La luna de miel terminó en divorcio conflictivo. Según el último informe de Atlas Intel, la desaprobación de Javier Milei no solo sube, sino que corre: por tercer mes consecutivo escaló hasta alcanzar un dramático 61,6%. Mientras tanto, la aprobación se hunde en un 36,4%, su punto más bajo desde que se puso la banda presidencial.
Parece que el «veranito» de febrero, impulsado por leyes en el Congreso, fue solo un espejismo. La realidad económica le dio un cachetazo a la narrativa oficial: el 74% de los argentinos ve el mercado laboral como un desierto y el 65% califica la economía directamente como «mala». Con estos números, el consumo se perfila hacia el subsuelo, con un 57% de la gente planeando comprar menos. Básicamente, no hay plata y ya se nota.
Ministros congelados
El desgaste no es solo de Milei. La Universidad de San Andrés (UdeSA) pasó el escáner sobre los 11 ministros y el resultado es de terror para la Casa Rosada: por primera vez, ninguno tiene imagen positiva.
- Manuel Adorni: El vocero de los viajes y los «fin» se desplomó del 41% al 26%. Parece que las millas acumuladas no suman puntos en la consideración popular.
- Luis «Toto» Caputo: El «Messi» de las finanzas también retrocedió al 26%. El diferencial negativo ya es su sombra constante.
- El fondo de la tabla: Mario Lugones (Salud) y Juan Bautista Mahiques (Justicia) apenas rasguñan un 10% de aprobación. En el caso de Lugones, el conflicto en el Garrahan le pasó una factura impagable.
- Karina Milei: «El jefe» tampoco zafó; su imagen positiva se desinfló del 33% al 18%.
La sorpresa: El ascenso de la izquierda
Lo más curioso del sondeo es quién capitaliza el descontento. Mientras el peronismo sigue recalculando, Myriam Bregman saltó al tercer puesto del ranking nacional con un 33% de imagen positiva, superando incluso a figuras como Axel Kicillof y Cristina Kirchner.
Bregman hoy mide un 50% de aprobación entre los opositores al gobierno, consolidando a la izquierda como la referencia de rechazo más nítida frente a una gestión libertaria que, en solo meses, logró que hasta los ministros más «cancheros» tengan que esconder el número de las encuestas.

