En junio, el Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación hizo un informe realizado de manera ininterrumpida desde el 1 de abril del 2023 –cuando el intento de suicidio se convirtió en notificación obligatoria, es decir que deben ser registrados en el Sistema Nacional de Vigilancia Sanitaria (SNVS)– hasta el 30 de abril del 2025, en el cual se puede ver la radiografía completa del problema: 15.807 intentos de suicidio en dos años, un promedio de casi 22 por día.
Además, el informe determinó que el 94,3% del total, corresponde a casos en los cuales la persona no se quitó la vida y el 5,7% (906), a intentos de suicidios que terminaron en muerte.
Y otra vez las estadísticas confirman que, con el 60% intentos notificados, los varones son los que presentan un mayor riesgo de resultado mortal, ya que el 2,2% de los intentos de suicidio en mujeres terminan en muerte, contra el 11,1 % en individuos del sexo masculino.
Para simplificar la información y hacer énfasis en esta problemática de salud mental mundial, el informe agrega: “Esto da cuenta de un riesgo 5 veces mayor de que el resultado del intento de suicidio sea mortal en el sexo masculino en relación con las mujeres”.
Respecto a las edades, 91 intentos de suicidio cada 100 mil habitantes en jóvenes de 15 a 19 años; 85 casos cada 100 mil habitantes en jóvenes de 20 a 24 y se informaron 23 eventos en menores de 5 a 9 años, “un dato que, aunque de baja frecuencia, debe considerarse como señal de alerta y llamado a reforzar las acciones comunitarias de prevención y detección precoz en las infancias”.
El impacto es particularmente grave entre adolescentes y jóvenes adultos, ya que más del 30% de los casos se concentra en jóvenes de 15 a 29 años.
Además, las tasas entre varones son consistentemente más altas: en promedio, triplican las cifras observadas en mujeres.
El reporte de la cartera sanitaria enfatiza que “es necesario visibilizar esta problemática para poder abordarla de manera oportuna” y que contar con información actualizada, sistematizada y federal permite orientar mejor las políticas públicas y el diseño de estrategias preventivas. En esta línea, remarcan que poner en números un fenómeno tan silenciado es un paso imprescindible para evitar que ocurra.

Según el informe, se define como suicidio a todo comportamiento para el que existe evidencia, implícita o explícita, de intencionalidad de provocarse la muerte. Y brinda dos clasificaciones:
- Sin resultado mortal: todo comportamiento con resultado no mortal para el que existe evidencia, implícita o explícita, de intencionalidad de provocarse la muerte.
- Con resultado mortal: todo comportamiento con resultado mortal para el que existe evidencia, implícita o explícita, de intencionalidad de provocarse la muerte.
En cuanto al sexo y especialmente su vínculo con la edad, puede verificarse que, para todos los grupos de etarios, con excepción de los mayores de 65 años, las tasas más elevadas corresponden al sexo femenino.
Sobre el modo de concretar el suicidio, la sobreingesta de medicamentos es la modalidad más utilizada para el evento (46%); esta modalidad, sin embargo, presenta diferenciales según sexo. En el caso de las mujeres, su uso asciende casi al 60% y en los varones alcanza el 27%.
En el sexo masculino, según el informe, la modalidad que predomina es el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación (39%), que representa el tercer método utilizado por las mujeres. Por último, el uso de objeto cortante es una modalidad que presenta un porcentaje similar en ambos sexos (16%), ubicándose en segundo lugar para las mujeres y el tercero para los varones.
Esta variación puede estar vinculada con múltiples factores: desde el aislamiento territorial y la menor disponibilidad de recursos, hasta características sociodemográficas propias de cada provincia.
En cuanto al modo de concretar el suicidio, la sobreingesta de medicamentos es la modalidad más utilizada para el evento (46%); esta modalidad, sin embargo, presenta diferenciales según sexo. En el caso de las mujeres, su uso asciende casi al 60% y en los varones alcanza el 27%.
En el sexo masculino, según el informe, la modalidad que predomina es el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación (39%), que representa el tercer método utilizado por las mujeres. Por último, el uso de objeto cortante es una modalidad que presenta un porcentaje similar en ambos sexos (16%), ubicándose en segundo lugar para las mujeres y el tercero para los varones.

Cómo reconocer las señales de alerta
El 94,3% de los eventos registrados entre 2023 y 2025 no tuvo resultado mortal según el Sistema Nacional de Vigilancia.
La detección precoz es una de las herramientas más efectivas para prevenir el suicidio. Según el Ministerio de Salud, algunos indicadores de riesgo pueden manifestarse en el lenguaje, la conducta o los hábitos cotidianos. Entre las señales más frecuentes se incluyen:
- Manifestaciones verbales directas o indirectas sobre la intención de morir.
- Cambios marcados en el estado de ánimo, la alimentación o el sueño.
- Conductas de aislamiento, retraimiento o pérdida de interés.
- Actos de despedida o entrega de objetos personales.
- Búsqueda de medios para autolesionarse.
La presencia de uno o varios de estos signos no implica necesariamente que una persona quiera quitarse la vida, pero sí constituye un motivo suficiente para activar dispositivos de atención. En ese sentido, el Ministerio sostiene que es fundamental fortalecer los equipos del primer nivel de atención y generar entornos donde se pueda hablar del tema sin estigmas ni juicios.
Entre los factores de riesgo estructurales, el informe señala el consumo problemático de sustancias, los antecedentes psiquiátricos, las situaciones de violencia y la falta de contención social. A su vez, se destaca que el suicidio no es un fenómeno aislado: muchas veces responde a trayectorias de sufrimiento psíquico prolongado, desigualdad estructural y barreras de acceso a servicios de salud mental.

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