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La economía cayó en julio y se acerca a la recesión técnica

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una severa restricción del 2,9% respecto al mes anterior. Se trata de la contracción mensual más marcada de la gestión actual, encendiendo alarmas en el sector privado y dejando sin margen de maniobra el desempeño del tercer trimestre.

El panorama económico nacional volvió a enturbiarse tras la difusión de los datos correspondientes a julio. Aunque desde el Ejecutivo nacional se busca encuadrar el freno en factores estacionales y tropiezos puntuales de dicho período, la magnitud del retroceso borró los márgenes de recuperación proyectados para el tramo final del año.

De acuerdo con las estimaciones de diversas consultoras privadas, de no registrarse un repunte extraordinario durante agosto y septiembre, la economía argentina encadenará dos trimestres consecutivos en terreno negativo. Esta condición técnica formalizaría un estado de recesión cuya repercusión ya impacta de lleno en la cotidianeidad del consumo y el empleo.

Advertencias de los especialistas

Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, calificó la cifra como el peor registro en lo que va del mandato de Javier Milei.

Martín Lousteau, economista y diputado nacional, puntualizó que el nivel de actividad acumula una retracción superior al 4% desde que la conducción económica auguró un período de recuperación sostenida.

Un motor minero que no alcanza

El frenazo de julio impactó directo en los sectores productivos y en las metas oficiales trazadas en el Presupuesto. Mientras que la actividad minera se sostiene como el único rubro con tracción positiva constante —materia de especial relevancia para el noroeste argentino—, ramas clave de la economía real y el sector financiero mostraron signos evidentes de agotamiento.

Frente a esta coyuntura, las proyecciones privadas para el cierre del año recortaron el techo de crecimiento del PBI a un nivel cercano al 2%.

De confirmarse esta tendencia, el balance anual reflejaría la ausencia de una expansión genuina, quedando acotado únicamente al efecto residual del arrastre estadístico dejado por el ejercicio previo.

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