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Hasta el Papa le da la razón a Evita

Por Javier Bach Bilbao – Militante Peronista. El 26 de julio de 1952 fallecía María Eva Duarte de Perón, inmortalizada por el pueblo como Evita, la abanderada de los humildes. A 74 años de su partida, la vigencia de Evita no se mide en el bronce de los monumentos, sino en la actualidad de las preguntas que supo formular sobre la justicia social.

Mucha ha sido la literatura escrita a lo largo de estos 74 años. Sin embargo, en estos tiempos tan adversos para las mayorías populares, con una degradación extrema de conceptos que resultan medulares para quienes sostenemos una vida de militancia y de compromiso contemporáneo, cuando la máxima magistratura del país se refiere a la justicia social como una aberración, resulta casi inevitable volver a tener presente aquella máxima según la cual “donde hay una necesidad, nace un derecho”, la cual debe ser tenida en cuenta por los gobernantes de turno, cualquiera sea su signo.

En estos tiempos modernos, donde la inteligencia artificial pugna por entrometerse en cada aspecto de la vida humana, la lectura paciente y profunda de la encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, retoma la idea de la justicia social como un elemento constitutivo y elemental en el gobierno de los países, evitando caer en la cultura del descarte, material o humano, tal como advirtiera el papa Francisco en sus encíclicas Laudato Si y Fratelli Tutti.

Y no es casual que el propio pontífice haya señalado en los migrantes y refugiados la “prueba de fuego” de la justicia social en la era digital, un llamado que interpela de manera directa a una provincia de frontera como Jujuy, atravesada históricamente por las dinámicas del Norte Grande y por la circulación de miles de hermanos y compatriotas bolivianos.

También repasó Su Santidad el nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, que se fue enriqueciendo a partir de la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, allá por 1891, como un rescate de la dignidad del trabajo humano, orientado a garantizar a cada trabajador un salario justo en tiempos de la Revolución Industrial.

Desde la militancia peronista, cuya doctrina se nutre justamente de los valores de la Doctrina Social de la Iglesia, la justicia social será siempre el norte de toda acción política.

Esa justicia social que reclamamos como horizonte necesita, sin embargo, una herramienta política capaz de traducirla en gobierno. Y en Jujuy esa herramienta, el Partido Justicialista, atraviesa hoy una etapa decisiva de su historia reciente.

El próximo jueves 30 de julio vence el plazo para la presentación de listas en el marco de la intervención judicial dispuesta para la normalización del Partido Justicialista de Jujuy, paso previo a las elecciones internas convocadas para el domingo 30 de agosto. Se trata de la herramienta electoral que debe representar a todos los sectores que componen el Movimiento Nacional.

La unidad de los sectores hoy dispersos deberá ser la mejor alternativa para ofrecer al pueblo jujeño, recuperando para sí una de las instituciones fundamentales del sistema democrático.

Unir, en este sentido, no es amontonar voluntades dispersas detrás de una sigla, sino construir con método y con la justicia social como brújula. Convencido de ello, quien esto escribe entiende que ese es el mejor homenaje posible a Evita, a 74 años de su partida.

El mayor desafío será conjugar sabiamente el verbo unir. De eso se trata.

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