La pata civil de la dictadura: Arranca el juicio contra un jerarca de Mercedes-Benz 

Por Luciana Bertoia*. Héctor Ratto aprendió a manejar las expectativas después de más de 40 años de trajinar juzgados y tribunales. Sin embargo, la esperanza se percibe en sus palabras. “Siempre está la posibilidad de que salga la verdad a la luz, pero este juicio tendría que haber sido hace mucho tiempo”, dice. Este jueves, a las 9.30, está previsto que finalmente se siente en el banquillo de los acusados Juan Ronaldo Tasselkraut, quien fue durante los primeros años de la dictadura gerente de producción de Mercedes-Benz, la poderosa automotriz de origen alemán que proveía al Ejército con sus camiones Unimog.

Tasselkraut está acusado por los secuestros de Ratto y de Diego Ñúñez, otro trabajador de la planta que continúa desaparecido.

El 12 de agosto de 1977, Ratto participó de una asamblea dentro de la fábrica de González Catán, donde trabajaba desde hacía diez años. Cuando volvió a su sector, se le acercaron unos empleados de seguridad. Primero le dijeron que lo llamaban desde la casa. Después le avisaron que tenía un permiso para salir de la planta e ir hasta su domicilio. Era evidente que estaban interesados en que saliera.

Al rato fue el propio Tasselkraut quien se acercó a Ratto. Reconoció que el llamado no había existido, pero que había dos personas de civil que lo estaban buscando para llevárselo detenido. El gerente le pidió que lo acompañara a su oficina. En el trayecto, le dio su palabra de que no se lo llevaría nadie que no vistiera uniforme. Ratto aguardaba. Mientras esperaba, escuchó cómo Tasselkraut recibía una llamada y les daba una dirección a los agentes de civil que lo acompañaban. Rápidamente detectó que era el domicilio de su compañero Diego Núñez.

Finalmente, se llevaron a Ratto de la empresa. Tras un paso fugaz por la comisaría de San Justo, lo condujeron hasta la comisaría de Ramos Mejía. El 17 de agosto de 1977, le hicieron firmar un papel que decía que sería liberado. Nada de eso pasó. Lo encapucharon y lo metieron en el baúl de un auto en el que lo condujeron hasta la guarnición militar de Campo de Mayo. Allí, mientras estaba secuestrado en El Campito, pudo escuchar las voces de otros compañeros de Mercedes-Benz. Entre otras, la de Núñez.

Juan Ronaldo Tasselkraut

Causa emblemática

Estos hechos empezarán a ventilarse el jueves, a las 9.30, ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de San Martín. A las 12.30, los organismos de derechos humanos convocan a un acto por la importancia de haber logrado llevar a los estrados judiciales una causa emblemática sobre la responsabilidad empresarial en crímenes de lesa humanidad.

Mercedes-Benz se instaló en Argentina en 1951. En 1968, comenzó a fabricar los Unimog que compraba el Ejército. Por aquellos años, la empresa acaparaba el 90 por ciento del mercado local de autobuses, según surge del informe Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad, publicado en 2005.

“Este juicio representa un paso muy importante en el camino de la memoria, la verdad y la justicia. Durante décadas, la Justicia investigó y juzgó a quienes ejecutaron materialmente los crímenes de la dictadura. Pero ese camino requiere también juzgar las responsabilidades de quienes, desde ámbitos civiles y empresariales, pudieron haber contribuido a esos crímenes”, le dice a Página/12 el fiscal Marcelo García Berro, quien representará al Ministerio Público en el proceso.

“Esperamos que este sea otro de los casos que demuestre la responsabilidad empresarial en los crímenes que sufrió la clase trabajadora. La empresa es una persona jurídica, pero está representada por quienes integran su directorio y por quienes ocupan lugares de relevancia como Tasselkraut”, añade, por su parte, Sol Hourcade, coordinadora del área de Memoria, Verdad y Justicia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que querella en la causa.

Una larga búsqueda

En 1984, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) informó que casi el 50 por ciento de las denuncias recibidas correspondían a trabajadores desaparecidos (30 por ciento obreros y casi el 18 por ciento empleados). Ratto fue uno de los sobrevivientes que se presentó a declarar.

“Este juicio genera mucha expectativa en el universo argentino de derechos humanos porque el nombre de este gerente –Tasselkraut– fue denunciado por el propio obrero Ratto hace 41 años en el Juicio a las Juntas, y hubo que sortear mil dificultades. Ratto llega con la moral alta y sus casi 80 años a pedir justicia por él y por sus compañeros desaparecidos de la Mercedes-Benz”, dice el abogado Pablo Llonto, que actúa como querellante en la causa.

Ratto cuenta que también se intentó que se juzgara en Alemania el rol que había tenido Mercedes-Benz en la última dictadura argentina, pero todo resultó cuesta arriba. “Es difícil cuando tenés todo el poder y el dinero en contra”, remarca.

Los responsables empresariales

Cuando regían las leyes que impedían juzgar los crímenes de la última dictadura, Tasselkraut fue citado a declarar en los Juicios por la Verdad que se llevaban adelante en La Plata. Allí, en 2001, ante la Cámara Federal habló de actividades que atentaban contra la productividad y que, después de un tiempo, dejaron de suceder. “Milagros no hay”, dijo con una sonrisa ladeada, dando a entender que la conflictividad había desaparecido cuando desaparecieron los trabajadores considerados “molestos” por la empresa. La frase dio título al documental de Gaby Weber sobre la complicidad de Mercedes-Benz con la dictadura argentina.

Según la fiscalía, 18 trabajadores de Mercedes-Benz fueron víctimas del terrorismo de Estado. Solo dos casos llegan a juicio. “Aunque es un juicio que llega fragmentado, con una mirada muy reduccionista vinculada a la responsabilidad de las máximas autoridades y quienes tenían el señorío en la planta, tenemos una enorme expectativa”, reconoce Elizabeth Gómez Alcorta, que también actúa como abogada querellante.

Para Gómez Alcorta, existe una reticencia del Poder Judicial a la hora de investigar el papel de las empresas y de dictar ciertas medidas, como los allanamientos en las plantas para buscar información. Un dato llamativo es que Tasselkraut, de 85 años, será defendido por el estudio jurídico que encabeza Jorge Valerga Araoz, uno de los camaristas del Juicio a las Juntas.

“Una particularidad que tienen estas causas es que permiten entender perfectamente las continuidades de la lucha entre el capital y el trabajo en un momento del mundo donde esa matriz voraz del capital no tiene ningún límite”, resalta la abogada.

Algunos militares fueron juzgados por los crímenes contra trabajadores de Mercedes-Benz en el marco de la megacausa Campo de Mayo. Allí, como recuerda Hourcade, surgieron elementos que mostraban la conexión de la empresa con las fuerzas represivas: en las actas de directorio había referencias a secuestros de obreros; a otros los iban a buscar a domicilios que únicamente habían informado en la planta.

El jefe de seguridad de la fábrica de González Catán fue Rubén Lavallén. En los primeros años de la dictadura actuaba como subcomisario de la comisaría de San Justo, primer lugar al que fue llevado Ratto. Lavallén fue quien se apropió de Paula Logares, que en los primeros meses de la democracia pudo reencontrarse con su abuela Elsa Pavón.

Una secretaria de la empresa declaró que Alberto Valín, jefe del Batallón de Inteligencia 601, solía frecuentar las oficinas de Mercedes-Benz. También recordó haberse cruzado con Carlos Alberto Lacoste, el hombre fuerte del Ente Autárquico Mundial (EAM) 78. Para el campeonato de fútbol, Mercedes-Benz puso a disposición colectivos y microbuses para trasladar a las delegaciones. “El mundo está en Argentina, lo mueve Mercedes-Benz”, decía una publicidad de la época, que H.I.J.O.S. Capital recordó en sus redes sociales.

Según estimaciones, los empresarios imputados por delitos de lesa humanidad no llegan a 30. El caso que más avanzó tiene que ver con el de otra automotriz, la Ford, que terminó en condena. La sentencia está a la espera de que la Corte Suprema la revise.

“Está clara la participación de los grupos empresarios en el terrorismo de Estado”, dice Matías Moreno, subsecretario de Derechos Humanos bonaerense, cuya repartición también querellará contra Tasselkraut. “El modelo impuesto por la dictadura tenía como condición sine qua non el disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Estar asistiendo a juicios en los que se examina la responsabilidad empresarial da cuenta de la envergadura del proceso de Memoria, Verdad y Justicia, que no solo juzga a la mano de obra sino a los sectores económicos”, concluye.

* En Página/12

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