Por José Luis Politi. La comparecencia del ministro de Cultura y Turismo de Jujuy, Federico Posadas, ante la Legislatura derivó en un escenario político insospechado.
Lo que se inició como una instancia institucional de control legislativo sobre contrataciones, su declaración patrimonial y el impacto económico del recital de La Renga culminó con la decisión unánime de girar las actuaciones al Ministerio Público de la Acusación para evaluar una posible investigación penal preparatoria.
Sin embargo, el verdadero impacto de la jornada no pasó por los expedientes técnicos, sino por las esquirlas políticas que dejó el cruce entre el funcionario, la oposición y el propio bloque oficialista.
El malestar transversal que generó la actitud del ministro —sintetizado en el duro rechazo del diputado opositor Rubén Rivarola por faltarle el respeto a los legisladores— dejó al descubierto las fricciones internas dentro de Jujuy Crece.
Al término de la sesión, el propio Posadas admitió las diferencias al calificar al bloque de la UCR como «partido», distinguiendo entre sectores con posturas más críticas y otros alineados incondicionalmente con la gestión de gobierno.
La confesión, proveniente de una figura importante del Gabinete, expone que la cohesión parlamentaria atraviesa un sismo político-electoral.
A este clima de inconsistencias políticas se sumó lo ocurrido en la Cámara de Diputados de la Nación, donde los legisladores jujeños Jorge Rizzotti y María Inés Zigarán decidieron no dar quorum en el debate por el DNU 70/2023.
La actitud resultó llamativa y sugestiva, especialmente en el caso de Zigarán, quien había firmado la solicitud para convocar a la sesión y luego se ausentó de su banca.
Sin haber brindado explicaciones públicas ni justificaciones sobre su cambio de postura, la conducta de ambos representantes nacionales profundiza las dudas sobre las directivas, alineamientos e internas que atraviesan al oficialismo provincial.

En el trasfondo de esta tensión asoma la disputa por el poder político y la carrera hacia 2027. Posadas no solo reclamó «defender al gobernador» Carlos Sadir, sino que apuntó contra aquellos dirigentes oficialistas que aceleran movimientos motivados por intenciones de reelección o de preservación de espacios de poder.
La definición más tajante del ministro apuntó al armado del esquema de gobierno: sostuvo que Sadir es el candidato indiscutido y que debe ser él quien configure de manera autónoma su propio equipo, en medio de declaraciones previas de figuras como el vicegobernador Alberto Bernis, quien hizo pública su intención de repetir la fórmula ejecutiva.

El episodio deja expuesto el dilema de fondo que atraviesa el radicalismo jujeño en su transición desde la hegemonía de Gerardo Morales hacia el presente mandato.
Más allá de las explicaciones administrativas brindadas en el recinto, la interpelación dejó flotando una pregunta estratégica sobre el equilibrio del oficialismo: si Carlos Sadir logrará consolidar el mando efectivo para diseñar de forma independiente el rumbo de su gestión y el armado electoral, o si la conducción seguirá supeditada a las negociaciones de cúpula con los sectores tradicionales de la UCR provincial.

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