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Del patrullero al Uber: La histórica rebelión de las fuerzas federales y provinciales

Imagen generada por IA/Gemini

El próximo 2 de abril, el Edificio Centinela será el epicentro de un manotazo de ahogado sin precedentes. Por primera vez en la historia, la Gendarmería, Prefectura, Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria y el Servicio Penitenciario Federal se unen para denunciar lo que el marketing oficial intenta ocultar: los que «nos cuidan» están bajo la línea de la pobreza.

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La bronca no se queda en los cuarteles de Retiro. En el interior, las policías provinciales están al límite:

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La narrativa de «cuidar a quienes nos cuidan» se desintegra en los cajeros. Con salarios de miseria, los efectivos pasaron de combatir el delito a manejar aplicaciones de transporte o buscar changas en sus horas de franco para poder comer. La contradicción es total: se les pide «orden» en la calle mientras en sus casas falta el pan.

A esto se suma el colapso de la obra social Iosfa, que, tras el vaciamiento denunciado en la gestión de Luis Petri, dejó a miles de uniformados virtualmente sin prestación médica. El «abrazo solidario» del 2 de abril es el grito de una fuerza que se siente usada por la política y abandonada por el Estado.

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