Franco Oscari recuperó la libertad tras once días de una detención plagada de irregularidades, traslados clandestinos y vejaciones. En diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), repasó el calvario que vivió desde su captura en el monte de Palma Sola e interpretó el caso como un intento de disciplinamiento por su defensa del territorio frente al extractivismo. «Un día entero tuvieron a toda mi familia y a mis abogadas incomunicadas, nadie sabía nada de mí», remarcó.
El pasado viernes, el juez federal Ariel Lijo dispuso la liberación de Franco Matías Javier Oscari, aunque decidió mantener su procesamiento sin prisión preventiva en una causa iniciada por una supuesta amenaza en redes sociales contra Patricia Bullrich. La decisión implica que el joven recupera la libertad, pero continúa vinculado al expediente en el fuero federal.
Oscari permaneció once días detenido en un circuito de traslados interprovinciales que la propia Fiscalía Federal llegó a calificar como «bochornoso» e «ilegal».
El viernes, el joven campesino y militante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) abandonó la delegación local de la Policía Federal y volvió al paraje Las Goteras, ubicado en la zona rural de Palma Sola, para reencontrarse con su familia.
El regreso tuvo una fuerte carga emotiva: «Mi madre muy desesperada, lloraba. Mañana es su cumpleaños y cuando me fue a visitar a la delegación me decía que no sabía si yo iba a estar», relató Franco.
El caso, que movilizó a organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, expuso una trama donde se cruzan la criminalización de la protesta, la celeridad judicial para perseguir supuestas amenazas y la sombra de los intereses inmobiliarios y mineros en el interior de la provincia.
Para mantener la libertad ambulatoria de Oscari durante el desarrollo del proceso penal, la resolución judicial le impuso un embargo sobre sus bienes y dinero por un monto de 700.000 pesos, la prohibición de salir del país y la obligación de presentarse del 1 al 5 de cada mes ante la Unidad Operativa Federal de Jujuy.
La irrupción en el monte y el circuito del horror
La pesadilla de Franco comenzó el martes 26 de junio a las 5 de la mañana, en la localidad de Las Goteras, un paraje monte adentro ubicado a 56 kilómetros de Palma Sola.
«Nosotros vivimos monte adentro, no tenemos prácticamente vecinos. Estábamos descansando cuando la policía irrumpió con armas, de forma muy agresiva», recordó.
Tras un viaje de varias horas hacia San Salvador de Jujuy para los primeros procedimientos, el panorama se volvió oscuro el día jueves: «Entraron a la celda y me dijeron ‘prepará tus cosas que te vas’. Pregunté adónde, pedí información, pero me decían que no tenían por qué decírmelo, que recibían órdenes. Me asusté porque no sabía qué estaba pasando conmigo».
Allí comenzó un derrotero. «Yo me di cuenta recién en Tucumán cuál era la intención de la Policía Federal: llevarme por tierra a Buenos Aires», contó Franco.
Ese traslado violaba las garantías procesales básicas. «Gracias a la actuación de mi abogada lograron saber que yo estaba en Tucumán. Después de todo un día de estar incomunicado, nadie sabía de mi paradero; se volvió una situación angustiante y peligrosa. Yo mismo tenía miedo por lo que me iba a pasar. Si no le dan aviso a la familia ni a los abogados, me podrían haber hecho desaparecer; ese era mi miedo», confiesa con crudeza.
Durante ese periplo, el joven denuncia haber sufrido tratos degradantes que excedieron cualquier protocolo estándar de seguridad. «He sufrido varios traslados por parte de la Policía Federal donde considero que se han violado mis derechos. En todos esos procesos fui desnudado, sabiendo que yo venía de otra delegación y que ya había sido requisado previamente. Me parecía innecesario desnudarme y hacerme abrir las nalgas para ver si traía algo en el ano. Eso fue traumante. Ellos decían que era su protocolo, pero yo me sentía muy mal», describió.
Una acusación insólita y la justificación del «riesgo de fuga»
La causa judicial penal que motivó el despliegue de las fuerzas federales se sostiene sobre una presunta amenaza virtual dirigida a la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich. En la audiencia formal se le acreditó a Oscari un mensaje directo que decía algo como «Vieja, hija de tal cosa, si usted no renuncia la mandaremos a matar», relató el joven.
Pero Franco niega haber escrito esas palabras y apunta a la vulnerabilidad de sus redes sociales en una zona con graves deficiencias de conectividad. «Ese mensaje yo no recuerdo haberlo escrito. Yo he perdido el teléfono múltiples veces dejando mi perfil y mis cuentas abiertas, también me han robado el aparato e hice las denuncias correspondientes», aclaró.
Como muestra de buena fe, remarcó, se puso a disposición de la justicia desde el primer minuto: «Le di mi teléfono y el patrón de desbloqueo a la policía para que hagan la investigación pertinente».
Uno de los puntos más controvertidos de la detención fue la argumentación oficial para dictar la prisión preventiva inicial, basándose en un supuesto «riesgo de fuga» derivado de su condición de trabajador rural.
«Es una locura -señaló Franco-. Yo vivo en el campo hace dos años, nos dedicamos a trabajar en familia, a cuidar la tierra y a defender el territorio. Somos personas humildes. No cobro ningún haber del gobierno ni tengo un ingreso fijo; si yo no trabajo, no tengo un plato de comida. No tengo el poder económico ni los medios como para fugarme o mandar a hacer la cosa de la que se me acusa».
«Todo tiene que ver con todo»: la pista del extractivismo y los desalojos
Para Franco Oscari y su equipo de defensa técnica, la causa por la presunta amenaza virtual funciona como una manera de disciplinar su activismo comunitario.
Es que Palma Sola y sus alrededores son escenario de una fuerte disputa territorial entre familias campesinas históricas y empresarios agrícolas o mineros.
«Venimos de una lucha fuerte por el territorio. A la familia de mi pareja se la quiere desalojar de sus tierras, donde han vivido más de 40 años. De pronto aparecieron terratenientes con papeles que no sabemos si son verdaderos a reclamar el lugar», denunció Franco, detallando que el predio pertenece a su suegro, Don Guillermo.
Curiosamente, la detención del joven ocurrió apenas veinticuatro horas después de un hito judicial clave para la comunidad: la salida de un amparo a favor de la Organización Tierra Fértil que frenó un intento de desalojo inminente. «Fue una victoria para nosotros saber que no nos van a desalojar, porque las mismas personas que querían sacarnos fueron hasta ahí a intimidarnos», subraya.
A este conflicto de tierras se le suma la militancia activa de Franco en el MNCI y su férrea oposición a la instalación de proyectos extractivistas en la región, puntualmente vinculados a la Minera Bronce, una firma de capitales chilenos que opera en la localidad vecina de Siete Aguas extrayendo minerales del Cerro Santa Bárbara.
«Nos opusimos con firmas y publicaciones dentro de nuestra comunidad porque querían instalar una planta de lavado de minerales en un barrio donde viven familias y chicos muy cerca. Eso iba a contaminar todo el ambiente, las plantas y el agua, en un pueblo que ya sufre por la escasez de agua», explicó el estudiante de agronomía.
Para él, el trasfondo de su detención es evidente: «Yo siento que todo esto va por ahí: por ser un militante, estar en contra del extractivismo y defender el territorio. Como dice un amigo, todo tiene que ver con todo.»
La incertidumbre del después
Aunque el regreso a Las Goteras trajo alivio y el cálido abrazo de la comunidad -a la cual Franco agradece por «haber estado pendiente y publicando»-, la tranquilidad está lejos de ser completa. La defensa ya anticipó que avanzará con las apelaciones para lograr el sobreseimiento definitivo y que la tramitación de la causa quede radicada ante un juez natural dentro del territorio de la provincia de Jujuy, anulando la intervención del juez Ariel Lijo.
Mientras tanto, el sabor de la persecución penal sigue latente en el día a día del joven campesino. «Queda mucha incertidumbre porque yo todavía sigo procesado, mi situación no se aclaró y la investigación continúa. No sé si el día de mañana se les ocurre mandar una nueva orden de detención; eso a mí no me deja vivir tranquilo», concluyó.
Franco Oscari recuperó la libertad y regresó a Palma Sola: Está con su familia
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