La política europea y global vivió este domingo un giro histórico con la contundente derrota del primer ministro Viktor Orbán. Tras 16 años de liderazgo absoluto, el partido conservador Tisza, encabezado por Péter Magyar, logró una victoria resonante en las elecciones legislativas, alcanzando una mayoría de dos tercios en el Parlamento que le permitirá iniciar un proceso de transformación profunda en el país.
Péter Magyar, de 45 años y antiguo militante del partido oficialista Fidesz, capitalizó el descontento social generado por una economía estancada, la inflación y las tensiones constantes con la Unión Europea. Su campaña se centró en la lucha contra la corrupción, la restauración del Estado de derecho y el desbloqueo de los fondos europeos congelados por Bruselas.
Con el 96% de los votos escrutados, el partido Tisza obtuvo 138 escaños frente a los 54 de Fidesz, el espacio de Orbán. Este resultado le otorga a Magyar más de dos tercios del Parlamento, lo que le permitirá gobernar sin necesidad de alianzas.
Magyar prometió ante una multitud en Budapest el inicio de un «cambio de sistema». Según sus declaraciones, el objetivo inmediato será reinsertar a Hungría plenamente en la comunidad europea y la OTAN, marcando una clara distancia con la postura pro-rusa que caracterizó la última etapa de Orbán.
Aunque Orbán reconoció la derrota, aseguró que continuará defendiendo sus ideales desde la oposición. Sin embargo, con una mayoría legislativa tan amplia, Péter Magyar tiene el camino despejado para cumplir su promesa de «limpiar» las instituciones y revertir las reformas constitucionales que durante casi dos décadas consolidaron el poder de la ultraderecha húngara.
Repercusiones internacionales
La derrota de Orbán no solo impacta en Budapest, sino que resuena con fuerza en los despachos de sus principales aliados internacionales. Orbán se había convertido en el faro ideológico de la nueva derecha populista, manteniendo vínculos estrechos con figuras como Donald Trump y Javier Milei.
El presidente de Argentina Javier Milei había visitado a Orbán apenas tres semanas antes de los comicios para brindarle su apoyo personal, consolidando una alianza que hoy ve perder a su mayor referente en el Viejo Continente.
El estadounidense Donald Trump se había involucrado activamente en la campaña, enviando a su compañero de fórmula, JD Vance, al cierre de actividades en Hungría.
La caída de Orbán se interpreta en diversos medios internacionales como un posible síntoma de desgaste para este tipo de liderazgos de cara a las próximas citas electorales.
El presidente de Ucrania Volodímir Zelenski fue uno de los primeros en celebrar el triunfo de Magyar. A través de sus redes sociales, felicitó al líder del partido Tisza por su «victoria resonante» y expresó su disposición para un trabajo conjunto que beneficie la estabilidad de Europa, tras años de bloqueos y roces diplomáticos con la gestión de Orbán por su cercanía con el Kremlin.
Por su parte, la Unión Europea recibió la noticia como un alivio institucional. Ursula von der Leyen y otros líderes regionales ven en Magyar la oportunidad de normalizar las relaciones con Budapest y fortalecer la cohesión del bloque frente a los desafíos geopolíticos actuales.
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