Tras semanas de intensos bombardeos de la coalición liderada por Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, el escenario actual se debate entre una propuesta de alto al fuego unilateral por parte de Washington y la persistencia de las operaciones militares israelíes.
El frente militar: ofensiva continua y nuevos objetivos
A pesar de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció recientemente una orden para posponer por cinco días los ataques contra la infraestructura energética de Irán, la realidad en el terreno muestra una dinámica distinta:
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han lanzado una nueva oleada de ataques «a gran escala» sobre la capital iraní, apuntando a instalaciones de la Guardia Revolucionaria y fábricas de drones. Israel sostiene que estos operativos son necesarios para neutralizar la capacidad de respuesta misilística de Irán.
En tanto, el conflicto se ha expandido con fuerza hacia el sur del Líbano. Israel ordenó la destrucción de todos los puentes sobre el río Litani para cortar las líneas de suministro de Hezbolá, lo que ha generado un desplazamiento masivo de civiles hacia el norte.
Dentro del territorio iraní, informes de inteligencia sugieren que el líder supremo, Mojtaba Jameneí, podría estar herido o aislado tras los ataques a los centros de mando en Teherán, aunque estas versiones no han sido confirmadas oficialmente.
El factor Trump y el ultimátum de 48 horas
La estrategia de la Casa Blanca ha sido calificada como «escalar para desescalar». Donald Trump ha condicionado el cese de las hostilidades a una serie de exigencias críticas.
El presidente estadounidense anunció que ha sostenido conversaciones con Teherán para una «completa y total resolución de hostilidades» en Medio Oriente. Y añadió que, como resultado del diálogo, ha pospuesto los ataques contra las centrales eléctricas iraníes que amenazó con destruir si no se reabría el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán niega que el diálogo haya tenido lugar, según la cadena CBS, socia de la BBC en EE.UU.
El sábado en la noche, Trump advirtió que le daba 48 horas a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz «por completo» y «sin amenazas»; de no hacerlo, afirmó, EE.UU. «arrasará» las centrales eléctricas iraníes. Pero ahora, el presidente estadounidense afirma que ha sostenido «muy buenas y productivas conversaciones» con Irán.
Por otro lado, Washington ha declarado formalmente que no reconoce la legitimidad de Mojtaba Jameneí, sugiriendo que el objetivo final es un cambio de régimen impulsado por la presión militar y el descontento interno.
La respuesta de Irán: el Estrecho de Ormuz como arma
Teherán ha endurecido su postura y ha planteado seis condiciones para detener la guerra, entre las que destacan el cierre de las bases militares de EEUU en Medio Oriente y el pago de compensaciones por los daños.
La principal vía marítima para el comercio mundial de energía, bloqueada y militarizada, podría convertirse en el desencadenante de la destrucción total de la infraestructura iraní.
Irán advirtió que desplegará un sistema de minas navales en el golfo Pérsico si sus instalaciones energéticas vuelven a ser blanco de ataques.
El impacto energético es sostenido: el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha caído un 95%, disparando los precios del gas natural y el petróleo a nivel global. El régimen iraní asegura que el paso solo está abierto para «países no hostiles».
Consecuencias humanitarias y globales
Aunque las cifras oficiales son difíciles de verificar por el apagón de internet que sufre Irán (que ya suma 24 días), organizaciones internacionales estiman más de 3.000 fallecidos en territorio iraní, incluyendo una alta proporción de civiles.
En el ámbito económico financiero, la brecha entre el petróleo Brent y el WTI ha alcanzado niveles récord, y la incertidumbre sobre la tregua de cinco días mantiene en vilo a las bolsas mundiales.
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