Por Juan Enrique Giusti*. Hay números que, por sí solos, describen una crisis. Pero cuando esos números representan personas, familias y proyectos de vida, dejan de ser una estadística para convertirse en una tragedia social.
Según manifestó Alberto Del Cura, referente de la Casa de Jujuy en Córdoba, alrededor de 2.000 jóvenes jujeños debieron abandonar sus estudios universitarios en esa provincia. No hay datos de las otras provincias, pero este solo número es una verdadera tragedia.
Dos mil estudiantes que habían apostado por formarse, progresar y construir un futuro mejor tuvieron que regresar porque sus familias ya no pudieron sostener el costo de estudiar lejos de casa.
Cada uno de esos jóvenes representa un sueño interrumpido. Detrás de cada abandono hay padres que hicieron esfuerzos enormes, familias que resignaron consumos, abuelos que ayudaron con sus jubilaciones y un Estado que también invirtió durante años en la educación primaria y secundaria de esos estudiantes.
Cuando un universitario abandona su carrera, no sólo se frustra un proyecto personal: también se pierde una enorme inversión económica y social realizada durante años.
Los datos del empleo privado registrado muestran que Jujuy pasó de 61.217 trabajadores registrados en diciembre de 2025 a 54.757 en abril de 2026. Es decir, en apenas cuatro meses desaparecieron 6.460 puestos de trabajo registrados en el sector privado.
Menos empleo significa menos consumo. Menos consumo implica menos ventas para los comercios, menos actividad para las empresas y menos oportunidades para quienes buscan trabajo, y acá tenés una de las consecuencias de esa caída: 2.000 jujeños que debieron suspender (en el mejor de los casos) sus estudios universitarios en Córdoba.
Es un círculo que se retroalimenta y termina golpeando especialmente a los más jóvenes, que encuentran cada vez menos posibilidades para estudiar, trabajar o desarrollarse.
Y la responsabilidad es compartida por Javier Milei y el tándem Gerardo Morales/Carlos Sadir.
Por un lado, la profunda recesión económica impulsada por el gobierno nacional de Javier Milei ha reducido el consumo, paralizado la actividad económica y deteriorado el mercado laboral. Esa política económica tiene consecuencias concretas en provincias como Jujuy, donde la economía depende en gran medida del mercado interno.
Pero también existe una responsabilidad provincial. El gobierno de Carlos Sadir mantiene salarios estatales que, para una gran parte de los trabajadores públicos, resultan insuficientes para afrontar el costo de vida.
En una provincia donde el Estado es uno de los principales empleadores, cuando los salarios pierden poder adquisitivo se resiente toda la economía local. Los comercios venden menos, las pequeñas empresas producen menos y el empleo privado termina siendo una de las primeras víctimas.
No alcanza con administrar la crisis. Hace falta generar condiciones para que nuestros jóvenes puedan estudiar, recibirse y volver a una provincia que les ofrezca oportunidades. Hace falta recuperar el empleo privado, fortalecer el consumo interno y devolver dignidad a los salarios.
Perder dos mil estudiantes universitarios no puede naturalizarse. Son dos mil profesionales menos para el futuro de Jujuy, dos mil historias truncas y millones de pesos invertidos por las familias y por el Estado que no llegan a transformarse en desarrollo.
Si la provincia continúa expulsando jóvenes y perdiendo empleo formal, el problema dejará de ser coyuntural para convertirse en estructural. Ya lo dijeron varias veces, PERU es su modelo de país.
Por eso, quienes creemos que este modelo económico y social ha fracasado sostenemos que la salida requiere un cambio de rumbo. Y ese cambio de rumbo sólo será posible con un cambio de gobierno, tanto en la Nación como en la Provincia, que vuelva a poner en el centro la producción, el trabajo, la educación y las oportunidades para los jujeños.
* Abogado. Especialista en Estructura Económica
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