La crisis que atraviesa la Asociación de Educadores Provinciales (ADEP) se inscribe en una trama de acuerdos políticos, armado electoral e indiferencia sindical que consolida el desamparo de los docentes en las escuelas de Jujuy.
Así lo advirtió Martina Montoya, delegada de base de El Hormiguero Docente, al analizar la situación provincial: «Lamentablemente es lo que se ha logrado con la persecución, el hostigamiento y la imposición del poder político sindical en la provincia». Según explicó en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), las cúpulas gremiales y las bajadas de línea de las centrales nacionales han terminado sofocando cualquier oposición.
Para la docente, detrás del vaciamiento de la representación sindical, se plantea una serie de alianzas que involucra al Gobierno provincial y a los sectores que dominan la CTA de cara al próximo año.
«Se está armando toda una estructura que tiene que ver con las elecciones del 2027. Este posicionamiento de sectores sindicales y políticos busca tener armado cómo va a ser la militancia para las próximas elecciones presidenciales y provinciales», denunció Montoya.
En ese tablero, la docencia de ADEP quedó atrapada en el medio, arrastrada por un armado donde los sectores que debían actuar prefirieron guardar silencio: «Sectores que podían haberse involucrado para destrabar algunas cosas, manifestarse y decir ‘señores, dejen de involucrarse en esto’, no lo han hecho. Han preferido todos mantenerse de observadores a un costado y no jugarse para sostener realmente una democracia sindical».
Para Montoya, el Ejecutivo apeló de forma directa al castigo sobre los educadores con el respaldo implícito del arco político. «Lo último a lo que el gobierno apostó fue al descuento y a la persecución del cargo docente en la carrera docente puntualmente. Entonces es muy difícil enfrentarse a eso sin abogados, sin gente. La provincia cada vez se parece más a Formosa y a Chaco en dominio político, y los radicales lo están haciendo con la venia del justicialismo también», recriminó.
Esta lógica se repite en otras instituciones de la provincia, donde las convocatorias a votar se realizan de manera intempestiva y confusa para la población: «Todo es sobre la marcha, sobre la hora. No se le da tiempo al trabajador para pensar ni ver qué está pasando. Es una política que están armando y que la han pensado muy bien», sostuvo.
El entramado se plasma de manera directa en los comicios de la CTA de los Trabajadores, que se desarrollan este miércoles. Allí se presenta la lista única referenciada en el dirigente Santiago Hamud, tras el bloqueo a cualquier otra alternativa.
Montoya reveló que docentes y sectores de base buscaron articular una opción opositora, pero chocaron contra el mandato explícito de las conducciones nacionales encabezadas por Roberto Baradel, Hugo Yasky y Sonia Alesso.
«Hubo la intención de armar una lista provincial para hacer la oposición a Hamud, pero la bajada de línea a nivel nacional fue que no haya oposición porque ellos lo iban a apoyar a él. Los compañeros preguntaron de armar una lista y allá les dijeron ‘no señores, el único que vamos a apoyar es a Santiago Hamud’. Lo demostró Baradel viniendo él en persona», reveló.
Ante esto, criticó la retórica del oficialismo gremial: «Hablan de una unidad que no existe. Llevan en uno de los cargos a Silvia Vélez, del riñón de Darío Abán, radical, y en el acto estaba cantando la marcha peronista. No hay ideología, no hay postura política, acá no hay libertad o democracia».
La desilusión abarca también a otras centrales como la CTA Autónoma, donde tampoco ven señales de renovación. «ADEP queda en el medio de esta puja de poderes y acomodos con el apoyo de la provincia. Nosotros nos enfrentamos a este bloque que nos amenaza, nos violenta, nos hostiga y nos persigue. Es muy difícil, somos pocos los que seguimos levantando la voz porque el resto tiene miedo. Y no es que no esté enojado, pero tiene miedo y además está laburando en mil cosas para poder llegar a fin de mes», remarcó la delegada.
Frente a la paritaria provincial y los incrementos discrecionales, como las sumas fijas de 300.000 pesos, la indignación en las escuelas es generalizada, pero el desgaste pesa sobre la docencia. «Hoy con un bono miserable que te van a imponer, los docentes están indignados. ¿Pero qué hacen? Nada. Quieren terminar el año como sea, están cansados, muertos, agobiados y pensando en qué van a trabajar en el verano para sostenerse», describió Montoya.
Ante la pasividad de los dirigentes, la docente concluyó que la única alternativa para defender el salario y recuperar la organización gremial pasa por la acción directa: «La única manera de garantizar un aumento de sueldo es ir y plantarnos frente a la Casa de Gobierno o frente al Ministerio de Educación. Huelga de hambre, encadenarnos, porque ellos ya no entienden la palabra. Tenemos herramientas, pero falta decisión».

