El último informe de la Secretaría de Empleo, afirma que en abril el salario medio real cayó un 1,6% respecto a marzo, consolidando una tendencia negativa iniciada en febrero. Actualmente, el poder de compra de los trabajadores privados vuelve a ubicarse en valores previos al cambio de gobierno.
El reporte oficial distingue tres etapas en la evolución reciente del ingreso: una fuerte contracción en diciembre (-10,7%), una leve recuperación en enero, y una nueva fase de retroceso hasta abril, cuando el índice de salario real se ubicó en 99,7 puntos (base 100 = noviembre de 2023). No obstante, en la comparación interanual, los ingresos mostraron un alza del 7,9% respecto a abril de 2024.
Las paritarias aparecen como un factor central en la explicación de este deterioro. En abril, los salarios acordados en convenios colectivos subieron apenas un 0,2%, tras cuatro meses de caídas. Interanualmente, ese ajuste fue del 6,1%, insuficiente para seguir el ritmo inflacionario, según analistas. Las cláusulas de actualización no lograron recuperar el terreno perdido.
El economista Federico Pastrana señaló que “la recuperación del salario real tiene corto alcance” y que con una inflación mensual superior al 1%, será difícil sostener mejoras sostenibles. Además, destacó que muchas paritarias apelan a sumas fijas como herramienta de compensación, aunque los incrementos proyectados para los próximos meses son bajos.
A esto se suma la dificultad de contar con un indicador integral del salario real. El RIPTE —que mide solo a trabajadores con más de 13 meses de antigüedad— creció un 2,9% en abril, levemente por encima del IPC oficial (2,8%), pero sin capturar toda la complejidad del mercado laboral.
Por su parte, el índice de salarios del Indec reflejó un aumento del 3% en marzo, por debajo de la inflación del 3,7%, con los trabajadores del sector privado como los más afectados.
En este escenario, la evolución de los ingresos dependerá de las próximas paritarias y del rumbo macroeconómico. Por el momento, el retroceso del salario real refleja el impacto de una economía estancada, con bajo consumo y débil poder de negociación para los trabajadores.

