Por HI.J.O.S. Jujuy. “La identidad es vital. El primer derecho que debe tener un ser humano es que los padres le den un nombre y un apellido, es la herencia que te dejan”. Carla Rutila Artés
El 22 de octubre, para nosotrxs, no es solo una fecha declamativa, es un recordatorio vivo de que el derecho a saber quiénes somos es tan esencial como respirar.
Esta jornada nació en 2004 con la sanción de la Ley Nº 26.001, como reconocimiento a las Abuelas de Plaza de Mayo y su lucha por restituir las identidades robadas de cientos de niñas y niños antes y durante la dictadura cívico, eclesiástica y militar en Argentina.
La identidad no es un simple dato administrativo, son raíces, historia, sangre, memoria.
El derecho irrenunciable de saber quién soy
No se trata de un capricho filosófico, todo derecho humano parte de que se reconozca la identidad. Sin nombre, sin origen, sin filiación biológica, muchas puertas se cierran: herencia, salud, educación, lazos familiares. En Argentina, el derecho a la identidad tiene rango constitucional a través de los tratados internacionales de derechos humanos.
Las Abuelas de Plaza de Mayo lograron articular esa exigencia histórica con la estructura institucional del Estado, impulsando la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). Gracias a ellas, cientos de historias pudieron “volver a la verdad».
En este marco, la dignidad se erige como el valor reconocido, se eleva como principio rector casi fundacional, la dignidad no es sólo individual, sino relacional porque incluye una red de vínculos en la reconstrucción de la memoria colectiva. La dignidad no es un concepto abstracto, sino una práctica política que interpela al Estado, a la sociedad y a la historia.
De ese principio se desprende una actitud de respeto hacia sus valores, creencias, preferencias religiosas, ideológicas y éticas, así como hacia su integridad física y moral. La restitución de la identidad es, en esencia, la restitución de la dignidad humana frente a quienes intentaron negarla con el terror y la mentira.
No se trata solo de devolver un nombre o un documento, tanto a lxs detenidxs-desaparecidxs que fueron identificadxs como a lxs nietxs encontradxs, sino de restituir el derecho a ser plenamente quien se es, en cuerpo, pensamiento y afecto. La restitución de la identidad es también una forma de reparación frente a la violencia sistemática que buscó borrar esas vidas. Es un acto de justicia que confronta el terror y la mentira con verdad y memoria.
El peligro del decreto 351/2025: una ofensiva del negacionismo institucional
La lógica del negacionismo no necesita solo discursos, necesita borrar las instituciones que sostienen la memoria. El Decreto 351/2025 del gobierno de Javier Milei arremete directamente contra esa trama: convierte al BNDG en un organismo sin autonomía ni presupuesto propio, desfinanciando la ciencia y obstaculizando las búsquedas de las Abuelas y sus herederxs.
No se trata de un tecnicismo burocrático, sino de un golpe a los cimientos del derecho a la identidad. Porque cuando un Estado decide debilitar los espacios donde se guarda la verdad, lo que busca es instalar un silencio cómplice que solo beneficia con impunidad a los verdugos.
Las Abuelas lo advirtieron con claridad: “Este decreto pone en riesgo la búsqueda de los nietos”. Y si el Estado se desentiende de esa búsqueda, lo que se apaga no es solo un laboratorio, sino una esperanza.
Una chispa que ilumina: el hallazgo del nieto nº 140
En medio de nubarrones institucionales, surge una luz: la restitución del nieto número 140, hijo de Graciela Romero y Raúl Metz, desaparecidos en 1976. Nació en cautiverio en “La Escuelita” de Bahía Blanca y fue hallado casi medio siglo después.
Cada restitución no solo devuelve una historia personal, sino que revela, de manera irrefutable, la verdad que el terrorismo de Estado intentó borrar. La dictadura ejecutó un plan de exterminio, un genocidio, con un dispositivo sistemático de apropiación de menores.
A esxs niñxs se los condenó a vivir en la mentira, y a sus familias biológicas, a buscarlxs por el resto de sus vidas.
Frente a esa herida, cada nietx recuperadx se vuelve una prueba judicial, moral y política para desmentir al negacionismo, una victoria sobre el olvido, una afirmación colectiva de que el amor es más fuerte que el terror.
El anuncio del nieto 140 fue celebrado con gran alegría. Estela de Carlotto lo dijo con la serenidad luminosa que la caracteriza: “Todavía falta encontrar a 300 nietos y nietas”. Cada unx de ellxs es una verdad en espera.
identidad, memoria y decisión colectiva
El 22 de octubre nos convoca a repasar tres certezas que no pueden diluirse: que el derecho a la identidad es innegociable; que los ataques institucionales son también ataques a la memoria y que cada restitución es una victoria sobre la muerte.
Cada nietx encontradx es la confirmación de que el trabajo sostenido y colectivo nos permitirá seguir encontrándolxs. Esta restitución y esta jornada nos llaman a resistir con esperanza, a confirmar que el Nunca Más se construye con un Estado presente, políticas públicas comprometidas, y la inquebrantable trama del amor, la memoria, la solidaridad y la perseverancia.
Recuperar la identidad de una persona es la evidencia irrebatible de la memoria histórica, de los compromisos políticos con la verdad, la justicia y la reparación en el marco de los procesos de justicia transicional. Es también la restauración de los vínculos afectivos y sociales de las comunidades heridas por la violencia, el silenciamiento y la impunidad.
Porque cuando el Estado se retira, la memoria resiste. Y mientras el legado de las Abuelas de Plaza de Mayo siga levantando un pañuelo, habrá un pueblo entero dispuesto a seguir buscando.
Si tenes dudas sobre tu identidad podes llamar al 011-4384-0983 o escribir a dudas@abuelas.org.ar.
También podés usar el formulario de contacto en su sitio web: abuelas.org.ar

