Tras dos semanas de reuniones en Belém, una de las ciudades amazónicas de Brasil, la Cumbre Climática COP30 llegó a su fin este sábado tras negociaciones que llegaron hasta la madrugada y con un acuerdo ambiental concreto, pero sin una planificación gradual para abandonar el uso de combustibles fósiles.
A pesar de tratarse de un convenio que no logra dar una “hoja de ruta” para resolver el principal causante del calentamiento global que padece la Tierra, la sesión plenaria estalló en aplausos cuando el presidente de la COP30, el diplomático brasileño André Correa do Lago, marcó su aprobación al documento final.
El consenso de cierre fue apoyado por los casi 200 países que participaron de la Cumbre, que entre otras cosas pasará a la historia por la notable ausencia de EE.UU. decidida por Donald Trump.
Protestas en la puerta de la sede de la COP30. Foto: BBC/Getty
Diferencias
Algunos países, entre los que resaltó el bloque de la Unión Europea (UE), intentaron exigir un camino para dejar atrás los combustibles fósiles, fundamentalmente petróleo, gas y carbón. Sin embargo, su objetivo no fue cumplido y el acuerdo de ocho páginas solo recomienda a los países iniciar su acción climática de manera voluntaria.
Al inicio de la cumbre, existía la expectativa de que sería una oportunidad para terminar con el uso de los combustibles fósiles, productos que generan en buena medida el calentamiento global.
Inicialmente más de 30 países, entre los que estaban los europeos, naciones de economías emergentes y países insulares, firmaron una carta donde le advertían al país anfitrión que rechazarían todo acuerdo que no dejara atrás a los combustibles fósiles. Finalmente ese rechazo no existió.
El comisario europeo del clima, Wopke Hoekstra, le reconoció a la prensa que “hubiéramos preferido tener más ambición en todo”, pero señaló que al acuerdo “deberíamos apoyarlo porque al menos va en la dirección correcta”.
Motivada por estas discusiones, la ministra de Transición Ecológica de Francia, Monique Barbut, acusó a Rusia y a Arabia Saudita, grandes productores de petróleo a nivel mundial, y a India, reconocida productora de carbón, por priorizar uno de los principales elementos de su economía antes que el bienestar ambiental de la Tierra. Sin embargo, este sábado ella también firmó el acuerdo porque no hay “nada extraordinariamente malo en él”.
Optimismo a medias
De esta forma, tras más de dos semanas de debates, incluidas protestas de los movimientos indígenas brasileños y hasta un incendio en la sede central del encuentro -que obligó a frenar las actividades diplomáticas-, la COP30 terminó con el acuerdo que se pudo conseguir.
Quizás uno de los que más celebró el acuerdo fue Luiz Inácio Lula da Silva, quien había dicho que la Cumbre Climática en su país sería “la COP de la verdad”, y apostó un gran capital político en su realización.
En un sentido más político que ambiental, el entendimiento final también fue importante para valorar la cooperación internacional frente al unilateralismo de Donald Trump, un ferviente negacionista del cambio climático al mando de uno de los países que más contaminó y contamina en el mundo.
A esto se refirió el Secretario de Estado de Medio Ambiente de Alemania, Jochen Flasbarth, que lamentó que “tenemos que tener en cuenta el contexto geopolítico y, al final, no nos queda otro camino”.
Discutir la riqueza
Sin embargo, la COP también fue un espacio para discutir riqueza, quizás como pocos en la actualidad. Varios países en desarrollo, algunos de los que se negaron a dejar atrás los combustibles fósiles y propusieron un acuerdo menos restrictivo de su uso, les pidieron a la UE y a otros países desarrollados que los ayudaran económicamente para la adaptación frente al impacto del cambio climático en sus territorios, por ejemplo, contra las sequías o las inundaciones, e impulsaron una baja en emisiones de carbono.
Si bien en primera instancia los países europeos rechazaron esta posibilidad, el convenio firmado sostiene que deberán “al menos triplicar” la adaptación hacia el año 2035. De esta forma se sostiene el espíritu del aún incumplido objetivo de la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, que apuntaba a que las potencias económicas aporten 300.000 millones de dólares anuales a los emergentes con fines ambientalistas, incluso a través de gravar el lujo, la tecnología y el material bélico.
“Las negociaciones intergubernamentales funcionan sobre un mínimo común denominador, pero nuestra lucha continuará”, advirtió un diplomático de Bangladesh.
O Brasil assumiu nos últimos meses o desafio de sediar três grandes fóruns internacionais: o G20, os BRICS e a COP30. Todos foram um sucesso e mostraram que o nosso país voltou a ocupar seu papel no mundo com respeito e diplomacia.
Vamos seguir comprometidos com o… pic.twitter.com/EF1nDURVnf
— Lula (@LulaOficial) November 23, 2025
La otra discusión alrededor del acuerdo final fue el área comercial, una exigencia de China y otros países emergentes para la UE. Este debate quedó integrado en el tratado, a nivel de exigir el diálogo sobre cuestiones comerciales.
Li Gao, jefe de la comitiva china, dictaminó que estaba “satisfecho con el resultado” de la COP30 en Brasil, y aseguró que “logramos este éxito en una situación muy difícil, lo que demuestra que la comunidad internacional desea mostrar solidaridad y aunar esfuerzos para abordar el cambio climático”.
Esta idea fue plasmada en el texto, que reconoce al cambio climático como “una preocupación común de la humanidad” y llama a sostener el Acuerdo de París.

