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Kicillof en Jujuy: dime con quién andas y te diré quién eres

Por Sebastián Copello (Docente-Partido Obrero). Axel Kicillof arribó a Jujuy en el marco de su campaña presidencial, donde se reunió con el gobernador radical Carlos Sadir para luego realizar un acto en Palpalá, ciudad gobernada por la familia Rivarola.

En sus intervenciones, el gobernador bonaerense criticó a Milei sin explicar qué haría de diferente, recurriendo apenas a un casseteo de frases hechas.

Por la mañana tendió puentes con los radicales al firmar convenios (nada significativo) con Sadir y postuló al mandatario jujeño como un aliado: “Si podemos trabajar juntos, aliviar la situación y arreglarnos entre provincias, lo vamos a tener que hacer”.

Claro que Sadir también es aliado de Milei: semanas atrás, sus diputados hicieron caer la sesión sobre el DNU 70/23 y le han votado todas las leyes.

El acercamiento de Kicillof a Sadir refuerza la idea de un frente “anti Milei” junto a los propios socios de Milei. En sus discursos reivindicó un “federalismo” frente al “unitario” Milei, pero para defender a los empresarios de las economías regionales.

Se mostró “preocupado” por los tabacaleros y los productores de caña (Blaquier y compañía), pero no dedicó ni una sola palabra a los trabajadores sobreexplotados de esos sectores.

Por supuesto, tampoco dijo nada sobre la reforma laboral de Milei, que es la que afecta principalmente a los trabajadores de las “economías regionales”.

El tren fantasma del peronismo (radical)

Por la tarde, Kicillof participó de un acto organizado por Rubén Rivarola en el que se movilizó a los aparatos de los intendentes y a la burocracia sindical.

Excepto Carolina Moisés —aliada a los gobernadores ‘con peluca’—, quien ese mismo día realizaba actividades con el libertario peronista Jalil, todo el peronismo jujeño volvió a repetir el cuento de la buena pipa alineándose otra vez detrás de Rubén Rivarola. Algunos militantes peronistas trataron en redes sociales de “iluso” a Kicillof, señalando que no sabía con quién se juntaba —apuntando a Rivarola, socio de Gerardo Morales y uno de los principales capitalistas de la provincia—.

Sigamos por un momento la hipótesis de que Kicillof no conoce el prontuario de Rivarola. En el escenario también estuvieron Carlos Haquim (ex vicegobernador de Gerardo Morales), Guillermo Jenefes (socio de Morales) y la burocracia sindical más repugnante: Pedro Belizán (Luz y Fuerza), Luis Cabana (UPCN), Santiago Hamud (CTA-T) y Mariela Tejerina (CTA-A), todos sindicatos alineados al gobierno radical.

Es infantil despegar a Kicillof del peronismo jujeño porque, en sus propias palabras, expresa exactamente la misma política. Al igual que Rivarola, nunca criticó al gobierno radical que hunde a Jujuy desde hace diez años y, como mencionamos, lo ve como un posible aliado.

Tampoco marca diferencias al gobernar la provincia de Buenos Aires: allí ajusta a los docentes y a los trabajadores de la salud, e impone descuentos por realizar paros al igual que Sadir.

La presencia de Kicillof en Jujuy confirma que su planteo de gobierno es un mileísmo sin Milei.

Es decir, defender las conquistas empresariales como la reforma laboral, la quita de impuestos, los RIGI y tantos otros avances de la clase capitalista bajo el gobierno libertario.

La unidad de Kicillof con el peronismo jujeño y con Sadir es la ratificación del carácter patronal y antiobrero del gobernador bonaerense.

Para enfrentar a Milei, a Sadir y al peronismo cómplice es necesaria la independencia política de los trabajadores. Por eso, el Partido Obrero sigue insistiendo en que el Frente de Izquierda debe intervenir de manera unitaria, planteando la lucha para derrotar a todo el régimen mediante la huelga.

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