
“Es un día para festejar, en este camino que es bastante duro en busca de la justicia”, dijo en diálogo con El Submarino Eva Arroyo, referente de la agrupación H.I.J.O.S. (Hijas e hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) de Jujuy, la organización que confirmó la detención en un comunicado conjunto con la Asociación Jujeña de Expresos Políticos (Ajep).
Jones Tamayo fue detenido la noche del miércoles pasado en el barrio Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Llevaba 8 años sin ser indagado ni procesado, y prófugo por más tres. “Ahora es casi imposible que le den la excarcelación o la prisión domiciliaria porque él ya se fugó, y uno de los requisitos principales es que no haya sospecha de fuga”, explicó Arroyo, y agregó: “Él sabía que si lo agarraban no había vuelta atrás”.
La dirigente de derechos humanos señaló que la detención de Jones Tamayo “es un alivio”, e hizo un llamado: “La sociedad tiene que entender que deja de convivir con un asesino, un torturador y un ladrón, que un ser de esa calaña deja de convivir con nosotros”.
“Yo cuando hablan de la delincuencia me pregunto si no tienen miedo de vivir con este tipo de personas ‒reflexionó Arroyo‒. La sociedad debe impulsar estos procesos y pedir cárcel para los responsables, debe participar, así como se ocupa de otras cuestiones que en realidad son más complejas porque muchos de esos que delinquen son víctimas, pero en este caso estamos hablando de victimarios. La gente no dimensiona estos temas, no pide a gritos perpetua, no dice ‘le meto un corchazo’ a estos delincuentes, como sí hace con otras situaciones”.
Sin embargo, admite, “poco a poco, paso a paso, se va cumpliendo al menos con una parte, la reparación por lo que sucedió a nuestros seres amados y a las víctimas testigos”.
Un delincuente de primer nivel
El excapitán del Ejército es señalado en numerosos testimonios como responsable de los principales crímenes de lesa humanidad cometidos en la provincia, y aparece en las causas que por los hechos de La Noche del Apagón, la desaparición de los mineros de la Mina El Aguilar, de los militantes del Partido Comunista de la localidad de Tumbaya, del grupo denominado “los 7 del 10”, de Julio Álvarez García, de la docente Dominga Álvarez de Scurta y de los dirigentes gremiales de la obra social del Ingenio Ledesma, entre otras.
“Este oficial del GAM 5 es uno de los personajes más sanguinarios”, señala la agrupación H.I.J.O.S. en un comunicado en el que celebra su detención y repasa: “Actuó como jefe del Servicio de Inteligencia del Área 323 en Jujuy entre los años 1975 a 1976, volviendo a Jujuy el año 1980 hasta 1983, y también fue Oficial del Destacamento de inteligencia Nº 143 con asiento en Salta, dependiente del Batallón 601”.
“Jones Tamayo está comprometido en el 98 por ciento de las desapariciones ocurridas en Jujuy”, precisó Eva Arroyo, y continuó: “Para cuando él se va, aquí ya se había consumado el mayor número de detenciones y desapariciones forzadas, y él participó de la mayoría. Incluso sus propios colegas, los que ahora están procesados y algunos condenados, lo han nombrado sistemáticamente”.
Vaya un ejemplo. En su declaración indagatoria, el excomandante de Institutos Militares de Campo de Mayo y hoy condenado Santiago Riveros, describió la tarea que cumplían quienes ocupaban los puestos como el de Jones Tamayo: “Eran los especialistas en interrogatorios, los únicos que sabían hacerlo. Operaban en todo el país, con vestimentas de civil. Gracias a ellos se ganó la guerra”.
“Nosotros desde H.I.J.O.S. hemos acompañado todo el proceso de seguimiento que hizo la policía, la federal, y pedimos que se subiera la recompensa, seguimos paso a paso su situación, insistiendo con el juzgado”, relata la dirigente, y cuenta que “en algún momento sospechamos que estaba en Salta, porque él escribía en un diario, opinaba en la columna de los lectores, y cuando se pidió el IP, la dirección desde donde enviaba los textos, el diario se negó rotundamente”.
«Un trabajo de hormiga»
Nacido el 11 de agosto de 1942, descendiente de la oligarquía salteña, devenido en historiador, Jones Tamayo gozaba de gran prestigio en esa sociedad. “El tipo goza de aval y prestigio entre la aristocracia salteña y además tiene una relación con Olivera Pastor. Y además la Cámara de Salta nunca dio vuelta las decisiones de Olivera”, recordó Arroyo.
Fue precisamente la connivencia de Olivera Pastor con la Cámara Federal de Salta lo que le brindó todas las posibilidades para fugarse. Esta situación se modificó con la llegada del nuevo magistrado subrogante, Fernando Poviña, quien aceleró las causas.
Sobre el represor pesaba un pedido de captura nacional e internacional recomendada desde el enero de 2011 a partir una medida del juez Poviña. “Los secretarios de Poviña han hecho un trabajo de hormiga para ubicarlo, uno de ellos sobre todo, que lo siguió paso a paso, haciendo una tarea de inteligencia, viendo las filmaciones que le llegaban”, destacó Arroyo.
A pesar de que en la primera causa que se instruyó en nuestra provincia, por el asesinato de la maestra Dominga Álvarez de Scurta, en cuyo dictamen de agosto de 2006, la fiscalía de Domingo Batule ya había pedido la detención e indagatoria del genocida, el depuesto juez Carlos Olivera Pastor nunca concretó el pedido.
“Carlos Olivera Pastor facilitó que se fugara este personaje tan nefasto, tan sanguinario, que está sistemáticamente mencionado en todas las causas”, señaló Arroyo. “El tipo tiene evidentemente mucho poder”, agregó.
