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El circo de la impunidad: Todos al palco para salvar al soldado Adorni

Bajo un operativo de seguridad digno de una cumbre de guerra, el Gobierno nacional prepara una puesta en escena descomunal para blindar a Manuel Adorni en la Cámara de Diputados. El jefe de Gabinete, hoy más ocupado en explicar su patrimonio ante la justicia que en la gestión, llegará al recinto escoltado por un despliegue que delata el tamaño de su vulnerabilidad.

La orden de Javier y Karina Milei fue tajante: Gabinete en pleno a los balcones. La imagen busca proyectar una unidad de hierro, pero el aroma que desprende es de desesperación. Senadores de Patricia Bullrich y la plana mayor del oficialismo se amontonarán en los palcos para aplaudir a un funcionario que, si fuera por el manual de «pureza castrense» que Milei solía pregonar, ya debería estar redactando su renuncia.

En las sombras, Martín Menem garantiza el protocolo de la foto cómplice, mientras la oposición desconfía de una tribuna que promete llenarse de «invitados» con más vocación de barra brava que de testigos institucionales. Las cartas enviadas por Maximiliano Ferraro y Mónica Frade exigiendo transparencia en los ingresos al palco terminaron en el mismo lugar que las explicaciones de Adorni sobre sus bienes: el archivo del silencio.

Mientras tanto, en Unión por la Patria reina el desconcierto. Sin una estrategia unificada, el bloque oscila entre atacar el presunto enriquecimiento ilícito o evitar el barro dialéctico donde Adorni se siente cómodo revoleando carpetas del pasado. Esa falta de orden es el mejor seguro de vida para un funcionario que llega al Congreso con los números en rojo y la moral bajo sospecha.

Hecho inédito

Nunca en la historia parlamentaria un presidente necesitó llevar a todo su séquito para custodiar un informe de gestión. La movida solo se explica por la necesidad narcisista de Milei de reafirmar su poder cuando la realidad le exige soltar la mano de quien ya es un lastre.

La «motosierra» parece haber perdido el filo justo en la puerta del despacho de Adorni. Por una cafetera cara o un departamento en Miami, otros se fueron a su casa sin escalas. Pero con el jefe de Gabinete el criterio es de autopreservación: los Milei creen que, si entregan una pieza, el tablero entero se les viene encima. Ya no importa si Adorni es honesto o eficiente; lo único que importa es que no se caiga, para que el relato no termine de desmoronarse.

El formato de la sesión

Para que el daño sea controlado, el oficialismo diseñó un cronograma a medida. Sesión abreviada, tiempos cronometrados y las preguntas más incómodas —las de Unión por la Patria— pateadas para el final, cuando la luz de las cámaras se apague y el interés mediático haya mermado.

Tras las tandas de preguntas, Adorni tendrá sus 20 minutos de aire para el descargo, y Gabriel Bornoroni será el encargado de bajar el telón con la épica libertaria de rigor. Un libreto perfecto para un Gobierno que prefiere el espectáculo antes que las explicaciones.

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