Icono del sitio El Submarino Jujuy

Desviar la ira: el gran logro de los poderes fácticos

17 de noviembre del ‘82: estatizacion de la deuda privada en el recuerdo.

Por Santiago Grandi*. No descubriremos nada si decimos que uno de los mayores secretos que esconde el papel determinante de las fuerzas sociales fácticas es la fenomenal arquitectura política, judicial y mediática cimentada para lograr transformarlas en virtualmente invisibles. No están (puesto que nadie repara en ellas); no se habla de su injerencia (porque se tiene total desconocimiento de sus procederes y poderes), y sin embargo es bajo su influencia que los tiempos marchan. Una de sus manifestaciones más evidentes, que podemos llamar la pata corporativa y empresarial -con sus poderosas plataformas de lobby: lease uniones industriales, empresariales, fundaciones privadas, ONG’s de ideología claramente neoliberal, etc-, encuentra en la herramienta del desvío de la ira social acumulada uno de los grandes logros -sino el mayor- que explica lo particular de su situación: ellos, los que siempre, bajo el gobierno que sea, fuera cual fuera la etapa de la vida política del país, han salido favorecidos a expensas de las enormes mayorías, cuentan con el beneplácito del anonimato. Raramente un «ciudadano de a pie» vomita su descontento tomándolos como primeros y máximos responsables del característico desajuste sistémico que nos abarca y somete, y de este modo, erigidos en los titiriteros invisibles que manejan los hilos de los tiempos, idean, diagraman y ejecutan planes macro y microeconómicos que a la postre terminarán condicionando el futuro del país todo por largas décadas.

Sencillo es toparse con argumentos masivamente extendidos que encuentran siempre en los semejantes-oprimidos la fuente de todos los males sociales. Cuando nos sentamos a dialogar con algún amigo y este cree fervientemente que el «gasto público» es elevado, o que la «desproporcionada» cantidad de empleados públicos explica el próximo déficit, o que, pensándolo bien, en realidad el problema es que el Estado subsidia varios de los consumos de las enormes mayorías, nosotros podemos elegir plegarnos a la idea -cuestión que resultará ser la más sencilla, puesto que sólo estaremos repitiendo lo que se nos dice que digamos, contando, a su vez, con la potencia del número («todo el mundo sabe que es así»)-, o por el contrario hacer el intento de correr el velo que nos impide pensar, por caso, que con la estatización de la deuda privada llevada a cabo a fines de 1982 -en las etapas finales de la última dictadura cívico-clerical-militar, tiempos en los que el Presidente del Directorio del Banco Central de la República Argentina era por entonces Domingo Felipe Cavallo-, el país se vio obligado a pagar durante más de tres décadas una exorbitante e ilegítima deuda externa que ahorcó las finanzas nacionales e imposibilitó al pueblo de disfrutar así fuera de una mínima porción de toda la gigantesca riqueza por aquí generada. Por tanto, es cuanto menos interesante pensar que muchas de las enormes fortunas que ostentan varias de las más grandes empresas que operan en el país fueron creadas a expensas del robo indiscriminado a varias generaciones de argentinos. Sin ir más lejos, Socma y Sevel -empresas estrellas del grupo empresarial de la Familia del actual presidente de la nación Mauricio Macri- fueron beneficiadas en aquellos años con la estatización de su deuda privada.

Desde luego -y este es el dato- no fueron las únicas. Entre 1979 y 1983, más de 70 empresas resultaron beneficiadas con una disposición armada para robar y empobrecer al pueblo y a la vez aumentar la riqueza y el poder de grandes corporaciones y grupos económicos en la Argentina.

¿Quería evidencias del sustento y la colaboración de civiles en el gobierno de la última dictadura genocida? Reconozca estos datos y considere, de la mano del trabajo del periodista Alejandro Olmos, las 477 irregularidades acreditadas en la deuda contraída en aquellos seis años. Y piense, también, en el histórico y constante origen criminal de la consolidación de los sectores dominantes más concentrados en la vida social argentina. Así como los pioneros del siglo XIX fundaron el moderno estado-nación argentino en base al genocidio indígena, la reinstauración de la esclavitud y la usurpación y posterior repartija de millones de hectáreas entre los aliados de clase, un siglo después los poderes fácticos acudieron a prácticas similares (y otras más novedosas y desarrolladas, como las citadas herramientas financieras para el empobrecimiento de los pueblos) para ascender aun más en su carrera por la obtención del Poder Total.

Aunque ya en 1984 un equipo de 20 auditores había investigado «maniobras dolosas al Estado por parte de privados, valuadas en, por lo menos, más de 6000 millones de dólares», y que un cuarto de siglo después, en 2009, «los auditores Miguel Ángel Espeche Gil, Julio Carlos González, Graciela González y Néstor Forero, a cargo de la causa Olmos II -que investigaba la deuda externa originada entre 1981 y 1987- presentaron un documento en donde se detallaban las maniobras fraudulentas que realizaron entre 1981 y 1983 más de quinientas empresas, con deudas de entre 4 y 1000 millones de dólares que «se beneficiaron del erario público, afectando la vida y dignidad del pueblo argentino y produciendo un estrago social», nada ha sucedido ni parecerá estar cerca de suceder. A pesar que a fines de 2011, luego de la apertura de un nuevo expediente en 2005, el fiscal Federico Delgado presentó un escrito instando a volver a investigar la estatización de la deuda privada, el pedido sigue hoy esperando ser considerado por la justicia y el Congreso Nacional. Será que entre los considerandos de la iniciativa se hablaba de iniciar acciones no sólo contra funcionarios públicos sino directamente contra grandes empresas. Será que algunos necesitan que el pueblo desvíe su ira, y no piense nunca en los que a través de sus robos institucionales han venido afectando la vida y dignidad de las multitudes durante décadas, produciendo un característico estrago social que es fácil de visualizar y denunciar, pero prácticamente imposible de examinar en su justa y correcta génesis.

Como hemos visto, el gran logro del sistema de pensamiento que en la actualidad impera y nos constituye radica en este develado desvío: la ira popular, que con justos argumentos debería apuntar a buena parte del sector empresarial y corporativo de elite, termina siendo manipulada y orientada para acabar descargándose pura y exclusivamente en los funcionarios de gobiernos representativos (los cuales -desde luego, y salvo pequeñas e incompletas excepciones históricas- son los que ejecutan los programas económicos y sociales que el mismo sector empresarial y corporativo les diseñó). La cuestión central de esta falla fundamental es que, como nos cuenta Noam Chomsky, los gobiernos democráticos liberales se encuentran en cierta medida -y a pesar de todos sus defectos- bajo la influencia y el control del Pueblo, a diferencia de los sectores del Poder Fáctico que por definición operan en las antípodas de cualquier lógica democrática. El orientado odio hacia todas y cada una de las figuras de gobiernos de tintes populares es altamente beneficioso para ese universo corporocrático-empresarial, el mismo que al verse alejado de los pensamientos y de las reflexiones cotidianas de «la gente» disfrutan de la impunidad de determinar la vida de enormes multitudes sin ser nunca sometidos a su voluntad o mínimamente puestos en cuestión.

* Escritor y periodista rosarino.

Salir de la versión móvil