Cada 31 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Trans, una fecha nacida en 2009 para celebrar la resiliencia y denunciar la discriminación estructural que padece el colectivo. En Argentina, y particularmente en Jujuy, la jornada está marcada por un grito que se sostiene hace años: la reparación histórica para las sobrevivientes de la dictadura y la postdictadura, y una legislación que amplíe y haga efectivos los derechos conquistados.
Dana Liz Aramayo pertenece a la Asociación Civil de las Chicas Trans Adultas, a quienes definen como las «históricas». Su lucha no es solo por el futuro, sino por un pasado que las dejó en los márgenes. «Estamos pidiendo por los derechos negados en salud, educación y seguridad. Nosotras no fuimos personas hasta que empezamos a vivir en democracia y recién tuvimos identidad en 2012», explicó en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5).
Este martes, un grupo de integrantes del colectivo se expresó en la puerta de la Legislatura para insistir con sus reclamos: una reparación histórica para sobrevivientes de la persecución estatal; la adhesión de la provincia a la ley nacional de cupo laboral trans, y un marco legal que proteja desde la infancia hasta la tercera edad.

La deuda de la democracia
A pesar de que el Cupo Laboral Trans fue aprobado a nivel nacional hace cuatro años, la provincia de Jujuy aún no se ha adherido formalmente. Esta falta de voluntad política mantiene a la mayoría de las personas trans adultas en una situación de extrema vulnerabilidad.
«Presentamos los proyectos en la Legislatura, pero nunca avanzan. Siempre faltan firmas de apoyo de los diputados; ven nuestra realidad como algo que no interesa, como algo ajeno a la vida», lamentó Aramayo.
El pedido central es una Ley Integral Trans que abarque desde la niñez hasta la vejez, evitando que los derechos lleguen «fragmentados».
Dentro de esta norma, la reparación histórica busca un resarcimiento económico para quienes fueron excluidas de los beneficios previstos para las víctimas de delitos de lesa humanidad, a pesar de haber sufrido la persecución sistemática de las fuerzas de seguridad.
«Las travesti, las trans, fueron parte de la historia pero fueron excluidas. Por eso se dice que no fueron treinta mil, que hubo 400 personas travesti trans que fueron desaparecidas», remarcó Dana.
Y relató: «Una chica vivía conmigo desapareció. No tenemos datos, porque tampoco la familia la reclamó. En esos tiempos, muchas chicas vivían juntas en una habitación que podían alquilar, y cuando salían a trabajar o a comprar, las agarraban los militares».
Sobrevivir a la estadística
La cifra es cruda y se repite como un mantra de resistencia: la expectativa de vida del colectivo trans en Argentina apenas llega a los 35 años. Quienes superan los 45 se consideran sobrevivientes de un sistema que les negó el acceso al estudio y al trabajo formal.
«Nos decimos históricas porque sobrevivimos a los abusos policiales y a la falta de salud. Antes, si querías aprender algo, tenías que hacerlo entre nosotras. Yo aprendí mi carrera de modista gracias a amigos de la comunidad, porque en los cursos oficiales nos negaban la entrada», remarcó Dana.
El desafío de la visibilidad
Uno de los grandes obstáculos para conocer la realidad del colectivo en Jujuy es la falta de datos actualizados. Hubo relevamientos, pero no se logró cubrir toda la geografía provincial.
«El censo travesti trans no llegó a hacerse en toda la provincia. Falta llegar a bastantes lugares. Hay muchos pueblos, al norte, sectores de pueblos originarios donde hay personas trans pero no se llega fácilmente porque tienen un sistema cerrado de protección y tenés que pedir permiso», relató Aramayo.
Las estimaciones indican que puede haber hasta 1500 personas trans adultas por provincia, aunque en Jujuy los registros informales apenas superaban las 200 personas en el último sondeo de la Fundación Damas de Hierro.
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