En el marco del Año Jubilar, un centenar de obispos peregrinó al santuario de Nuestra Señora de Luján, donde celebraron la misa de clausura de la 127ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
La Eucaristía fue presidida por el obispo de Jujuy y vicepresidente segundo de la CEA, monseñor Daniel Fernández, y concelebrada por los arzobispos Carlos Sánchez (Tucumán) y Mario Cargnello (Salta).
En su homilía, de fuerte contenido social y político, convocó a los obispos y a toda la dirigencia nacional a ser “una luz de esperanza entre tantos desafíos que vivimos como argentinos”.
Fernández expuso: “Cómo anunciar y sostener esa esperanza puesta a prueba en tantos hermanos nuestros —se preguntó—, en los que sufren en su cuerpo y en su alma, en los que no tienen trabajo y no pueden ofrecer el pan de cada día a sus hijos, en los jóvenes desorientados y abandonados a su suerte, en los ancianos que experimentan no poder satisfacer sus mínimas necesidades para su vida diaria y el cuidado de su salud”.
Luego “Podríamos seguir describiendo largamente una realidad que contemplamos con nuestros ojos cada día”, logrando así una conexión directa con la vida diaria de millones de argentinos.
La homilía, leída en el actual escenario nacional, constituyó una exhortación a toda la dirigencia. Las palabras del obispo interpelaron a quienes ejercen responsabilidad pública, al argumentar que la fe cristiana implica una atención directa a los rostros concretos del sufrimiento.
La Iglesia argentina finalizó así su asamblea con un gesto de compromiso moral y espiritual, uniendo la tradición de Luján con la situación actual: acompañar, consolar y orientar a un país en transformación sin descuidar a “los jóvenes desorientados, los ancianos desamparados y los pobres que claman por justicia”.

