Los libertarios de Jujuy se presentan como los defensores de la transparencia, los custodios de la ética pública, la “oposición en serio” que por fin controlará los excesos del poder vernáculo, pero se llaman a silencio con los casos de corrupción de Karina Milei y el 3% de Andis, y la estafa presidencial de $Libra, entre otros.
Dicen que vienen a cuidar cada peso del Estado, a ordenar el gasto y a representar a quienes están cansados del desorden. Pero la política no se mide por eslóganes sino por coherencia. Y es aquí donde la discusión se vuelve incómoda.
Mientras los jujeños no llegan a fin de mes, mientras la inflación se come los salarios de los trabajadores, mientras los servicios públicos pelean para no quebrar y las familias ajustan en comida, los nuevos opositores no han podido explicar algo esencial: ¿De qué lado están?
Si están del lado de la gente, deberían tener un plan para proteger el salario, el empleo, la educación, la salud y la producción provincial. Y acá se hace fuerte la famosa frase “el que calla, otorga”.
Si están del lado de la motosierra nacional, deberían decirlo con la misma contundencia con la que exigen auditorías. También aplicarán la motosierra o recortes al Estado provincial, es decir a la educación, la salud y justicia.

Y todavía falta la parte más sensible: la vara ética que dicen enarbolar no se aplica a su propio espacio.
Porque si hablamos de transparencia, tampoco se puede ignorar que el propio presidente Milei arrastra causas federales vinculadas al escándalo de las criptomonedas, que su hermana —erigida como “Jefe de Estado paralelo”— quedó bajo la lupa por el famoso 3% de retornos en contrataciones, y que la Agencia Nacional de Discapacidad terminó además envuelta en denuncias por designaciones irregulares a familiares y militantes libertarios.
Los jujeños siguen esperando el pronunciamiento de los libertarios de la provincia sobre estos delicados temas.
El diputado Manuel Quintar carga con denuncias por derivaciones de pacientes con discapacidad a su clínica privada, por el tema PAMI y por conflictos en la obra social Osprera, que siguen sin respuesta clara.
La intervención judicial en ese sistema no fue un invento partidario: fue producto de serias acusaciones de manejo dudoso de fondos.

También aparecen los cuestionamientos contra otros referentes locales, cuyas causas y denuncias se olvidan convenientemente cuando se sacan la foto del “control republicano”. Por ejemplo, está el caso de la senadora evangelista Vilma Bedia, que montó una pyme familiar en el Senado con hijo, sobrinos y otros parientes, apenas asumió en diciembre de 2023.

El expresidente de la bancada libertaria en la cámara alta, Ezequiel Atauche, no se queda atrás. Tiene un historial cuasi mafioso que tomó relevancia nacional cuando llegó a la televisión abierta de alcance nacional el año pasado en un informe difundido por el programa Telenueve Investiga.
El senador habría ofrecido 300 mil dólares para provocarle un accidente a su exmujer y armar una causa contra su abogado, plantando drogas y armas.
También hay que recordar su actuación en el proyecto de ley que se cayó, como Ficha Limpia, una votación manchada por la sospecha. La denuncia contra Atauche emerge en un contexto turbulento para el oficialismo, tras el inesperado rechazo de esa ley por parte de los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Arce. Ambos legisladores habían votado a favor de todas las iniciativas del gobierno de Javier Milei, pero dieron un giro sorpresivo en este caso.
Varios sectores apuntan a Atauche como el enlace entre Casa Rosada y los senadores de Misiones, especulando con un pacto encubierto con el exgobernador Carlos Rovira. Aseguran que Atauche estaba al tanto y que por eso se había encontrado días antes de la votación con Santiago Caputo.

Protagonista en las elecciones
Esta combinación de memoria selectiva y purismo a medida tiene un efecto corrosivo: dificulta creer en sus discursos.
Porque oposición responsable no es gritar “cárcel” en las redes, sino proponer soluciones posibles para que Jujuy no siga cayendo. Y, en ese punto, la respuesta ha sido un silencio demasiado estruendoso.
No hay proyectos serios para la provincia. No hay plan para el litio, para el tabaco, para las pymes ni para los estatales que sostienen el sistema.
No hay una sola hoja de ruta para mejorar la vida de la gente.

La Legislatura necesita voces que defiendan al pueblo jujeño, no un hashtag. Por eso la pregunta es inevitable: ¿Van a defender a los jujeños que no llegan a fin de mes, o se van a alinear con el ajuste que se ordena desde Buenos Aires?
El purismo ético es importante. El control también. Pero si no hay proyecto para la provincia ni empatía por quienes ya no pueden sostenerse, entonces lo suyo no es oposición: es espectáculo. Y Jujuy no está para pan y circo.
Pasando en limpio
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