El último Informe sobre Bancos publicado por el Banco Central de la República Argentina confirma una tendencia crítica para la economía doméstica. En febrero de 2026, la morosidad de las familias registró su decimosexto mes consecutivo de ascenso, alcanzando niveles de incumplimiento que no se veían en más de dos décadas. Este fenómeno refleja el impacto de la erosión de los ingresos reales frente a un esquema de costos que presiona el presupuesto de los hogares, con salarios que no logran recuperar su poder adquisitivo.
Quiebre en la cadena de pagos de consumo
En el segmento de los préstamos personales, el ratio de irregularidad rozó el 14 por ciento, una cifra que duplica los valores registrados a finales de 2023. Un comportamiento similar se observa en las tarjetas de crédito, donde el recurso del pago mínimo ha dejado de ser una solución temporal para transformarse en mora efectiva. Según datos de la consultora 1816, la situación es aún más grave en el sector de las Fintech, donde la irregularidad crediticia trepó al 30 por ciento en marzo, afectando principalmente a los sectores de menores recursos.
Causas del deterioro financiero
La coyuntura actual es el resultado de un modelo que combina atraso cambiario con el encarecimiento de los servicios y productos básicos. Con tasas de interés que dificultan cualquier intento de refinanciación, los hogares se ven forzados a priorizar gastos de subsistencia, como alimentos y energía, postergando el cumplimiento de sus compromisos bancarios. Al desacelerarse la inflación bajo las pautas de estabilidad actuales, las deudas han conservado su valor real, impidiendo que el aumento de precios «licue» las cuotas como ocurría en periodos anteriores.
La postura del Ministerio de Economía
Para el ministro Luis Caputo, el incremento de la morosidad no es una falla del modelo económico, sino una consecuencia de decisiones financieras basadas en expectativas erróneas. El funcionario sostuvo que muchos usuarios tomaron créditos a tasas elevadas asumiendo que la inflación reduciría el peso de las cuotas. Asimismo, Caputo cuestionó el rol de las entidades financieras, señalando que los bancos no estaban acostumbrados a prestar al sector privado y que, en algunos casos, otorgaron créditos sin un análisis de riesgo adecuado durante la expansión inicial del crédito bajo la gestión actual.

