general, sino el comportamiento dentro de la app: quien mantiene saldos promedios bajos termina pagando tasas más altas.

Frente a la urgencia cotidiana, al usuario le pesa más la resolución inmediata de su bache financiero que el costo financiero real, aunque ese compromiso se arrastre durante años. La inmediatez transformó una decisión financiera de peso en una acción automática.

Cuando llega el incumplimiento, las deudas se reportan al registro de deudores del Banco Central, afectando la historia crediticia del usuario. Esto abre un debate inevitable sobre la responsabilidad compartida: ¿hasta dónde llega la decisión individual del usuario y dónde empieza la responsabilidad de las plataformas que otorgan fondos en segundos? Si pedir un crédito toma un instante pero pagarlo demanda años, el sobreendeudamiento pasa de ser un problema privado a una discusión de regulación pública.

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