Por Randy Stagnaro*. El Banco Central pagó 1023 millones de dólares en 2025 para proteger el valor de las reservas de oro de posibles caídas en el precio de la onza. El dato fue puesto en evidencia este jueves a partir de un informe elaborado por la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre los estados contables del BCRA de 2025.
El BCRA contestó poco después por medio de un comunicado en el que aseguró que “obtuvo en 2025 un resultado neto positivo de USD 2.505 millones por su posición en oro” y aseguró que las autoridades de la AGN actuaban de mala fe: “Como queda en evidencia, la actual conducción de la AGN se encuentra abocada a desprestigiar a la conducción del BCRA, con fines puramente políticos”.
Sin embargo, la información dada a conocer por la AGN pone de relieve dos problemas serios para la conducción del Banco Central que encabeza Santiago Bausili. En primer lugar, el secretismo que rodea su accionar, con decisiones trascendentes que no son informadas a las autoridades competentes ni a la población. Y, en segundo lugar, una capacidad de gestión muy básica de las reservas que se extiende al ministro de Economía, Luis Caputo, otrora nombrado como el “Messi de las finanzas”.
En su reunión de este jueves, la AGN puso a consideración de los auditores una serie de estudios, entre ellos los estados contables del Banco Central del año 2025. El auditor informante, Juan Forlón, observó que, durante ese ejercicio, la suba en el valor del oro (arriba del 50% en 2025) le generó al BCRA una ganancia de un poco más de $8 billones (unos U$S 5.500 millones). Pero que, al mismo tiempo, la operación financiera de cobertura o protección del precio del oro (hedge en la jerga del mercado) derivó en una pérdida de $ 1,469 billones, equivalentes a U$S 1023 millones.
Cómo es el sistema de coberturas
Las coberturas son algo muy común en el sistema financiero. Las emplean los productores agrícolas para asegurarse un precio de su producción; también los de petróleo, para evitar que la volatilidad del precio del crudo afecte sus cuentas; y los inversores respecto del dólar.
En todos los casos, la cobertura actúa como un seguro que garantiza un precio determinado del bien asegurado (granos, petróleo o pesos): si el precio baja, el asegurador pone la diferencia; si sube, el asegurador gana.
Para el que contrata el seguro, no se trata de ganar plata sino de asegurar un precio y no perder si éste cae. En el caso del oro, su precio subió un 53% en 2025 (punta a punta), por lo que el BCRA tuvo una ganancia por el solo hecho de ser propietario del oro, pero al mismo tiempo, debió pagar los costos del “seguro” que terminó sin usar.
Según la información proporcionada por la AGN, no se usó el oro como garantía de un préstamo. De los U$S 1023 millones, U$S 960,2 milllones correspondieron a la pérdida de valor de los contratos (no se ejecutaron porque el valor del oro subió) y 62,8 milllones a las primas del seguro o cobertura.
Secretismo
En una reunión con senadores para discutir la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, a principios de agosto pasado, Bausili aseguró que la falta de información pública sobre el lugar donde estaba físicamente el oro y su uso respondía a la necesidad de no darle una oportunidad a los especuladores de efectuar alguna apuesta financiera que afectara su valor.
Sin embargo, de acuerdo con la información de la AGN, al cierre del ejercicio 2025 “no existían operaciones por este concepto” (cobertura), por lo que Bausili y Caputo podrían haber informado el estado de situación del oro, aunque existe la posibilidad de que en 2026 los dos funcionarios hayan repetido estas coberturas.
Pero el BCRA no solo no informó públicamente sobre el asunto, sino que, además, trató de ocultar la información en la maraña de números, conceptos y citas al pie de sus estados contables.
La autoridad monetaria debió presentar en su balance la revalorización del oro y la desvalorización del instrumento financiero derivado (la cobertura), consolidando ambos en forma explícita en la misma nota o cuenta contable. Sin embargo, el Banco Central los reportó por separado, es decir, no comunicó de forma transparente la arquitectura de la operación desde el inicio.
Tuvo que ser la AGN la que develara el misterio juntando las piezas.
El auditor Luis Naidenoff aprovechó esta forma imprecisa del BCRA de presentar los datos para impugnar el trabajo de Forlón (en lugar de apuntar contra el BCRA por la desprolijidad) al asegurar que “se apartó de las normas que rigen la labor de esta auditoría y las buenas prácticas que garantizan la calidad, objetividad y confiabilidad del control externo” ya que la información sobre el costo de la cobertura (los U$S 1023 millones) no surgían de los estados contables sino de otras fuentes “por fuera de lo contenido en los estados contables concretamente auditados”.
Falta de pericia
El ministro Caputo, su vice, José Luis Daza, Bausili y su vice, Vladimir Werning, son todos mesadineristas, personas que trabajaron en entidades financieras globales –especialmente el JP Morgan– haciendo operaciones de corto plazo. En este punto, llaman la atención los errores de diseño en la cobertura que eligieron para proteger el valor del oro. De allí que el costo de la cobertura haya sido tan alto (los U$S 1023 millones).
Por lo que se sabe, el BCRA contrató un seguro para evitar una pérdida en el caso de una baja en el precio del oro. Pero también contrató un tope, es decir que si el oro subía por encima de determinado precio, esa sobreganancia la perdía. La razón de ello fue para reducir el costo de la cobertura.
En ese sentido, la estructura elegida por el Banco Central fue demasiado rígida y no aprovechó el sprint alcista del oro, del 53% a lo largo de 2025. Podría haber optado por una calibración regular de los valores máximos del oro a medida que su precio subía. También con probar con otras opciones, como ejecutar coberturas escalonadas por tramos de vencimiento o coberturas porcentuales parciales (por ejemplo, asegurar solo un 30% o 50% del stock).
Incluso, podría haber probado la estrategia de autoseguro, mecanismo que permite absorber la volatilidad propia del metal sin pagar primas ni contraer compromisos de liquidación en derivados.
Para hacer estas operaciones no era necesario sacar el oro del país porque los contratos de cobertura estipulan que las diferencias -a favor o en contra- se pagan en dólares, no con oro. Otra auditoría de la AGN está investigando las causas de la expatriación del oro y sus consecuencias. Ese informe ya está en manos de las autoridades del Banco Central.
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