El radicalismo nacional sumó un nuevo capítulo a su interna feroz. Los diputados del bloque Provincias Unidas, entre los que se encuentran los jujeños Jorge Rizzotti y María Inés Zigarán, elevaron un pedido formal al Comité Nacional para ser reconocidos como la única representación oficial de la UCR en la Cámara de Diputados.
El reclamo busca prohibir que el bloque «oficial» (liderado por la mendocina Pamela Verasay) siga utilizando el nombre histórico del partido.
El argumento es político y ético: acusan a ese sector de haber traicionado los principios de la UCR al no defender el financiamiento universitario y las leyes de discapacidad en el Presupuesto 2026.
El eje de la polémica: ¿Quién es el verdadero radical?
La nota enviada al presidente del partido, Leonel Chiarella, lleva las firmas de Martín Lousteau, Pablo Juliano, Mariela Coletta y los mencionados Rizzotti y Zigarán. En el documento, denuncian un «accionar sistemático» del otro bloque que resulta «incompatible con los principios históricos del radicalismo».
«Solicitamos que ningún otro bloque parlamentario pueda continuar utilizando la denominación ‘Unión Cívica Radical’», sentenciaron, argumentando que la identidad partidaria debe estar asociada al respeto de las decisiones orgánicas del partido.
Para el sector de Rizzotti y Zigarán, el quiebre total se dio durante el debate del Presupuesto 2026, cuando el bloque de Verasay votó mayoritariamente a favor de derogar leyes sensibles para el partido, desoyendo el mandato expreso de la conducción nacional.
Un radicalismo atomizado
La realidad numérica muestra a una UCR fragmentada en mil pedazos:
- Bloque UCR (Oficial): 6 miembros (liderados por Verasay, cercanos a los gobernadores de Mendoza y Corrientes).
- Provincias Unidas: 5 miembros (Lousteau, Rizzotti, Zigarán, entre otros).
- Libertad Avanza: 2 radicales «con peluca» que se sumaron directamente al oficialismo.
- Monobloque: Karina Banfi.
La respuesta del oficialismo
Desde el entorno de Pamela Verasay no tardaron en responder, calificando la movida como un «fracaso rotundo» y una maniobra de una «minoría rupturista». Aseguran que el Comité Nacional ni siquiera tiene previsto tratar el pedido y que ellos «ganaron la pulseada» por el uso del sello.
Mientras tanto, en la última reunión virtual del partido, el tema fue ignorado en la agenda oficial, dejando la disputa en un estado de máxima tensión que promete escalar a medida que avance el año legislativo.
El trasfondo jujeño: la sombra de Morales y el futuro del Frente Cambia Jujuy
La jugada de Rizzotti y Zigarán no es aislada. Ambos legisladores son piezas clave del esquema de Gerardo Morales, quien desde la conducción nacional (pese a la nueva presidencia de Chiarella) sigue impulsando una línea de oposición frontal a las políticas de ajuste del Gobierno Nacional en áreas sensibles como educación y salud.
En Jujuy, este posicionamiento busca diferenciar al «radicalismo de gestión» de los sectores que hoy se muestran más alineados con La Libertad Avanza. La postura de los diputados jujeños en el Congreso también envía una señal interna hacia el Frente Cambia Jujuy: la UCR no está dispuesta a ceder su identidad ni su marca frente al avance de los sectores «libertarios», incluso si eso implica romper bloques y judicializar el uso del nombre del partido.
Con este movimiento, Rizzotti y Zigarán blindan su perfil de «opositores responsables» de cara a un 2026 que será clave para la reorganización del radicalismo en la provincia, marcando distancia de los legisladores que, según sus propias palabras, «se pusieron la peluca».

