Por Raúl Choquevilca – Periodista indígena. Demonizar los derechos laborales como «palos en la rueda», es una barrabasada como lo hace el actual gobierno nacional de ultraderecha, fiel esclavo y aliado del gran poder económico, «los gringos de adentro y de afuera», quienes habitualmente subyugan a la nación, como lo definió magistralmente un radical yrigoyenista, el chaqueño Luis León.
Siguiendo el precepto de Joseph Goebbels, ex canciller Nazi, «repite cien veces una mentira y se transformará en verdad»: los derechos laborales y sociales son cargas o gastos que impiden acumular riqueza o capital para seguir produciendo.
Este apotegma no deja de ser una falacia ya que conlleva el infinito afán de lucro de ciertos emprendedores apátridas que solo se observa en la Argentina.
En San Pablo, Brasil, la capital del empresariado, por ejemplo, aquellos manifiestan identidad nacional y actúan con afinidad en consecuencia. Pareciera que el hecho de haber entregado recursos a los más pobres fue el peor crimen cometido.
No fue tan improductivo ciertamente durante los gobiernos de Perón y los Kirchner. En la práctica resultó ser la verdadera materialización de la solidaridad y acto de humanismo.
Cuanta más riqueza repartida se tradujo en aumento del consumo y se disparó de sobremanera la demanda, por lo que se potenció la industria y la producción nacional.
Pero estas políticas «nacionalistas», «proteccionistas», paradójicas del estilo Trump, no son de ahora, por lo que es necesario bucear en el mar del pasado para entender mejor la realidad.

‘Desocupados’, de Ricardo Carpani.
Durante el segundo mandato de Hipólito Yrigoyen (1928-30), se estableció la ley 11.544 que fijó la jornada laboral de 48 horas semanales, con una jornada de descanso hebdomadario (1 cada seis días). Inédito en Argentina y gran parte del mundo. Por primera vez se empezó a trabajar sólo 8 horas diarias.
Por otro lado, Yrigoyen promovió un fuerte incremento salarial para fortalecer los ingresos de la clase trabajadora, desde siempre en situación de vulnerabilidad económica. Por estos logros Yrigoyen pasó a ser considerado «el padre de los pobres».
La llegada de Juan Domingo Perón al poder (1946-55), el estadista, dos años antes, siendo ministro de Trabajo, ya había ampliado los derechos laborales. Durante su gobierno realmente profundizó las reformas a tal punto que los humanizó con mucha fuerza con la mano y voluntad mágica de Eva Perón.
Esto significó mayor distribución de la riqueza en la Argentina. La «Justicia Social» se hizo realidad y quedó plasmada en la historia nacional con la implementación de «vacaciones pagas», «aguinaldo o sobresueldo», implementación de las «obras sociales», para resguardar la salud del trabajador dependiente, promovió la creación de más sindicatos, aumentó gradualmente los salarios, promulgó leyes favorables para garantizar y brindar seguridad laboral al obrero-trabajador, como el Estatuto del peón rural, a fin de erradicar las condiciones de trabajo esclavo en los extensos campos agro-ganaderos, etc.

‘Desocupados’. Ricardo Carpani.
Un proyecto que no fue, pero que pudo haber sido de una gran avanzada y tremendo dolor de cabeza para la patronal de aquel momento y los de ahora, el proyecto de participación en ganancias de empresas de Perón en 1946 . Perón impulsó un proyecto de ley que establecía la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, con el objetivo de mejorar la distribución.
Este proyecto refleja la visión de Perón de promover la justicia social y mejorar la distribución del ingreso en Argentina.
Esto no fue ley ya que pareciera que el mismo Perón entendió que hubiera significado «cruzar la raya» en su embate contra el poder económico.
Se dice que siempre prefirió la paz social.
Esta «revolución» del mundo laboral en Argentina, no puede prescindir del rol estelar y protagónico de Eva Duarte de Perón, la «abanderada de los humildes», quien con marcada osadía e ímpetu arremetió frontalmente contra el poder económico, el «establishment», las grandes corporaciones que desde siempre influyeron y determinaron el destino político en el país.
Esta élite social cargada de privilegios no vio de buen agrado el tremendo «despilfarro» de recursos económicos, que repartió a manos llenas «esa mujer…», la «vulgar», la «prostituta».
Lo que más irritó a la oligarquía argentina en aquel tiempo de «justicia social » y aún ahora mismo, es que el «pobre» , «los grasas», los «cabecitas negras», los «descamisados», además de las conquistas sociales , hayan tenido vivienda digna, derechos sociales y garantía laboral.

Por ende, con mejoras salariales los pobres se daban el gusto de viajar, que vayan a playas del mar con hoteles construidos por decisión de «Evita», como Chapadmalal y Embalse Río Tercero, Córdoba.
Para el colmo del patriarcado y machismo empresarial, por gestión directa de Evita, en 1949, la mujer adquirió derecho civil político. La mujer votó por primera vez en la Argentina.
Un ex funcionario de Macri (2015-19), Javier González Fraga, durante una entrevista replicó el pensamiento de sus antepasados oligarcas, «hay que ver qué tan pobres son los pobres «, o más explícito, sostuvo que el pobre, en el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, viajaba a Miami en avión, se compraba un plasma, un celular, un auto, se iba de vacaciones… para rematar: «el pobre está mal acostumbrado, no puede ser».
Hoy en día la lucha se debe entender como la defensa de todos los derechos sociales civiles y políticos adquiridos con mucha sangre y sacrificio.
Levantar las banderas de lucha de nuestros antepasados es rendir honor a su memoria y convicción.
«Hasta la victoria, siempre», bramó más de una vez el «che» Guevara.
Este mismo revolucionario manifestó su irritación e indignación cuando a su paso por Sudamérica vio la «explotación del hombre por el hombre». Esto está mal, siempre.

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