Por Federico Noro (Consultor de www.vars.la). Esta impresión circulante de que el ciudadano común considera que la dirigencia política y la sociedad están en dos esferas separadas, para mi está confirmada. El argentino medio que invierte su tiempo en actividades personales –trabajar, atender a los hijos, hacer deporte o recrearse- no observa que las personas que pertenecen al “mundo” de la política esten dentro de la misma realidad social y económica que el resto de la sociedad.
Las victorias de La Libertad Avanza (LLA) nos mostraron que ese sentimiento social aún está al corriente, no porque la fuerza política que lidera Milei no pertenezca a la “casta política”, ni tenga apellidos tradicionales de la política o propuestas antiguas (y en ocasiones, retrógradas) sobre la economía o la legislación laboral, sino porque continúa vigente la fuerza de rechazo a las gestiones de Gobierno del peronismo y Juntos por el Cambio. Aunque este rechazo no es solamente la antipatía a los malos resultados de gestión, es todavía más profundo.
Los índices de participación o creencias en la política, como instrumento positivo de cambio social y económico, tienen ciclos de aumento o disminución en la historia de la Argentina. Me animo a decir que esta etapa pos 2023 es de creencia alta, con la especial característica de rechazo a los espacios que han gobernado el país. Los niveles de opinión, participación digital, cuestionamientos o apoyo a temas de interés público son mayores que años anteriores.
Los climas de época y las circunstancias contextuales (de crisis económicas o aumento de violencia callejera) exacerban la cantidad de opiniones de gente que no tiene ningún compromiso partidario, y eso es lo que creo que está sucediendo en este momento. El descreimiento en los políticos profesionales es expreso y LLA todavía posee cierta fuerza e imagen de renovación sobre la mala sensación hacia la política en general.
Pero como clima de época eso ha comenzado a teñirse. Lo distintivo tuvo, como todo proceso, un detonante que fue la “Reforma Laboral”. La difusión sorpresiva de los artículos sobre recorte salarial en caso de enfermedades fue el desfase por el que ese mismo ciudadano común se vio afectado negativamente. Las opiniones publicadas en redes sociales personales y los comentarios en posteos de medios de comunicación eran casi todos en contra de cortar ese derecho de pago completo de haberes durante la licencia de un trabajador.
La combinación de descreimiento en la política con alta participación de opiniones en espacios digitales es algo que los dirigentes de LLA conocen perfectamente, por eso saben muy bien que hubo un gran rechazo al cambio de la Ley, especialmente de gente que no tiene vinculación con ningún partido político: grupo heterogéneo de personas que el dirigente tradicional siempre mencionó en su lenguaje como “electorado independiente”.

Esta época es diferente a lo vivido anteriormente, distinto en cuanto a la sensibilidad por muchas características especiales. Lo más influyente de mi punto de vista es la hiperdigitalización que genera un tipo de empoderamiento en el ciudadano, que le ofrece videos/posteos/fotos por las cuales se informa sobre la actualidad y participa con likes, opiniones y compartidas. Obviamente accede por su celular, con un servicio 5G, que todavía sigue siendo económico, con apps de redes sociales que son de uso gratuito. La participación política tradicional, de apersonamiento y discursos aleccionadores sobre cómo es la realidad, han perdido conexión con la sociedad.
El ciudadano que no participa en política no quiere escuchar a un dirigente político que le diga cuáles son sus prioridades, debido a que cree firmemente que las conoce mejor y además no deposita confianza alguna en su conducta. El empoderamiento, facilitado por la hiperdigitalización, proporciona ese espacio oportuno donde una persona observa la actualidad (noticias, chat de vecinos o información laboral), hace operaciones económicas o mira un concierto musical, entre otra infinidad de actividades.
El universo político tradicional aún esta desconectado de esta nueva esfera tecnológica y social –por definirla de algún modo- y la mayoría de los intentos son únicamente una buena gestión de redes sociales. Una prueba de la falta de interés es que no existe todavía en Argentina una Ley vigente que contemple la Inteligencia Artificial.
En términos de desconexión de la política con la sociedad, hay varios ejemplos muy claros. En él año 2000 hubo una fuerte crítica de la sociedad londinense a la clase política conservadora, y fue elegido entonces como primer Alcalde de la ciudad un señor llamado Ken “Colorado” Livinsgtone. Lo distintivo del “Colorado” era su propia forma de ser. Se trasladaba en en transporte público, iba al supermercado y los fines de semana visitaba una la biblioteca pública para leer; era exactamente lo que hacia cualquier persona de clase media londinense a sus 50 años. Esa personalidad, que tenía mucha autenticidad, le permitió vincularse a la sociedad porque simplemente era parte de ella. Han pasado más de 20 años, pero la lógica del vínculo entre sociedad y política es similar, ahora bajo un espacio de interacción sociotecnológico diferente.
Otro ejemplo más cercano y actual es el del recorrido del Vicepresidente de Bolivia, Edmand Lara. El ex Capitán de policía adquirió muchísima notoriedad pública cuando a través de la red social Tik Tok, comenzó a denunciar hechos de corrupción dentro de la fuerza y difundirlos en esa red social. Combinó un contenido explosivo con la difusión directa, sin filtro de ningún medio de comunicación. De esa manera adquirió un nivel de popularidad que lo llevó a la Vicepresidencia del país.
Esta época de poca participación partidaria pero con alto número de opiniones, es la complejidad del ahora, lo que está sucediendo a una velocidad vertiginosa, donde la ciudadanía común adquirió rápidamente lo que otras esferas todavía están observando.

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