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Jornada en defensa del INTA ante el desguace y reestructuración del organismo 

Profesionales y trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Jujuy organizaron este miércoles en la Plaza Belgrano de San Salvador una feria a la que denominaron «¡Viví la ciencia!», donde mostraron parte de las tareas que cumple el organismo, de cara al desguace que está llevando a cabo el gobierno nacional. La propuesta fue exponer cómo la ciencia y la tecnología transforman el campo y la vida rural.

Junto a la gente del INTA, estuvieron también referentes del Conicet, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y Vialidad Nacional, otros organismos que están siendo destruidos por las decisiones del presidente Javier Milei. Además, cooperativistas de distintos puntos de la provincia mostraron y ofrecieron para la venta algunas de sus producciones, que son posibles gracias al apoyo y acompañamiento del INTA.

Las acciones para visibilizar las tareas de este Instituto se realizaron también en otras provincias y se extienden por varias jornadas en distintos puntos del país.

Flor Barbarich es doctora en Ciencias Biológicas y se desempeña en la Estación Experimental Agropecuaria Abra Pampa del INTA. En diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), explicó: «La intención es mostrar el trabajo que el INTA viene realizando a lo largo y a lo ancho de todo el país, salir a la calle para que los vecinos y las vecinas conozcan lo que hacemos, que a veces es muy campo adentro y entonces no se conoce tanto».

La necesidad de mostrarse se volvió imperiosa luego de que se publicara el Decreto 462 por el cual el Gobierno nacional dispuso, entre otras medidas, la transformación del INTA en un organismo desconcentrado que dependerá de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Barbarich relató que en noviembre pasado se comenzó a hablar de que el INTA iba a ser reestructurado. Desde entonces hubo una primera tanda de retiros voluntarios, cerca de mil en todo el país, y luego todo fue incertidumbre. Ahora, con el decreto, la incertidumbre se profundiza.

«Nosotros estamos trabajando. En primera instancia, no se prevén despidos, pero sí se prevé la pérdida de autonomía de la institución, con una reestructuración, un nuevo orden jerárquico. Y según lo que se ha dicho de manera pública y manifiesta, la planta podría reducirse a la mitad», describió la científica, y precisó que a nivel nacional actualmente el organismo ocupa a más de 6000 personas.

La reestructuración del INTA «generaría condiciones de trabajo muy adversas», comentó.

Hasta ahora, el INTA era dirigido por un consejo directivo compuesto por diez representantes: seis provenientes de organizaciones del agro y universidades públicas, y cuatro del Poder Ejecutivo. Con el nuevo decreto, ese cuerpo se reduce a ocho miembros, repartidos equitativamente, pero con un detalle clave: el voto del presidente vale doble, otorgándole mayoría automática al oficialismo.

«Con este cambio, pasamos a depender exclusivamente de un presidente de la institución, que ya está nombrado, y de una vicepresidenta. Esos son cargos políticos que han sido designados a partir de este decreto. Ellos van a tomar las decisiones desde sus sillas en Buenos Aires, sin conocer los territorios, sin conocer las distancias, sin conocer las problemáticas de los lugares más alejados», advirtió Barbarich.

En la provincia de Jujuy funcionan dos estaciones experimentales agropecuarias, una en Yuto y la otra en Abra Pampa. Barbarich se desempeña en esta última, que abarca una cobertura de 7 millones de hectáreas y emplea a unas 30 personas. «Trabajamos en territorios muy lejanos -contó-. Por ejemplo, una de nuestras agencias de extensión rural está en Santa Victoria Oeste, a cuatro horas de La Quiaca. Y todos los que conocen Jujuy saben que las distancias son muy largas, que no es lineal la cantidad de kilómetros que estamos acostumbrados a cubrir».

«El INTA es un organismo muy grande que siempre nos enorgulleció, que tiene llegada a todos los territorios, a todas las provincias. Eso se empieza a poner en juego», agregó.

Además de la estructura general del organismo, hay otros cambios que también preocupan, como la posibilidad casi cierta de que se cierre la Red de Unidades de Extensión. La científica explicó: «Nosotros tenemos un área de Investigación, donde nos dedicamos más que nada a buscar soluciones, y un área de Extensión, donde están los compañeros que están en los territorios, para que esas soluciones tecnológicas lleguen de manera directa a los productores».

«Cuando dicen que se va a cerrar el área de Extensión -continuó-, precisamente lo que se pone en riesgo es todo el sistema mediante el cual nosotros tenemos llegada a la granja de la señora que tiene gallinas y que necesita una solución, a generar una huerta agroecológica, una mejora en un cultivo, a trabajar con el tabaco, con la banana… un montón de actividades que se hacen desde las distintas unidades de INTA».

Al personal del INTA le adelantaron que en más o menos diez días van a tener novedades, pero no hay ninguna precisión. Mientras tanto, siguen trabajando en condiciones muy difíciles: con poca dotación, muy sobreexigidos y con insumos insuficientes. «Nos gusta mucho lo que hacemos, trabajamos muchísimo porque sabemos que en el campo hay muchas necesidades».

Barbarich comentó en particular la cuestión de los vehículos, porque desde el gobierno nacional habían planteado que el parque automotor del INTA era desmedido por las tareas que realizan. «Tenemos vehículos muy viejos -reveló-. El más nuevo es de 2010 y tiene más de 200 mil kilómetros. Tenemos camionetas con 400, 500 mil kilómetros».

«Ya es difícil trabajar, y ahora encima pensando que seguramente va a venir una reducción del personal. El clima es difícil, no tenemos ninguna certidumbre de nada», concluyó.

La incertidumbre se alimenta además por un «mecanismo perverso de estar permanentemente diciendo que van a hacer algo, pero no se termina de hacer», señaló Barbarich, y agregó: «Es un desgaste muy grande, es casi una invitación a querer irse».

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